Ya en Amazon la noveleta Nada existe,de Rafael Almanza, poeta, narrador, ensayista, Premio Nacional de Literatura Independiente de Cuba ‘Gastón Baquero’. Este libro, como expresa el propio autor, es pieza central de la trilogía narrativa de igual nombre que comenzó con El octavo día, y cierra con el libro de cuentos Fívulas u peróvulas.
«Ser un escritor marginal, jóvenes, tiene sus ventajas», apuntó Almanza en Facebook. «Esta noveleta fue escrita en 2001 y ha añejado lo suficiente como para que me atreva a presentarla a los lectores. Es el libro número 14 de Ediciones Homagno, que trabaja desde la libertad absoluta porque funciona desde la pobreza sin mixtificaciones. Desde luego, nuestros libros son exquisitos. Entre y compruebe»:
Ante el bloqueo inhumano a que se han visto sometidas las existencias de huevo en polvo en Cuba, y frente a la artera desaparición quinquenal del té de moringa y el caracol gigante africano, el gobierno robolucionario ha decidido aumentar drásticamente los precios del huevo en su estado natural, convirtiendo el revés alimentario en victoria antiimperialista.
Así lo ha dado a conocer, desde La Habana, el Ministerio de Finanzas y Precios, para quien el aumento del precio de los huevos sin procesar “y de otros productos alimenticios como el pollo y la carne de cerdo deshuesada” responde a una estrategia de contra-acaparamiento que “el país” viene poniendo en práctica, “con indiscutible acierto”, desde el 1ro de enero de 1959.
Cabe recordar que, tras anunciar el producto con bombos y platillos, en noviembre de 2018 La Gaceta Oficial de Cuba había publicado la resolución No. 970/2017 del Ministerio de Finanzas y Precios, que fijaba la venta “por la libre” de la bolsa de un kilogramo de huevo en polvo. Enseguida, la bolsa no pudo encontrarse ni por la libreta y los precios se dispararon.
La bolsa o la vida
Pero en momentos en que el director de Epidemiología del Ministerio de Salud Pública de Cuba, Francisco Durán, ha recomendado a la población consumir “más huevos y pescados azules” frente al avance del coronavirus, la búsqueda de huevo en polvo se intensifica en las calles cubanas y regresa como prioridad discursiva a las mentes de la dirigencia castrista.
«El secreto para que las gallinas puedan poner un promedio de 300 huevos al año, como se logra en otras partes del mundo, está en la cría intensiva de avestruces», insistió el viernes el general Guillermo García Frías, exvicepresidente del Consejo de Estado y de Ministros para quien el “cultivo” de esta ave, de singulares proporciones, está a punto de rendir frutos en la mayor de las Antillas.
“El avestruz tiene más proteínas que todas las otras carnes y sus huevos son más grandes que todos los demás huevos”, argumentó García Frías este fin de semana, en comparecencia televisiva. “Y el avestruz sabe poner de su parte”.
“La gente está hecha polvo buscando el huevo en polvo”, se lamentó este lunes, a nuestra corresponsalía de Arroz con Mango, un cubano de a pie que prefirió no ser identificado. “Y a falta de huevos no hay ni limones”.
Rafael Díaz Balart en un mitin en Gibara, oriente de Cuba, en octubre de 1958
Esta selección de ensayos y artículos, centrados en el problema clave del racismo y el clasismo, gira alrededor de dos personalidades fundamentales en la historia de Cuba: Rafael Díaz-Balart y Gastón Baquero. El hecho de que se conmemorara el centenario del nacimiento de este último en el año 2014 sirvió como motivación adicional para dar a la imprenta la primera edición de este libro, que además de citas de los autores homenajeados contenía (contiene) reflexiones de Lincoln Díaz-Balart, César Jesús Menéndez, Juan F. Benemelis, Armando de Armas, Orlando Fondevila y este servidor. Esta segunda edición, con los ajustes que son del caso, sigue el hilo de la primera.
De cualquier manera, la intención no por obvia parece menos necesaria: Denunciar y situar en el centro del debate sociopolítico la cuestión medular del racismo y el clasismo, elementos que se cuentan entre los principales causantes del desastre sufrido por Cuba a partir de 1959, y que llega hasta nuestros días.
