
La izquierda de México, agrupada sobre todo en el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), hoy en el poder, se ha varado en los decires políticos de las décadas de 1960 y 1970; su discurso es viejo, acedo, casi exactamente igual que aquellas arengas pro socialistas y pro comunistas de entonces; prédicas de barricada, alocuciones incendiarias semejantes a las de ciertos gobiernos de izquierda y movimiento sociales y políticos de la época dicha; todo esto, lejano del razonamiento, la oposición inteligente, el discurso inclusivo que ejercen la mayoría de los políticos y estadistas de hoy en día.
Los morenistas han creado un gran barullo por el retiro de las estatuas de Fidel Castro y de Ernesto Guevara que representaban a ambos sentados, en un parque de la colonia Tabacalera, de la Ciudad de México, por parte de la alcaldesa de esa demarcación.
Hasta ahora, los gobernantes de la izquierda mexicana no le han pedido al gobierno cubano que se modernice, que tome el camino que lo llevaría a establecer un mejor nivel de vida material —y por tanto espiritual— para su pueblo; como sí se lo han solicitado a aquel gobierno, por ejemplo, los regímenes comunistas de China y Vietnam, entre otros.
El gobierno cubano persiste en mantener una economía mayoritariamente estatal que, como se sabe, estalló en todo el campo socialista de Europa y Rusia entre1990 y 1991.
Es una pena que un país de la talla de México comience a declinar —incluido su avance en la economía— por caprichos de personajes de pensamiento petrificado.
Algo curioso resulta que la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, dedique una buena parte de las conferencias mañaneras que ofrece de lunes a viernes —con participantes de los medios escogidos o al menos autorizados o “ideales” o “bien vistos”—, a responder y comentar malentendidos, decires, banalidades, insulseces en fin que incluyen descalificaciones, siempre que sea posible, para sus “enemigos” políticos —que son todos aquellos y aquellas que no se hallen en su línea ideológica—; así, no resulta fácil escucharle una frase que en realidad corresponda a una estadista.
Algo que perjudica al gobierno de México y a su presidenta en particular, es la estancia en el poder legislativo de personas de actuar rijoso, pueril cuando no cerril, como los senadores Gerardo Fernández Noroña o Ricardo Monreal.
En cuanto al gobierno de Cuba —que no al pueblo—, ahí tenemos el apoyo que la presidenta de México le dedica tanto en el envío de petróleo —en los primeros tres meses del año ascendieron a 19 600 barriles, con un valor de 166 millones de dólares que esperemos que hayan sido cobrados— y otros haberes.
La señora presidenta de México, sin que le tiemble la voz, ha expresado algo más bien terrible: su ideología o la ideología del gobierno que representa está vinculada con los regímenes de Cuba y Venezuela. Dos gobiernos, en principio, fracasados en el orden económico.
Asimismo, el mundo entero sabe que el gobierno venezolano de hoy es el resultado de uno de los fraudes más impiadosos del que se tenga noticias. Y que el de Cuba tiene en la cárcel, que se sepa, a más de 1 200 presos políticos (en el caso de México, si aplicamos una proporción semejante a la de Cuba, serían 13 000), cuyos familiares y ellos mismos han documentado, fehacientemente, torturas físicas y psicológicas y otros abusos en prisión.
Se espera que el régimen existente en la isla de Cuba, más temprano que tarde se encamine hacia un estado de cosas favorable para la población, tanto en lo económico como en la libertad de expresión y otros aspectos propios de la democracia.
Los consejos para el gobierno cubano de parte de una izquierda responsable, serían que esto se lleve a cabo sin tardanza.
Es una verdadera lástima que el hermoso país azteca, mediante sus gobernantes de hoy, se encuentre en una situación que lo pudiera llevar a la pérdida no solo de la democracia, como ya está intentado MORENA al hacer que desaparezcan varios organismos autónomos que son por naturaleza replicantes del gobierno, sino, además, a la contaminación sin retorno de ciertos valores culturales y sociológicos —aparte del estancamiento o retroceso del nivel de vida de la población.
Y volviendo a las estatuas de marras, dos observaciones. Una: han afirmado algunos artistas de la plástica que ambas carecen de ciertos valores, como son la alusión genuina a la expresión facial básica de los personajes, así como a la sugerencia acertada de los físicos de los mismos. Y dos: tanto Fidel Castro como Ernesto Guevara se expresaron —más el primero— en contra del culto a la personalidad. ¿Entonces?
