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Directo al actual dueño de Palacio

Jorge Enrique Rodríguez (Facebook)

El tirano es la única especie humana que teme a la poesía; y los poetas que se subordinan a su manquedad pertenecen a esa bancada que solo pueden ser nombrada de una manera: cobardes.

Miguel Díaz-Canel Bermúdez, quizá menos tirano pero más mediocre que sus antecesores [los Castro Ruz], teme, como nunca antes en la historiografía cubana, a la poesía y al arte.

El Instituto Internacional de Artivismo «Hannah Arendt» [INSTAR], el Movimiento San Isidro [MSI] y el Movimiento 27N han vivido bajo un asedio que financia el Partido Comunista y que ejecutan los diversos elementos de la Policía Política [Seguridad del Estado].

Un hostigamiento que incluye la violencia de Estado en todos sus aspectos: asesinato de reputación, privación de libertad, secuestros, restricciones de movimiento, difamación, homofobia, racismo, destierros, sicariato, amenazas de muerte, inducción al suicidio.

Esa exrevolución, actualmente bajo el mandato de Díaz-Canel, ya no es temible. Terrible quizás, porque es dueña absoluta de cada propiedad, institución y recursos del país. Pero ya no temible.

Así lo demuestran las acciones que diariamente ejecuta la Seguridad del Estado contra artistas y escritores independientes que han asumido posiciones contrarias a la política cultural [y por ende, a las políticas de Gobierno]. Así lo demuestra la posición de resistencia y perseverancia de esos mismos artistas y escritores ante la represión estructural que domina en la isla.

Es desde la cobardía y la mediocridad que Díaz-Canel ejerce su tiranía.

No existe ninguna otra manera de catalogar a una persona de pensamiento tan fronterizo que logra confundir a un poeta con un agente de la CIA, a un artista con un terrorista, y al ansia de todo un pueblo con mercenarismo.

Mediocridad y cobardía que incluso le han conllevado a amenazar las voces [diáspora/exilio] que le increpan desde lejos.

No es un primer secretario del Partido Comunista; no es un presidente; no es un diplomático. Nada de eso, en absoluto. Díaz-Canel es simplemente un tirano incapaz de percibir que criminaliza con la misma velocidad de su salto al vacío; es decir, un criminal en su caída.

Criminal, sí. Cuál otra definición merece quien, desde un poder absoluto, asesina a la verdad [y a sus portadores] y entroniza la miseria como lógica de supervivencia.

Silenciar lo que me palpita dentro no es una opción. No al menos para mí.

Pero ojo, Díaz-Canel, mi posición no va de heroísmos ni martirologios al pie de calvario alguno.

No. Solamente soy ese poeta que ya no teme. Que ya no se subordina al susto y al sobresalto. Que ya duerme con las consecuencias en ristre. Que está en pie y que a diario e incesantemente le recordará su tiranía, su cobardía, su mediocridad.

Nadie puede engañarse a sí mismo; ni siquiera usted, embestido de todos esos poderes y espejismos.

La diferencia entre usted y yo es simple [e insalvable]: a usted lo sostienen el engaño y el poder; a mí me sostienen la verdad, la libertad y el corazón como únicas posesiones.

Sé bien, señor Miguel Díaz-Canel Bermúdez, que no importa cuántos años de vida y poder a usted le queden: nunca podrá decir lo mismo de sí mismo.

Porque quien porta y se rige desde la verdad no la traiciona, no la encarcela, no la asesina.

Sírvase usted, buen provecho… y ahora, si le sirve, pulse el gatillo.


De la serie #JugadasApretadas


Procesado en el paraíso o el arte de novelar sin tópicos

Félix Luis Viera, Ismael Sambra y José Hugo Fernández en el XI Festival Vista de Miami

Convertir la escritura política en un arte fue la mayor aspiración de George Orwell, según confiesa en un ensayo de 1946. Pero es obvio que se refería a sus propios textos, no a la escritura política en general, pues ésta ya había sido convertida en arte desde siglos atrás. Cervantes lo hizo a través de varias obras, incluida El Quijote, sobre la cual se dice que es la primera novela política de la historia, por más que si nos ponemos impertinentes, no nos costaría un gran esfuerzo encontrar otras anteriores. La Celestina, por ejemplo (escrita unos cien años antes que El Quijote), ingresa frescamente en la materia, toda vez que refleja la conflictiva correspondencia entre los intereses de la gente común y los obstáculos que les imponen las dominantes estructuras sociopolíticas del entorno.