Desde este presupuesto, el libro está dividido en dos partes complementarias. En la primera, toma la palabra Rafael Díaz- Balart con fragmentos extraídos de su autobiografía Cuba: Intrahistoria. Una lucha sin tregua. En la segunda parte se rinde homenaje a Díaz-Balart y Gastón Baquero, a los que unió la amistad tanto en Cuba como en el exilio, a través de los textos de los autores arriba mencionados. En este sentido, cabe especificar que el ensayo de César Jesús Menéndez, fundamentalmente enfocado en la figura del célebre líder sindicalista azucarero Jesús Menéndez (su abuelo), ejemplifica a la perfección al político honesto, proactivo, al que en su momento aludiera Baquero en el prólogo Rafael Díaz-Balart o la vocación política.
Es preciso acotar que en un ámbito en el que el racismo y el clasismo permean a menudo las relaciones profesionales y sociales, como ha sido el caso cubano antes y después de 1959, Rafael Díaz-Balart destacó siempre por su comportamiento aguerridamente antirracista. Como me contara personalmente el ya fallecido poeta y editor Orlando Fondevila, el antirracismo no era en Rafael una pose, una manera de parecer políticamente correcto, sino un profundo sentimiento, una actitud vital. Delante de él no era posible hacer esos chistes discriminatorios al uso, tan comunes entre cubanos que incluso hasta algunos afrocubanos los repiten ocasionalmente. No solo no se reía con ellos, sino que los cortaba de cuajo.
Gastón Baquero y Rafael Díaz-Balart. Sobre racismo y clasismo en Cubaconstituye un libro imprescindible para las nuevas generaciones de cubanos que han crecido en una Isla donde impera la censura más feroz y abarcadora, o incluso lejos de ella. Esta selección apunta al corazón del problema cubano, latente bajo el camuflaje con que la retórica y la desinformación totalitarias, más los prejuicios heredados del sistema de castas de la metrópoli española, han pretendido ocultarlo o relativizarlo. Es preciso reconocer las causas del problema, debatirlas en alta voz, para darle solución al problema, y eso lo tenían muy claro los dos grandes hombres que homenajea este libro.
En momentos en que las protestas por el asesinato del ciudadano estadounidense de la raza negra George Floyd se suceden en varios países, el performer y activista cultural Luis Manuel Otero Alcántara, desde la plataforma del Museo de la Disidencia Cubana, en La Habana, pide «Un minuto sin oxígeno por Floyd» el próximo lunes 8 de junio, a las 3:00 p.m., en Facebook y otras redes sociales:
Convocatoria
“Innumerables han sido las expresiones de solidaridad en contra del asesinato de George Floyd. En busca de una justicia social que le es negada a la población afrodescendiente, y no solo a la que reside en los Estados Unidos, las protestas pacíficas, unidas a la desobediencia civil, se suceden con gran fuerza en estos días.
“Ante la imposibilidad de manifestarse en el espacio público por el confinamiento impuesto por el #COVID19, el artista Luis Manuel Otero Alcántara, desde la plataforma del Museo de la Disidencia, #MDC, convoca a una acción colectiva en apoyo a todos los movimientos antirracistas.
“El próximo lunes 8 de junio, a las 3:00 p.m. (Hora Cuba), te convocamos a un minuto de silencio reteniendo tu respiración. Sube a las redes sociales un video documentando la acción acompañado de los hashtags:
Los poetas Manuel Sosa y L. Santiago Méndez Alpízar durante un recital en Delio Photo Studio
El poeta L. Santiago Méndez Alpízar, autor, entre otros, del poemario Bagazo (poemas iberos), responde las cuatro preguntas esenciales de nuestra página, una manera práctica de profundizar, con el creador, en su obra y sus experiencias:
Cuéntenos sobre sus inicios en la literatura. ¿Qué le impulsó a escribir y cuáles fueron sus primeros textos?
