
Toda antología supone una lectura retrospectiva, pero también una forma de reescritura. Al seleccionar unos poemas y abandonar otros, el autor recompone un itinerario, establece nuevas correspondencias y descubre al público una perspectiva distinta a la cronológica. Donde aún respira la luz (Neo Club Ediciones, 2026), del poeta, narrador y periodista Jorge Oliera Castillo, responde a esa voluntad de reunir un camino: el de veinte años de escritura, entre 2005 y 2025, condensados aquí a partir de ocho poemarios iniciales.
Sin embargo, el arco temporal que recorre este volumen no puede entenderse únicamente como sucesión. Hay una experiencia fundacional que atraviesa su poesía y determina su temperatura ética. Buena parte de estos versos nace entre dos formas de encierro. La primera concreta, física, consecuencia del cautiverio que el poeta sufrió durante dos años tras la Primavera Negra de 2003. La segunda, más extensa y persistente, pertenece a la experiencia cotidiana de una sociedad donde la libertad se administra en tanto concesión excepcional y la existencia termina adquiriendo, a menudo, la textura de una prisión invisible.
El propio autor ha reconocido que fue precisamente durante aquel primer cautiverio cuando la necesidad de escribir dejó de ser un impulso esporádico para convertirse en una fuerza irrenunciable. Aquella chispa inicial encontró el combustible necesario para transformarse en vocación definitiva.
Pero la experiencia biográfica constituye el punto de partida, nunca el de llegada. Lo que distingue la escritura de Jorge Olivera es su capacidad para transformar la vivencia en lenguaje, lo circunstancial en materia de resonancia universal. Cada poema parece surgir de un acontecimiento inmediato, de una conversación, de una pérdida o de un hallazgo cotidiano; no obstante, tras esa impresión de naturalidad hay un paciente trabajo de depuración. La metáfora se construye con audacia sin renunciar a la claridad; los contrastes iluminan zonas inesperadas de la realidad; la emoción nunca desborda la arquitectura del poema, sino que encuentra en ella su medida.
Esa tensión entre elaboración y espontaneidad constituye uno de los rasgos más singulares de la poesía de Olivera Castillo. Los versos avanzan con una fluidez coloquial que invita al lector. Pero esa aparente sencillez esconde un complejo entramado de recursos, matices y desplazamientos de sentido. Cada palabra parece ocupar el único lugar posible. Cada silencio participa también del significado.
La selección reunida en Donde aún respira la luz permite apreciar la amplitud temática de una imaginación que nunca ha dejado de explorar registros. Aquí conviven el amor y la supervivencia, el humor y la desolación, la contemplación y la denuncia. Los poemas recuperan sensaciones que el encierro parecía haber confiscado para devolverlas transformadas por la conciencia. Allí donde la realidad impone límites, la palabra abre espacios respirables; donde la experiencia fragmenta, el poema reconstruye una forma de permanencia.
La contención reflexiva es otra de las virtudes de este libro. Incluso cuando aborda el dolor o la violencia, evita el énfasis y desconfía del gesto grandilocuente. Prefiere la sugerencia a la proclama. Convierte la intimidad en un lugar de reconocimiento compartido. Recurre, elegante, a la ironía.
Aunque profundamente arraigada en la experiencia cubana y reconocible en sus hábitos, en su respiración habanera y en sus heridas históricas, esta es una poesía abierta al mundo. Los grandes asuntos humanos recorren sus imágenes sin perder nunca el acento de quien escribe desde un lugar concreto y una vida irrepetible. En esa doble condición —cosmopolita e íntimamente cubana, universal y al mismo tiempo inseparable de La Habana— reside buena parte de su fuerza.
Tal vez por eso el título del libro resulta tan elocuente. Cuando todo parece conspirar contra la esperanza, permanece un lugar donde la luz sigue respirando. Estos poemas nacen precisamente de esa obstinación: la de nombrar la belleza, la libertad y el amor allí donde parecía imposible encontrarlos.