El arte de novelar, en tanto se afinca en el rastreo y la recreación de los abismos humanos, hizo suyas desde siempre las vicisitudes de la política. No es que todas las novelas sean políticas (según pretenden algunos aspaventosos), pero ya que, como prefiguración natural del género, todas se orientan hacia los enigmas de nuestra existencia, llevan lo político en la base, como hidrógeno en el agua.

Que este componente medular fuese menos percibido o menos atendido en la novelística de tiempos pasados, no significa que estuviera menos presente, sino que tanto los entusiastas como los detractores de lo que llaman “novela política” no habían llevado aún al colmo ese prejuicio que estigmatiza a muchas piezas de ficción con subrayado énfasis en lo político-social, conduciendo a mirarlas por encima del hombro como panfletarias y defectuosas. Resulta impensable que los lectores de épocas precedentes (ni los de hoy) dieran validez a ese prejuicio ante Los miserables, de Víctor Hugo, o ante El Proceso, de Kafka, entre tantísimas obras célebres que nunca fueron leídas como políticas porque alcanzaron su auge en circunstancias en que lo político, al tiempo de ser convertido en arte, era disuelto entre otros contenidos mediante una labor de magistral orfebrería literaria.

Luego, esa labor iba a ceder terreno torpemente, agrediendo las esencias de la novela como género proteico, para favorecer el sobrepeso político y aun panfletario mediante pobres corrientes formales que serían publicitadas como naturalismo, realismo socialista o denuncia social entre otros purgantes difíciles de tragar. Y es lo que debe haber ayudado a que los lectores metieran indiscriminadamente en el tacho de los desperdicios todo lo que oliese a “novela política”, fueran o no panfletos.

La literatura cubana ha sido fecunda en malas “novelas políticas”, pero también cuenta con algunas buenas y hasta muy buenas. Sin embargo, parece que la mayoría de nuestros lectores tienden a subestimar por igual las buenas y las malas, incluso a priori, sin leerlas, tal vez porque el prejuicio les lleva a concluir que ya tienen de sobra con los temas políticos que pululan en los medios de información y de comunicación social, así que prefieren apelar a la novela en busca del disfrute estético o el entretenimiento o la desconexión de una realidad politizada y politiquera hasta el moño.

Felizmente, la lectura de algunos de nuestros más importantes narradores de los últimos tiempos, digamos Cabrera Infante o Reinaldo Arenas, no ha sido en rigor afectada por ese prejuicio. Ellos también demostraron su talento a la hora de aplicar la mencionada orfebrería literaria, quizás no tanto para diluir lo político como para presentarlo como lo que es, un asunto más, tan legítimo y dúctil para ser novelado como otro cualquiera, aunque –eso sí- llevando siempre por delante el rigor artístico.

El apostolado político, la teoría filosófica o social, el discurso de tipo ontológico sólo encajan orgánicamente en la ficción cuando no rechinan dentro del resto de los contenidos, lo que es decir cuando se funden en un todo armonioso con la forma. El único compromiso de un escritor es escribir lo mejor posible, no se cansó de repetir en vida Cabrera Infante, y debe ser por eso que varias piezas suyas (junto a las de Arenas) alcanzaron la cumbre de la literatura hispanoamericana sin que necesitasen ser promocionadas como obras de denuncia, y menos bajo el rótulo de “novela política”.

De izquierda a derecha, los escritores Armando Añel, Amir Valle (editor de la novela) e Ismael Sambra.

Por suerte, ha ocurrido, además, que al imponer su impronta, esas pocas pero buenas “novelas políticas” del patio nos traspasaron la tendencia como legado. Debe ser la razón por la que en medio del aturdimiento y el descarrío que aquejan hoy a la novela, y a la narrativa en general, no hayan dejado de transitar por nuestro panorama editorial nuevas obras de ficción que, no obstante su hondura política, desbordan denominaciones reductoras y únicamente se atienen al arte de novelar sin tópicos ni etiquetas, devolviendo al relato la desaprensiva transparencia que tuvo en otras épocas.

Es el caso de Procesado en el paraíso, novela de Ismael Sambra, recién publicada por Ilíada Ediciones, en su colección Caribdis. Sin transgredir las leyes específicas de la ficción, Sambra ha enhebrado un argumento de sólida contundencia política. Esto, unido a que el novelista es además personaje protagónico dentro de la trama, puede propiciar que se le califique como novela testimonio o novela denuncia o historia novelada sobre hechos reales. Ninguna de tales denominaciones falta tentativamente a la verdad, pero creo que ninguna es exacta, puesto que se trata, ante todo, de una lograda novela (sin apellidos) y justo en ello radican su atractivo y su mérito mayor.