No tengo recuerdos tan exactos , sin embargo siento que siempre estuve ligado a la literatura, especialmente a la poesía. Hubo un tiempo en que me interesó mucho el teatro. Creo que todavía le doy aspectos dramáticos, teatrales a los poemas que escribo, y en la narrativa, igual. Los primeros textos fueron pronto. Luego vino fugazmente aquel disparate de los Talleres Literarios. Supongo que por ahí comencé a definir e interesarme de otro modo en la creación literaria.
Defina o mencione brevemente, por favor, aquello que los lectores descubrirán, o conocerán, a través de sus libros.
Supongo que cualquiera que lea lo que voy publicando, que tampoco es tanto, hallará esquirlas de mi vida. Las torpezas, amarguras y pérdidas que conforman mi breve obra, con su buen puñado de certezas y esperanzas, además.
Mencione tres autores o libros que considere fundamentales o que la hayan inspirado o influido durante su trayectoria creativa.
Esto es complicado, una pregunta excluyente por naturaleza, y exclusivamente selectiva. Cuando muchacho me recuerdo leyendo a Alejandro Dumas, Emilio Salgari, Mijail Sholojov. Ya ahí hay tres autores que seguramente me completaron en lo que soy.
Pero igual de muy joven me recuerdo leyendo a Ruben Darío, Oscar Wilde, Eliseo Diego. Tres escritores que ya son seis, y nos queda espacio para Cesar Vallejo, Virgilio Piñera, Lezama Lima.
Definitivamente no tengo tres libros pero, para no quedar mal del todo, te diré que cuando leí los Cuentos fríos, no pude hacer otra cosa que volver a leerlo dos veces más, tres en total, seguidas.
Luego vino la fascinación por la poesía de Ginsberg, su aullido me provocó y dio nuevas posibilidades para los poemas. Cuando descubrí -en Cuba estaba censurado- la antología, Libertad bajo palabra, de Octavio Paz, por el ya distante 91, 92, del siglo pasado, y ahora volvemos a tener tres más, fue otro alumbrón.
No te mencioné a Julián del Casal ni a los versos de Pepe, sus diarios, periodismo, ni tampoco a Frank Kafka, ni a Bulgakov ni a Guillermo Rosales, Ernesto Hemingway…
Todo lo dicho cabe igualmente en mi fascinación, asombro por la selvática obra de Octavio Armand: la vez que leí, tuve en mis manos, Piel menos mía, vislumbré un momento único de nuestra poesía, casi oculto o escondido, dentro y distante de eso que llaman tradición, nuestro canon.
A partir de las nuevas teorías cuánticas según las cuales la esencia del universo no es la materia ni la energía, sino la información, ¿estamos a punto de descubrir que la vida es literatura?
Nos hemos complicado en demasía, el patriotismo sigue siendo una plaga, se ha sobrecalentado el planeta y las vidas de los que lo habitamos. Verdaderamente es infinita la estupidez humana, que decía el sabio. La literatura es mucho más seria que la vida, no podrían ser lo mismo. No comprendo mucho de teoría cuántica, pero posiblemente estemos sobredesinformados . Repletos de falsa información.
Vamos que, en cuanto se pueda, pido visado para uno de nuestros universos paralelos.
L. Santiago Méndez Alpízar, escritor, editor, librero, promotor cultural cubano nacionalizado español. Ha publicado los volúmenes de poesía ‘Plaza de Armas’ (1995), ‘Rockasón con Virgilio Piñera’ (1996), ‘¿Entonces, qué?’ (2008), ‘Bagazo: poemas iberos’ (2010), ‘Primer conteo’ (2016), ‘Punto Negro’ (2016), y los ensayos críticos de ‘Perversión del lenguaje, marginalia e historia’ (2016). Artículos y colaboraciones suyas pueden encontrarse en diferentes medios de distintos países. Edita y coordina la Colección Atocha de Literatura Hispanoamericana. http://www.eforyatocha.com/
«El soplo del demonionos cuenta sobre las vidas tempestuosas y aceleradas de jóvenes cubanos en su búsqueda de respeto e identidad. Al hacerlo, nos abre las puertas y ventanas a una Habana secreta. Ya no la gloriosa ciudad revolucionaria y orgullosa reproducida hasta la saciedad por el oficialismo, sino La Habana sucia y peligrosa, de pistola en mano, drogas y sida. Sería un libro oscuro, desconsolador y azorante, de no estar tan bien escrito.
