
Fragmento de Tania, novela corta de próxima aparición
CAPÍTULO 1
Tania me contestó que vivía en la colonia Olivar del Conde. Colindante con la mía, la Molino de Rosas.
Le dije que nunca había tenido una novia con su nombre; es el nombre de mujer más sonoro; y quizá el más hermoso de todos. Ella me replicó que, según lo que había escuchado por ahí, las personas como yo tenían esas “ideas”. Yo le había confiado que escribía versos y novelas.
Esta primera conversación fue en la estación Zapata del metro. Ella estaba de última en la fila del microbús cuando yo me sumé.
Cuando subimos quedaban dos asientos, pero distantes uno del otro. Una señora barruntó que andábamos juntos, nos hizo una seña y se cambió para uno de los libres, junto a otra persona. Dijo la señora: “Hay que favorecer al amor”.
Dijimos “gracias” al unísono.
CAPÍTULO 2
El microbús atraviesa la colonia Molino de Rosas, por la calle Rosa de Castilla y se mete en la Olivar de Conde después de cruzar la avenida Alta Tensión.
Le propuse acompañarla y sonrió. Ampliamente.
Dijo, sin dejar de mirarme a los ojos, que cómo estaba eso de que yo hablara de novia refiriéndome a ella, si nos habíamos conocido hacía unos minutos. Respondí: “Tienes razón, discúlpame”. Sonrió de nuevo mientras decía “No hay problema”. Mantenía la cara vuelta hacia mí, lo que me obligaba digamos a volver la mía hacia la de ella.
Tomando la subida donde termina Rosa de Castilla, entró un retazo de frío por la ventanilla. Ella pareció no sentirlo. Yo sí. Un hálito de frío suele causarme un toque de tristeza.
Vivía dos cuadras más allá de Alta Tensión. Nos bajamos en las cuatro esquinas y tomamos a la derecha. Hasta la medianía de cuadra.
Cuando nos movíamos en el microbús hacia la puerta, ya iba lleno y la libré de rozamientos, sobre todo con los hombres. Le pedí que me disculpara por los agarres que le aplicara. Sonrió y dijo “No hay problema”.
Estuve como indeciso al bajamos y caminar la media cuadra. Ella debió notarlo: “Te noto algo destanteado”, dijo sin dejar de sonreír. La misma sonrisa. Arrasadora quizá por lo candorosa. En el idioma nacional “Destantear” significa “Despistar, desorientar, confundirse”.