En esencia, la obra es un gran fresco que abarca más de medio siglo de la historia de Cuba, o sea, desde los inicios de la revolución fidelista hasta el presente de la dictadura totalitaria en la que devino muy pronto. Sambra se abre paso a través de ese contexto para recrear la saga de una humilde familia del oriente del país, acudiendo a técnicas que aportan un pertinente matiz clásico al relato.

Sin embrollos estructurales, sin pavoneos de estilo, ni aparatosas acrobacias sobre el tiempo-espacio, sino con prosa firme y con un lenguaje ameno, diáfano, conmovedor en toda línea, Procesado en el paraíso nos adentra en las andanzas del poeta Ismael, mostrando de trasluz el drama (más las enriquecedoras experiencias que genera) de su discurrir por escenarios y acontecimientos que van a marcarlo para siempre: desde las secuelas que dejó en su inconsciente haber sido testigo, en la niñez, de cambios tan radicales en la sociedad, hasta el momento en que, gracias a cuasi milagrosas gestiones internacionales, consigue librarse de una larga condena en la cárcel…

Sabemos, mediante declaraciones públicas del autor, que tales andanzas conforman un corpus ficcional que está inspirado tanto en su propia biografía como en las de algunos familiares y amigos. Aunque es algo que tal vez colegirían sin dificultad los nacidos o crecidos en Cuba durante los últimos decenios. Incluso no dudo que muchos pudieran verse representados en las vivencias de los personajes, sea porque, al igual que éstos, sufrieron la pérdida (poco a poco o de un tirón) de su inocencia política, o de sus simpatías por el líder tan falso como cautivador; o porque padecieron traumas igualmente demoledores, primero, por las dudas; luego, por la incertidumbre y las desilusiones, así como por el cuadro de horror al que les condujo asumir con honradez el desengaño.

En fin, creo que no está de más insistir en que nos encontramos ante una obra que por su madurez formal y la riqueza de su trama, sobrepasa limpiamente los límites de las “novelas políticas” al uso. Así que de igual modo que no sería justo circunscribir su alcance con tópicos reductores, tampoco me parece atinado recomendar su lectura concentrando las expectativas sólo en las lecciones extra-artísticas que pueda brindar. Si es que acaso la buena literatura sirve verdaderamente para dar lecciones.  


Cristiana Chamorro de Lacayo

Daniel Ortega se quedó helado. A fin de cuentas, quería que le dijeran la verdad. No deseaba que lo engañaran, como en 1990, cuando estaba absolutamente seguro de que ganaba las elecciones y así se lo hizo saber a Fidel Castro. El viejo dictador cubano no era partidario de que se “jugara” el poder en unas elecciones libres. Se encolerizó cuando Ortega le explicó que, por imposición de Gorbachov, que no estaba dispuesto a continuar financiando la guerra civil nica, iba a seguir la senda venezolana de Hugo Chávez. 

A Ortega le llevaron una encuesta muy bien hecha. Eran 1,200 entrevistas que reflejaban la realidad política del país. De acuerdo con los números mostrados, Cristiana Chamorro, si las elecciones hubieran ocurrido la penúltima semana de mayo, habría sacado el 59% de los votos. Daniel Ortega, el presunto contendiente, apenas el 41%. ¡Qué familia para oponerse a sus proyectos de controlar permanentemente a los nicaragüenses!

Por supuesto, Ortega se dotaría de una coartada para tratar de impedirle aspirar a Cristiana. La hizo acusar de “blanqueo de capitales” y de haber recibido dinero de la corrupción para sustentar su campaña. Pero todo fue inútil. Nadie lo ha creído. Era el pájaro tirándole a la escopeta. Todavía existía entre los nicas el recuerdo de lo efectivo que fue el gobierno de Violeta Chamorro y Antonio “Toño” Lacayo en borrar las huellas del sandinismo. Liquidó de un plumazo la hiperinflación que carcomía el sistema productivo. Devolvió algunas propiedades y el país comenzó a crecer y despegar de nuevo. Mantuvo la paz y con el impulso inicial fue capaz de transmitirle la autoridad a otros dos gobiernos liberales. Si no hubo un tercero fue producto de la división de los liberales (el mal político nicaragüense) entre José Rizo y Eduardo Montealegre. Toño Lacayo fue marido de Cristiana, hasta su muerte prematura (2015), como consecuencia de un accidente de aviación. Era perfectamente lógico que los nicas miraran a Cristiana como la salvación para quitarse de encima el salvajismo de Daniel Ortega, que ya contabilizaba a más de 300 opositores muertos.  

El 92% de los nicas se disponían a votar en la encuesta que tenía Ortega sobre su mesa. Un porcentaje mayor del que votó en 1990. De acuerdo con la historia de las votaciones, en el momento de sufragar el número de los que acudían a las urnas se reducía en torno al 85%. En todo caso, son muchos y Cristiana estaba algo mejor posicionada que Doña Violeta. Su madre había sacado el 55% de los votos. Ella, repito, el 59 en la encuesta de marras. Pero votar contra el Frente Sandinista era muy diferente y mucho más arriesgado. 