«Una lectura obligada para aquellos que quieren entender qué hay detrás del paraíso tropical y revolucionario de una de las ciudades más complejas en nuestra América». Juan Martínez D’Aubuisson.
Tercero de una serie en cinco partes sobre las atrocidades sufridas por quienes fueron enviados a las UMAP. Estos avatares resultaron basamentos fundamentales de la novela del propio autor, Un ciervo herido
Antes de cerrar las puertas, soldados en pequeños grupos corrieron hacia atrás y hacia delante —se cruzaban unos y otros— a unos cuatro metros de distancia de los vagones, anunciándolo; y llegaron otros para advertir a los reclutados que tenían que “guardar disciplina” y que ellos, los soldados, estarían al tanto desde sus sitios en otros vagones.
Varios de los hombres aconsejaban en alta voz que era necesario cerrar los ojos y, al abrirlos, ya la oscuridad sería menos. Pero nunca fue ostensiblemente menos mientras los vagones estuvieron cerrados. Y no lo estuvieron solo cuando, al acercarse a algún pueblo, eran abiertos; desde fuera, por los soldados, se entiende.
La oscuridad era compacta y resultaba un agobio extra oír, perennemente, los quejidos en alta voz, a gritos, como si quienes los prodigaban intentaran ser escuchados, de todas todas, por encima del ruido del tren en movimiento. Solo entraban algunos hilos de luz por los laterales, arriba. Seguramente, ciertos vagones estaban destinados a transportar algo que contuviera químicos: no pocos de los hombres estornudaban sin parar, mientras otros se quejaban de que los estaban escupiendo.
Todos serían un amasijo de sudor; el calor dentro del vagón sería mucho más que en el exterior. Y eran un amasijo de conjunto: iban pegados unos contra otros, como podían, más el impedimento de los equipajes. En sendos extremos había un perol con agua de tomar. Pero llegar hasta allí, para los que viajaban en medio —los más—, resultaba el azar; tenían que andar a tientas, apoyarse en los cuerpos de los demás; caían, discutían, se golpeaban al bulto. Y finalmente, en muchos casos, se escuchaba el pesar: no traían con qué tomar; y era el azar mayor pedir prestado un vaso en la oscuridad. Hasta el final se escucharía, entre maldiciones, la queja de que algunos estaban valiéndose de las manos para tomar el agua.
El tren hizo la primera parada quizás dos horas después, en las afueras de una población: a los lejos se veían las cimas de las casas más altas. (Posteriormente, las paradas serían semejantes, siempre cerca de los sitios poblados, nunca justamente en ellos.) Abrieron las puertas y llegaron soldados repartiendo una lata de sardinas per cápita, exigieron que cada uno tomara su lata y se fuera hacia el extremo del vagón que indicaban, para que no hicieran trampas. “No vayan a coger de más”, aclaraban. Junto a cada puerta estaban soldados con fusiles en ristre. No había permiso para bajar, contestaban. ¿Y para orinar?, preguntaron varios. ¿Si no había permiso para bajar, cómo lo habría para orinar “aquí afuera”?, respondió uno, sobre todo ese uno. Lo real era que nadie podía saber cuántos hombres ya se habían orinado en el vagón; ni qué varios, además de los churres todos del camino, tenían orine en sus ropas y piel. Será difícil para los reclutados olvidar los portazos de las puertas corredizas al cerrarse: con estos iniciaban los largos tramos de ceguera impuesta, promiscuidad, golpes involuntarios entre sí y contra las paredes de tablas.
Pocos de los reclutados tenían abridores y así las latas de sardina eran estalladas contra las maderas o cualquier trozo de piso disponible; a tientas. Ni tenían cubiertos y las sardinas eran tomadas con los dedos, succionadas con las bocas, que luego expulsaban las pieles, aceites y huesecillos en la penumbra. Dentro del calor, que parecía desleír los cuerpos, los malos olores fueron aumentando en la medida en que el viaje continuaba; hedores a sardina, excremento, orina, sudores, sangre.
