
Café Europa, en el centro de la ciudad, me hace recordar a algunos de igual razón con este nombre en Cuba, está un cantante con guitarra que al parecer le pega a todas las bolas, por eso la escala, vayamos aunque sea un instante, dijo ella, es una muestra de la penetración de Europa en estas tierras, de la pleitesía ante Europa, pienso, ¿cuántos lugares semejantes por acá se llaman Europa?, muchos, ¿cuántos así habrá en Europa que se nombren América?, cuando vuelva averiguo, deben de saberlo esos escritores conocidos míos, de total confianza del gobierno, que sí viajan mucho, está nutrido y el camarero nos hace unas señas de que ya viene y ella le hace una seña al cantante de que si puede venir, apenas hay mujeres, parece sitio más bien de hombres, pedimos dos cervezas, de mi marca, el té sin azúcar para ella y trae el camarero el pedido como si lo telegrafiara, si el asunto es con Cuba, dice el cantante, ahora verán una canción que me aprendí hace más de treinta años con un cubano que pasó por aquí, entonces debe ser bastante viejo, pienso, pero no lo parece de primera vista, afina, rasguea, sitiera mía dime qué has hecho de nuestro dulce hogar, esa era la cosa, dondequiera le pulverizan a uno los huevitos, se eleva cantándola, a veces pierde notas, se va de tono, pero está haciendo un esfuerzo casi superhumano por complacerla, complacerme, si trajera un diploma se lo entregaba como “reconocimiento al esfuerzo realizado, compañero”, como sucede en mi patria, se la echó bastante bien, me trasplantó por unos instantes al suelo, vi por unos instantes al jilguero alejándose, el algarrobo clamando por él, al jobo llorando, la sitiería de luto, Carmen le da las gracias
está clarita la luna de abril, despejado el cielo y el aire es límpido y prístino como en novela rosa y ya se precipita el rocío en esta casi fría noche de abril en San José, sus senos blancos dan la más justa sensación de lo inmaculado bajo la luna, ni el Papa soportaría sin arrebolarse semejante trance, parece el hada madrina bajada expresamente por pedido de este país, el árbol contra el que la recuesto tiene rajaduras rojinegras en la corteza: así de clara está la noche al menos en esta zona, la penetro con violencia, con violencia acaso animal, la misma con que le dije dobla, entra en ese callejón, detente, apaga las luces, desarrópate, abjura de todas tus costumbres que hacerlo de pie y al aire libre también es cuestión de buenas gentes, no de impíos ni de inmorales ni de rateros ni de delincuentes de ningún tipo, viejas costumbres coloniales la cama no más, no llores, este es el árbol tico que nunca olvidarás, aquí recuéstate y mira la luna y siente mi planeta recorriéndote, sondeándote para el no-olvido, yo te quiero y eso quiero que hagas, verás la resurrección de los cometas perdidos y la canonización del Abominable Hombre de las Nieves, todo eso verás en el cielo mientras en el revés de tus entrañas sientes el fuetazo brutal de las pasiones atormentadas, yérguete todo lo posible e inclínate adelante más de lo que habitualmente lo haces cuando estás de pie, que ese es precisamente el secreto para hacerlo bien de pie, no llores, déjame tantearte y fíjate bien que ahora no es lo importante que seas mía, ahora lo que quiero, lo que siento, es deseos de ser tuyo, de darme a ti de esta para ti indebida e inmoral manera, ni tu orgasmo quiero, solo el mío, sólo el mío para ti como si fuera a depositar mi mejor moneda en tu altar, ¿ves cómo son de capaces mis rodillas?, ¿ves qué genuflexión tan amplia y sostenida debo hacer?, ¿ves que soy quien más sufre haciéndolo así, tú tan pequeña?, ¿ves que quiero gozar sufriendo así, pero llevarme este recuerdo, dejarte este recuerdo?, entregarte esta eyaculación que te bañe los ovarios y el corazón, llora
Fragmento de «Serás comunista, pero te quiero» / 1989. En reedición para octubre-noviembre de 2026