Daniel Ortega es visto como un traidor no sólo por sus adversarios, sino también por los sandinistas. Dánae Vilchez, una colaboradora desde Managua del Washington Post, quien se ocupa de examinar la violación de los Derechos Humanos en este país, titula uno de sus artículos “Daniel Ortega, traidor de la revolución sandinista”. El propio Edén Pastora, el mítico Comandante Cero que dirigió la operación que sacó de la cárcel a Ortega, y quien murió recientemente de Covid en Managua respaldando al gobierno, pasó por Madrid en los años ochenta del siglo pasado, invitado por un programa de televisión que dirigía Mercedes Milá. Dijo horrores de Ortega frente a las cámaras.

Pero no se trata sólo del inestable Pastora. El excelente novelista Sergio Ramírez, vicepresidente de Nicaragua durante la década del primer gobierno sandinista, Jaime Wheelock, Henry Ruiz y Dora Téllez entre otros muchos, comenzando con el general Humberto Ortega, hermano del dictador nica, han roto abiertamente con el matrimonio Ortega-Murillo. Dora Téllez ha llegado a comparar a Ortega con Somoza, diciendo que no es infrecuente que quienes combaten a los tiranos acaben pareciéndose a ellos. 

Daniel Ortega, es verdad, mataba y mata mucho más que Somoza. Pero hace más de 30 años Ortega creía que tenía la razón y se comportaba como un joven revolucionario idealista que construía el socialismo. Ya no construye nada. El socialismo desapareció de la faz de la tierra y de sus objetivos personales. O mejor aún: construye su fortuna para su disfrute y el de su familia. Es algo así como el Somoza bis. Un viejo calvo y enfermo, como casi todos los que pasan de los 75 años, que se protege obsesivamente de los atentados que seguramente planea un Rigoberto López Pérez revivido. (RLP fue el poeta que en 1956 intercambió su vida por la del fundador de la dinastía de los Somoza). 

Al fin y al cabo, el poeta mártir no era miembro del “Frente Sandinista”,  que ni siquiera existía, sino del “Partido Liberal Independiente” (PLI) que en el 90, cuando la primera debacle electoral de Ortega, dirigía Virgilio Godoy, el vicepresidente de Violeta Chamorro. Lo dicho: ¡Qué familia para oponerse a sus proyectos de controlar permanentemente a los nicaragüenses!


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Declaración de Lecturas en Tiempo (LET)

El pasado viernes 4 de junio, aproximadamente sobre las 5:25 p.m., el servicio de datos móviles me fue suspendido.

Interrupción que, sin dudas de índole alguna, tuvo como objetivo único atentar contra la realización de este espacio online que se transmite todos los viernes, desde las 6:00 p.m. hora de Cuba, bajo el auspicio del Instituto Internacional de Artivismo «Hannah Arendt» [INSTAR].

En esta ocasión, nuestro invitado era el joven escritor y poeta Noel Alonso Ginoris.

No es la primera ocasión en que las autoridades del régimen cubano atentan contra este espacio artístico-literario. Anteriormente, tres ediciones de LET habían sido saboteadas: la de Rafael Vilches; la de Tony Armenteros y la de Katherine Bisquet Rodríguez.

Curiosamente, este nuevo sabotaje a LET ocurrió un día después de que la sede de INSTAR fuese asediada por una veintena de ciudadanos, con la única intención de cometer un acto de repudio violento contra Tania Bruguera, quien a su vez es víctima de una campaña de difamación desde el espacio gubernamental Hacemos Cuba, que conduce el difamador y agente de la Seguridad del Estado Humberto D. López Suárez.

Reitero que la invitación a Noel Alonso Ginoris se retoma para el próximo viernes 11 de junio, en el habitual horario de LET.

Sépase que ningún acto de repudio, o linchamiento de reputación, u hostigamiento, me hará retroceder ni amedrentar un solo milímetro: ni en mi trabajo como reportero de Diario de Cuba [DDC]; ni en mi columna literaria en Puente a la Vista; ni como anfitrión en LET; ni en mi condición de opositor político.

Así que el cierre de esta declaración va directo a usted, señor Miguel Díaz-Canel:

No tengo, absolutamente, ningún temor a defender mi posición sin importar las consecuencias: tanto si implica mi privación de libertad como si conduce a la privación de mi vida.

Le insto a que me crea seriamente, porque seriamente se lo estoy diciendo mirando recto a los ojos. Puede usted proceder a confirmarlo si así lo desea y cuando estime conveniente.