Para sobreponerse al ruido del tren en movimiento, en ocasiones era necesario gritar con mucha fuerza y a la vez contar con una voz igual de aguda. Por lo general las voces formaban un murmullo alto —valga la paradoja— que llegaría a producir un letargo colectivo. Sin embargo, aquella se superpuso al ruido ambiente y a las demás: “¡No resisto más! ¡Quiero ver, quiero ver!”, gritaba o más bien chillaba aderezando la frase con palabras malsonantes. Era la voz de un hombre flaco, encorvado, con su pelo cepillado castaño claro, de ojos grandes y la piel de la cara muy pegada a los huesos; estaba sin camisa y las costillas se le podían contar con la mirada. Esta descripción solo fue posible cuando, en una de las paradas del tren, el hombre continuó con los mismos gritos luego que los soldados abrieron la puerta del vagón. Y gritando se lanzó contra los guardias, para caer de bruces contra la tierra. Y siguió gritando, aullando, chillando “¡quiero ver!”, a la vez que se quejaba de los dolores cuando se lo llevaban.
El escritor y periodista independiente Yoe Suárez responde las cuatro preguntas esenciales de nuestra página, una manera práctica de profundizar, con el creador, en su obra y sus experiencias:
Puente a la Vista (PV): Cuéntenos sobre sus inicios en la literatura. ¿Qué le impulsó a escribir y cuáles fueron sus primeros textos?
La memoria y el orden. Esos son los signos que me llevaron a escribir, especialmente a mi interés por el libro. Primero me cautivó el libro como objeto. Sus formas, el olor de las páginas nuevas. Te hablo de cuando era apenas un niño. Luego la propia lectura, por supuesto.
La carrera de Periodismo la elegí pensando en qué buen cuadro proponía: te «enseñaban» a escribir para que, una vez graduado, te pagaran por ello. Las deformaciones de ese sueño se empiezan a sentir desde la propia universidad. Te «enseñan» a escribir para que seas vocero, no de lo que elijas, sino de la feliz cautividad que debe parecer Cuba.
Y después el orden y la memoria. El libro, la escritura, pueden salvar del olvido, como el álbum salva una secuencia de momentos que están en nuestras cabezas, que pudieran esconderse bajo una película de olvido con el fluir de los días, pero que una colección de fotos frágil y eficazmente desempolva. Temo mucho a la pérdida de la memoria, que se olvide yo por donde pasé y que olvide este país por donde está pasando.
PV: Defina o mencione brevemente, por favor, aquello que los lectores descubrirán, o conocerán, a través de sus libros.
La generación de escritores que hizo-sufrió-abjuró la revolución y su arrepentimiento, su testarudez, sus consecuencias.
Algunos senderos secretos de Cuba y la gente, los paisajes, los mitos en esos senderos.
La Habana del Sida, las armas (de un revólver a un cinto con candado), la reunión de los malhechores, la conversión.
PV: Mencione tres autores o libros que considere fundamentales o que le hayan inspirado o influido durante su trayectoria creativa.
Lacrónica, Martín Caparrós. Emaús, Alessandro Baricco. Al este del Edén, John Steinbeck
PV: ¿A partir de las nuevas teorías cuánticas según las cuales la esencia del universo no es la materia ni la energía, sino la información, estamos a punto de descubrir que la vida es literatura?
La materia de la literatura es casi siempre la vida. La del otro, la propia, la imaginada.
Yoe Suárez (La Habana, 1990). Ha publicado, entre otros, los libros de no ficción ‘La otra isla’ (Finalista Beca Michael Jacobs, 2016), ‘Charles en el mosaico’ (Mención Premio Casa de las Américas, 2018), ‘El soplo del demonio. Violencia y pandillerismo en La Habana’ (Boca de Lobo Editores) y ‘Espectros’ (2016), primera antología de periodismo narrativo cubano. Premio de Reportaje de la Editorial Hypermedia en 2017 y 2018. Documentalista. Fue corresponsal en Cuba del canal estadounidense CBN (2014-2017). Cuentos suyos han sido llevados al cine dentro y fuera de Cuba.
