¿Qué pasó con los avestruces en Cuba?

 

La Batalla de los Avestruces no comenzó, como erróneamente se cree, en abril de 2019, cuando el inefable matador de gallos Guillermo García Frías la anunció en la Mesa Redonda de la Televisión Cubana. Hace ya seis largos años que el sueño de convertir a Cuba en una gran granja de avestruces, es decir, de llenarla con esas poderosas aves que cuando “huelen peligro” entierran la cabeza en la arena, apareció en el horizonte. Y aunque el vasito de leche de Raúl Castro le antecede ampliamente en cuanto a promesas robolucionarias incumplidas, no está de más recordar que con esto de los avestruces la esperanza alimentaria nacional vibró con insuperables ecos.

Según la prensa oficialista de esa época –2014 –, la “actividad ganadera” del avestruz alcanzaría “el pleno desarrollo en Cuba a partir de 2018”. Ahora, ya cómodamente instalados en 2020, nos preguntamos “el desarrollo dónde está”.

Como nos contaban hace seis años, supuestamente los avestruces iban a generar casi tanta carne como las vacas, y de mejor calidad, pues se trataba de carne avícola, blanca (eso de que es roja no me lo creo), casi pollo compañero, prácticamente pavo de Acción de Gracias. Avestruz por pescao. Claria ni de casualidad.

Si ya se sabe que la moringa a la postre no fue “fuente inagotable de carne, huevos y leche”, como asegurara el Comandante en Polvo en una de sus reflexiones poco antes de estirar la pata (cualquiera tiene un mal día, máxime si no cuenta con un editor suficientemente atento), ¿qué decir ahora del avestruz? Fuente inagotable de carne y de huevos (23 huevos de gallina = un huevo de avestruz), que no exactamente de leche, es cierto, ¿pero acaso no fue y es Cuba una isla llena de chivas? Dejémosle la leche a las chivas y los huevos a las aves. Y la carne por si acaso.

Recuérdese que la carne roja (la de avestruz, insisto, es blanca, sólo que con pespuntes rojos) es dañina para la salud. Si hasta la Universidad de Harvard ha informado que incrementa el riesgo de mortalidad en un 13%. Y si, como también estableciera en su momento el Comandante en Polvo, “la ciencia busca constantemente explicaciones de las leyes que rigen el universo”, también la robolución tiene derecho a buscar constantemente explicaciones de las leyes que rigen la calidad de vida de los cubanos. Aunque interminablemente las explicaciones nunca se encuentren. O se encuentren, pero nunca se expliquen.

Por aquellos días gloriosos de los avestruces, en 2014, el compañero José A. Buergo Rodríguez aseguraba en Rebelión que “la condición más importante entre muchas para lograr alcanzar desarrollo y sostenibilidad económica alimentaria en las condiciones actuales de nuestro país y el escenario internacional, es la disciplina”. ¡La disciplina! Y enseguida se preguntaba: “¿Somos los cubanos disciplinados en materia agropecuaria?”.

No podemos asegurarlo rotundamente pero, al menos, los cubanos sí han demostrado gran disciplina para cultivar misterio. No los llena el misterio, pero les sirve de entrante, a manera de ensalada. En cualquier caso, el de la “actividad ganadera” enfocada en los avestruces sigue con la cabeza metida en la arena. El misterio, quiero decir.