Sírvase usted.


Ignacio Giménez, capturado en Miami Beach

La noticia de que el connotado influencer cubano Ignacio Giménez fue capturado en Miami Beach colapsó las redes sociales este sábado, mientras cientos de periodistas y ciudadanos en general se daban a la tarea de rastrear la veracidad de la información.

Ahora, según diversas versiones, Ignacio se encuentra detenido en el Departamento de Investigaciones de Bebidas Coercitivas de esta playa miamense. Detenido tras escapar de Cuba con el secreto de la maltinga, una bebida que desarrollaran en la Universidad de Matanzas varios cientos de estudiantes y profesores entregados a la ardua tarea de inventar algo que salvara a la “Revolución”. De ahí que al influencer, de origen cubano pero dueño de un acentuado acento español, le fuera imposible realizar la directa del viernes pasado con la que pretendía liberar a Cuba.

Pero, ¿qué es la maltinga? Según declaraciones atribuidas al propio Ignacio, se trata de una “bebida energética” elaborada a base de afrecho, un subproducto de la industria cervecera cubana, arroz malteado germinado, azúcar y moringa.

La maltinga nació en la planta piloto del departamento de Química e Ingeniería Química de la referida Universidad de Matanzas, donde los estudiantes hacían cerveza durante sus prácticas de la asignatura Bioquímica, de manera que no hay que ser muy imaginativo para percatarse de que fue empinando el codo que a alguien se le encendió el bombillo de esta nueva batalla alimentaria. Aunque no a Ignacio Giménez, por supuesto, cuyo hurto de la fórmula no lo acredita necesariamente como su inventor.

Por otra parte, al parecer, también pudo saberse a través de Ignacio que el Yutyrannus huali, una especie de gigantesco pollo habitante del Cretácico inferior, podría ser clonado por científicos chinos y cubanos, en lo que ya algunos analistas consideran la solución definitiva para la permanente crisis alimentaria que padece Cuba.

«No pudieron crear la vaca enana con la que Fidel resolvería el vasito de leche diario que anunciara Raúl, pero están a punto de crear el pollo infinito», habría revelado Ignacio a las autoridades de la playa. «Muy preocupante porque en breve podría haber pollo para todo el mundo en Cuba, por la libre y por la libreta».

«Naciones como Cuba y Corea del Norte resolverán sin mayores sobresaltos sus cíclicas hambrunas con el Yutyrannus huali, un dinosaurio emplumado de unos 9 metros de largo y más de 1.300 kg de peso», habría declarado Giménez. Una consideración que ya ambos regímenes llevarían a vías de hecho, y que ha precipitado la huida de Ignacio de Cuba tras haber permanecido clandestinamente en la Isla los últimos dos meses, ultimando los detalles del derrumbe del campo socialista.


La mano

La mano camina de costado, hacia atrás, siempre con sus dedos finos y saltones. Es una mano huesuda y arácnida, misteriosa y enrarecida bellamente por el tiempo. Mano que pronostica el futuro, que se llena de callos en las fábricas de los Acreditados y muchas veces se transforma en un puño rabioso. Mano que va y regresa al mismo lugar, que recorre las paredes y los muebles, que registra las gavetas, que abre cerraduras y ventanas buscando tesoros escondidos. Mano que ahora tamborilea sobre el lecho de un Acreditado, silenciosamente inquieta, porque ve una mosca que se posa sobre el cuerpo de la mujer, y entonces se mortifica y con la rapidez de un resorte escala la almohada para quedar al acecho, calculando la situación del insecto; y comienza a acercarse con sigilo, articulando sus movimientos, pero al disponerse a saltar oye el suspiro y la respiración acompasada del cuerpo, y la mano, con un movimiento brusco, se repliega.