Tras la entrevista de Mauricio Mendoza Al pan, pan y al vino, vino, con Rodolfo Rensoli, que ha generado interesantes intercambios en las redes, Puente a la Vista inicia una serie interactiva sobre este género urbano. Una manera de contribuir, modestamente, al conocimiento de la historia de la música contestataria en la Cuba de la censura y la manipulación ideológica:
“Si bien ya en la actualidad se ha escrito algo del rap cubano y hay hasta libros publicados que intentan hablar sobre este fenómeno sociocultural, todavía falta mucho por revelar, yo diría que casi todo, y las mayores revelaciones a mi forma de ver han venido desde los ensayos de periodistas independientes que no les ha temblado la mano a la hora de publicar los temas calientes, donde demuestran el papel censor de las instituciones culturales del gobierno cubano”. Mauricio Mendoza en Facebook
“Quizás sea oportuno recordar que el hip hop cubano no ha estado ausente de polémicas con el gobierno. La posición crítica de la música urbana en la isla incluso ha provocado que se creen instituciones reguladoras de contenido, como la Agencia Cubana de Rap. También se han cometido acciones de burda censura, como el secuestro del Festival de Rap, desconociendo a su organizador, Rodolfo Rensoli”. Ignacio Palomo en Árbol invertido
“Creo que para que el hip hop cubano avance hay dos caminos. Uno es independizarse totalmente de todas las instituciones gubernamentales que controlan lo asociado al rap y a la cultura en el país. Coger caminos como los que están tomando muchos proyectos que tienen que ver con otras cosas como, por ejemplo, la estética del cabello, que ha tomado un rumbo donde camina por sí sola. El rap cubano necesita independizarse y abrirse a la ayuda de otros gremios e instituciones no gubernamentales. Entonces la segunda vía es creértela, trabajar y no seguirle tanto el juego al gobierno, que nos ha censurado los dos festivales más importantes de la historia del hip hop cubano, el Festival de Alamar y Puños Arriba”. Osvaldo Navarro (Navy Pro) entrevistado por Mauricio Mendoza
En esos días de mayo, en medio de la Pandemia China, hurgaba en los estantes de mis libreros. Era un viaje exploratorio, sin buscar nada específico, solo repasando títulos, recordando lecturas, rememorando portadas, releyendo dedicatorias. Pero de repente me di cuenta que regresar a los libros es realmente adentrarse en un profundo viaje a la soledad, traspasar la puerta que conduce a la verdadera nostalgia.
Entre los libros que encontré estaban los del poeta David Lago González, fallecido en Madrid, España, el 18 de octubre del 2011. Pero, ¡por Dios!, el día de mi búsqueda se estaba conmemorando un aniversario del nacimiento de Lago, ocurrida el 21 de mayo de 1950, en Camagüey, Cuba. David Lago hubiera cumplido 70 años.
David Lago en su juventud. (Cortesía El País)
Hallé sus libros de poesía Los hilos del tapiz (1994) y La resaca del absurdo (1998), ambos publicados por la editorial Betania de Felipe Lázaro, en Madrid. Quizás el mayor redescubrimiento fueron ocho títulos de las Ediciones Timbalito, una serie de libros artesanales que Lago confeccionaba e imprimía en pequeñas tiradas numeradas.
Para echar adelante las Ediciones Timbalito había que realmente hacer un tremendo esfuerzo, pues todavía el proceso editorial no se había abaratado como lo está hoy en día y, además, en la España de esos años sacar fotocopias era bastante costoso. Son libros en general poco agraciados, que por su diseño y maniobrabilidad parecen libretas de notas, pero le permitieron a Lago publicar su literatura, ya que a través del proceso con editoriales establecidas le resultaba muy costoso. Gracias a su empeño su obra literaria es más extensa. En una nota sobre su proyecto destacó: “Ediciones Timbalito no es una editorial, sino una manifestación anárquica en contra del mercantilismo de las editoriales españolas”. Luego hurga en las definiciones sobre la palabra timbalito, para finalmente dejar constancia que también escogió el nombre por un barrio marginal que se levantó en Camagüey en los años 70.