Así, otras moscas vuelan libremente por la habitación y en un santiamén se detienen en la región de los Senos Erectos. En buena medida la mano da brinquitos y se excita por la ira que le producen esos dípteros. Sin embargo, es testaruda y hace que sus falanges corran a encaramarse de nuevo sobre la almohada. La palma, ahuecada y rígida, salta en el mismo instante que los insectos desaparecen y la mujer siente el golpetazo y se mueve y cambia de posición… De hecho, la mano ha quedado prendida de un seno para no resbalar y lentamente afloja su tensión, se hace flácida, calurosa. Ahora es una mano ardiente que se desliza por el tórax y soba el abdomen, se tiende plana, sin peso, con las coyunturas estiradas y la sangre corriendo por las falangetas. De esa forma, los dedos acarician las curvas de la cintura. Entonces el cuerpo se vira entreabriendo los muslos y, en unos segundos, la mano, convertida en un equipo de dátiles ágiles, merodea por la región de los Glúteos Insólitos. Y el Índice señala el camino por el cual los demás dedos comienzan a resbalar despacio hasta entrar en un sendero maravillosamente cálido. Enseguida, los muslos forman un escorzo propicio y el dedo privilegiado y autosuficiente del Hacedor penetra en la región del Buen Infierno, donde pasa a ser el Embolo Sagrado. Con movimientos acertados, profesionalmente compaginados, el dedo-émbolo va extrayendo el licor de la vulva. Y el cuerpo de la mujer (que puede ser el de alguien llamado Marja o de otras mujeres de cuerpos y nombres tan sugerentes como Charlize, Nicole, Mónica o la mismísima Cleopatra) se estremece, desprendiendo suspiros y susurros, y con respiración intensa y palabras incoherentes viene el jadeo, y los espasmos y los ruegos de placer, y en el instante infinito (porque esa es la imagen que con mayor fuerza se graba en la memoria), cuando el cuerpo se arquea entregando la sustancia vital, la mano del Hacedor se paraliza, queda expectante, y tan sólo dos segundos le bastan para comprender que está casi atrapada, porque ahora en la puerta de la habitación golpea el Acreditado, porque los ojos de la muchacha se han abierto y se incorporan en el lecho y la miran con un rostro engañado —pero que se sabe cómplice—, comprimido entre el terror y la ira, porque el Acreditado impertinente forcejea ya con la cerradura que cruje…

Y la mano salta de entre los muslos, con su humedad viscosa. Y tiene la certeza del momento fatal, cuando oye el grito de la mujer y la puerta que cede… Y la mano se precipita, corre al igual que una araña asustada, trepa por la ventana y se pierde en la oscuridad de la noche, entre las callejuelas de La Habana, como un cangrejo despavorido.


La mano pertenece al libro de relatos La noche del Gran Godo


Intercambio cultural con los Estados Unidos y represión para los artistas cubanos

Mientras el régimen de La Habana se empeña en mantener la represión como único medio para tratar con los artistas independientes cubanos, la plataforma oficialista Cubadebate, con todo el cinismo que la caracteriza, en un artículo publicado el 31 de mayo pasado, pide que se restablezcan los canales de intercambio cultural con los Estados Unidos.

Según rememora Cubadebate, durante los años anteriores a la administración Trump, «y muy a pesar de las medidas coercitivas unilaterales de Estados Unidos contra Cuba», artistas e intelectuales cubanos habían viajado al país norteño y la mayor parte de esos cubanos «que fueron a espacios estadounidenses lo hicieron literalmente por amor al arte, ante la imposibilidad de cobrar honorarios por sus presentaciones».

Añade el medio oficialista que la situación se fue deteriorando hasta el estado en que se encuentra hoy, debido a que en el gobierno de Donald Trump se tomaron medida, una tras otra, «para afectar las relaciones bilaterales, limitar los intercambios entre ciudadanos comunes y establecer una matriz de opinión negativa contra la Isla». Pero omite, como no puede ser de otra manera tratándose del castrismo, hablar sobre la escalada represiva que se estaba llevando a cabo en la isla contra los artistas independiente en tiempos del intercambio cultural, algo que dura hasta el día de hoy, y no parece que vaya a desaparecer, porque estos artistas han establecido un frente de lucha, y no ya solo contra la llamada política cultural del régimen a la que en 2018 adjuntó el Decreto Ley 349, sino contra todo lo que vaya en contra de la dignidad humana en la isla.

En su texto Cubadebate rememora una serie de eventos que formaron parte del intercambio cultural, y alega que a pesar de que las condiciones políticas bajo el mandato de Donald Trump ya no eran propicias para seguir, «los creadores y las instituciones estadounidenses continuaron acompañando las acciones de acercamiento bilateral», como intentado legitimar su tesis y al mismo tiempo mantener ante los ojos de los partidarios del castrismo el papel de víctima que éste interpreta cuando se trata de las relaciones con el Gobierno de los Estados Unidos, aunque hay que recordar que no fue hasta 2019 que la Casa Blanca prohibió que el gobierno federal financiara actividades de intercambio cultural con funcionarios y entidades estatales de Cuba.

Por otro lado, sostiene que en Cuba no hay tal represión y todo se trata de una especie de conspiración muy mediática financiada por «el aparato de fabricación de disidentes de la USAID y la NED», el cual, en otro intento de desestabilizar el orden interno de la isla, «entregó dinero a individuos sin ninguna obra cultural reconocida en Cuba o en el exterior para que posaran como víctimas y ciertos medios de prensa que tienen deudas con el Departamento de Estado y otras agencias redondearon la campaña magnificando ‘movimientos’ de personas aisladas y de otros que fueron víctimas de la confusión».

La única realidad detrás de esto es que régimen posee el monopolio de la actividad cultural, y prescinde de todo creador que manifieste públicamente su inconformidad con el sistema, a lo que hay que sumar una larga lista de artistas y escritores censurados, perseguidos, encarcelados y con prohibiciones de salida del país. Aunque hay que destacar que eso no es suficiente para evitar que los creadores independientes, contestatarios, continúen haciendo su obra y gocen de reconocimiento tanto dentro de la isla como en el exterior; posiblemente el ejemplo más visible de esto es el de Luis Manuel Otero Alcántara, artista visual que ha sabido llevar su creación a la par del activismo y en función de éste, razón por la cual en los últimos años ha sufrido la represión del régimen como nadie.

Por último, cabe añadir que este artículo de Cubadebate no es otra cosa que el reflejo de la necesidad que tiene el castrismo de que la Casa Blanca revierta la política heredada de Trump. Restablecer el intercambio cultural no sería otra cosa que el primer paso hacia el añorado acercamiento, el cual por estos días tanto funcionarios como medios de comunicación y propaganda han estado reclamando.


Artistas convocan #SOSCUBA en Washington DC

El próximo sábado 5 de junio, líderes del exilio cubano, medios de comunicación independientes, artivistas y en general cubanos residentes en Estados Unidos protagonizarán una jornada de protestas que culminará frente a la embajada de la dictadura castrista en Washington DC.

3:00 p.m. Meridian Hill Park

16th St NW & W St NW

Washington DC. 20009

7:00 p.m. Embajada cubana

2630 16th St. NW

Washington DC. 20009

Varias acciones artísticas marcarán el evento por la liberación de los presos políticos y la libertad de Cuba:

Luis Manuel Otero Alcántara en la calle

Tras permanecer un mes secuestrado en el hospital Calixto García, de La Habana, el artista independiente Luis Manuel Otero Alcántara fue finalmente liberado este lunes. En la nota informativa de la «Dirección del Hospital Universitario” pudo leerse lo siguiente:

«Como se ha informado anteriormente, desde el pasado domingo 2 de mayo, el ciudadano cubano Luis Manuel Otero Alcántara se encuentra ingresado en el Hospital Universitario General Calixto García con un diagnóstico de inanición voluntaria referida. Durante la estadía hospitalaria su evolución ha sido favorable, con parámetros clínicos y de laboratorio que ya se encuentran todos dentro de rangos normales (…) Por todo lo anterior, previa información al paciente, el equipo médico ha decidido darle el alta hospitalaria en el día de hoy».

Y en las redes sociales las reacciones no se hicieron esperar:

«Felices en casa esta tarde con la noticia de que Luis Manuel Otero Alcántara fue liberado desde el hospital Calixto García. Lo mantienen lejos de San Isidro por macabra estrategia, pero él está en San Isidro… cuando lo escuchamos hablar pudimos constatarlo. Su mensaje fue preciso». Emma Artiles

«Además de mi amiga Iliana Hernández, este 31 de mayo estamos sitiados por el G2 Abu Duyanah Tamayo, Osmani Pardo Guerra y yo. No quieren que nos encontremos con Luis Manuel Otero Alcántara». Oscar Casanella

«Soltaron a Luis pero lo mantienen lejos de San Isidro. El mismo día mandaron a Maykel (Osorbo) para Pinar del Río. Y a Esteban Rodríguez lo mantienen en Valle Grande. No crean que no advertimos su estrategia macabra. Saneamiento barrial y castigos ejemplarizantes para aquellos que tienen arraigo en la gente. Todo con procesos amañados e injustos que vamos a seguir con organismos internacionales y con toda la visibilidad que lleva». Anamelys Ramos

«Que sí, que lo besé. Desde hace mucho quería hacerlo y hoy pude. Luis Manuel Otero Alcantara está libre, vivo, entre nosotros. Tanta luz no podía apagarse. No lo niego, lloré y mucho. Te quiero mi Luis Ma». Héctor Valdés Cocho

«Y ahora cómo le explicamos a los noruegos que en Cuba cuando sales del hospital es que te liberaron de la prisión, y cuándo sales de la cárcel es que te dieron de alta… no van a entender nada». Armando Tejuca


Moda y escultura, las ‘instalaciones vestibles’ de Celia Ledón

Durante seis meses, se han exhibido 18 piezas de gran formato de Manolo Valdés en los parques de Doral, ciudad del condado de Miami-Dade. El legado resulta así la mayor exposición al aire libre, hasta la fecha, de esculturas monumentales del artista español, que radica desde hace décadas en Nueva York, pero que también tiene una casa-estudio en Coral Gables, cerca de Doral.