En realidad no se sabe cuántos libros se publicaron bajo el sello Ediciones Timbalito. Tampoco en qué orden fueron saliendo. Uno de los títulos, Manual de convalecencia, aparecido en 1999, está dedicado a Agustina González Facundo (1910-1995), su madre, y cubre los cuatro años que la señora estuvo enferma. Además, incluye otros poemas y prosas de distintas etapas, incluso algunos escritos en Cuba.
En el mismo año 1999 publica La fascinación de lo difícil, un poemario cuyo título toma del poeta irlandés William Butler Yeats. Los textos en este libro se caracterizan por versos largos, a veces poemas en prosa y muy descriptivos. Todos los poemas están fechados entre enero y febrero de 1996, lo que indica una intensa actividad creativa en esos meses. Uno de los poemas termina con una intensidad aplastante: “Tiembla otra vez, torso desnudo, ante el recuerdo”.
El ejemplar de ese libro que poseo es el número 7 y en la dedicatoria escribió: “Para José Abreu y Luis de la Paz. ¡Al carajo los editores depredadores a los que hay que pagar por crear! Me lo hago yo solo, en acto de rebeldía. Un abrazo, amigos. David”. Luego agregó: “To be continue”.
David Lago, que decidió quedarse a vivir en España, sentía una gran fascinación por el inglés. Creo que lo dominaba, pero prefirió hacer de España su exilio y su tumba. Ese vínculo con la lengua inglesa se aprecia en la cantidad de notas, citas y referencias en inglés que emplea de manera recurrente. El libro Jazz Session (living standards, poems for the ancient Young angry man), publicado en el 2000, hace guiños en los títulos de los poemas a la música, al cine y la literatura. En In my solitude, en alusión a la canción de Billie Holiday, el poeta expresa: “La soledad es una pared llena de fetiches, de ídolos fracasados, de gente hermosa y palabras proféticas. La soledad es el traspaso del tiempo al espacio con palabras invisibles. Son también recuerdos”.
Su libro Lobos (transformaciones), del año 2000, es el más breve de todos. Tiene apenas 11 poemas, por demás cortos. Lago cuenta que los poemas que integran el libro fueron requisados por la Seguridad del Estado cuando allanaron la casa de Carlos Victoria en Camagüey, en 1977. Durante 51 días Carlos estuvo incomunicado por la policía en la sede de la Seguridad del Estado. En la pesquisa los interrogadores querían saber quién era el autor de esos poemas. David Lago alega que “Carlos Victoria, en prueba de amistad difícilmente inigualable, se adjudicó la autoría del libro en todo momento”.
En Tributo, como bien lo señala el título, Lago busca rendir homenaje a una época y a las figuras que giraron alrededor de ella. A las lecturas, a los amigos, al cine y la música. Un volumen donde se retrata la vida rota de muchos cubanos y las vivencias compartidas por toda una misma generación.
En Timbalito se publicó también Paseo de vida y muerte entre la tragedia y la pachanga (2000), un libro conmemorativo por los 20 años del éxodo del Mariel. El libro incluye textos de Lago y varias entrevistas a protagonistas de los sucesos de la Embajada del Perú en La Habana, y el posterior éxodo desde el puerto del Mariel hacia Estados Unidos.
Hasta ahora solo se han mencionado los libros de David Lago, pero Ediciones Timbalito publicó también a otros escritores. Del poeta Antonio Desquirón Oliva (1946-2014), dio a conocer Cuadernos de año y medio (1999) y El lado humeante (2000). Desquirón, amigo de David Lago y Carlos Victoria en los difíciles años setenta en Cuba, logró publicar sus libros gracias a Lago. Otro poeta, Raúl Ibarra Parladé (1938), vio su libro Foxtrot, aparecido originalmente en 1990, en Cuba, reeditado en España bajo el sello de su amigo David Lago.
David Lago González, hombre muy introvertido y de escasas palabras, se volcó a la literatura como su asidero más firme. Durante su andar sufrió los estragos de un régimen totalitario. Luego la experiencia del exilio no le fue tampoco del todo grata, pero vivió y murió como lo que era, un escritor.