La exposición cerrará el 3 de junio con Instalaciones vestibles, donde desfilarán modelos en una pasarela callejera luciendo piezas confeccionadas por la artista cubana Celia Ledón, por encargo del Museo de Arte Contemporáneo de Doral (DORCAM). El espectáculo, en el que participarán también músicos y bailarines, lejos de quedar en acontecimiento fortuito será el primer paso del evento bianual Moda, arte, diseño.

Instalaciones vestibles agrega un nuevo hito a la ya notable carrera de Celia Ledón, diseñadora de moda, directora de arte y consultora de vestuario cinematográfico, que ha trabajado en 13 largometrajes, entre los que destaca Yuli, de la cineasta española Iciar Bollain, sobre el célebre bailarín cubano Carlos Acosta.

Licenciada en diseño industrial, ha producido también dos colecciones para Clandestina, primera marca independiente de moda urbana en Cuba, y tiene además lista ya para producir una colección propia de ropa de calle. La revista Vanity Fair consideró a Celia Ledón, en 2018, una de las cinco diseñadoras de moda más inspiradoras de su país.

“En este proyecto, parto de una imagen mental, pero luego voy haciendo cambios”, nos dice Celia, ocupada en una de sus piezas en este amplio local de una céntrica zona de Doral, una de las ciudades más florecientes de Estados Unidos. Y añade: “A veces, algo que ocurre por error o por casualidad resulta mejor que lo que habías planeado”. Eso resulta comprensible porque se trata de una labor meticulosa, por momentos repetitiva, que requiere de largas horas y mucha paciencia.

La pieza sobre la que se afana ahora es un vestido que va realizando sobre un molde con la forma ya bien conocida del traje de una de las meninas de Velázquez, convertida en uno de los sellos visuales de Manolo Valdés, como se hace evidente en las esculturas monumentales de El legado.

Pero el material que utiliza aquí Celia Ledón es la simple cinta adhesiva transparente que sirve para embalar equipajes. “Me imaginé que funcionaría y ahora estoy probando”, dice la artista, aplicando una pistola de calor sobre la superficie de este inusual «vestido».

Y aquí está la esencia de la cuestión. Para decirlo en pocas palabras: estamos ante una diseñadora de moda cuya premisa es reciclar, reutilizar y «descontextualizar» objetos y materiales de la vida cotidiana. Para confeccionar sus obras, se vale de pajillas absorbentes, viejas cintas magnéticas, anillas de latas de bebidas, lonas de desecho y muchos otros elementos que se pueden encontrar lo mismo en un contenedor de desechos industriales que en un Home Depot.

Celia hizo su tesis de graduación en la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños, en La Habana, con una metodología del diseño de vestuario para audiovisuales. “Allí aprendí muchísimo”, recuerda, “porque los cortometrajes de los estudiantes, como tenían un carácter naturalmente didáctico, me obligaban a hacer de todo, desde el vestuario hasta la dirección de arte y el maquillaje”.

Aunque trabaja frecuentemente fuera de Cuba, la artista reside en La Habana, donde ya había realizado varias performances antes de participar, con un traje de cinco metros de altura, en un espectáculo en el que se presentaron artistas como Roberto Fabelo, Roberto Diago o Manuel Mendive, en el Centro Kennedy para las Artes Escénicas, de Washington D.C.

“La moda tiene que ver un poco con el sufrimiento, porque es un ciclo interminable”, dice, explicando su concepto de fashion victim. “Y está también la dicotomía del ser humano, que quiere ser único e irrepetible y a la vez quiere pertenecer a un grupo”.

El cine, el videoclip y el teatro, no obstante, han cobrado gran peso en su carrera. “De cierto modo, el cine te muestra un extracto de la realidad y la gente espera realismo y verosimilitud en una película, aun cuando se trate de una fantasía. En el teatro, en cambio, hay convenciones muy particulares, porque el espectador no necesita ver el vaso cuando un actor coge un vaso de agua. Eso me da la posibilidad de hacer cosas que no puedo hacer en otro lugar”.

Trabajar sobre distintos soportes y enfrentar los más variados retos creativos, resultan algo muy estimulante, no importa si se trata de un encargo o de un proyecto personal. “Al final, tus recursos para realizar una película, una publicidad o una obra de teatro son los mismos. Alguien te puede encargar algo y tú también te puedes proponer algo. Y estás en un mundo no solamente interdisciplinario, sino también transdiciplinario, por tienes que incursionar tú en disciplinas ajenas y otros tienen que incursionar en la tuya”.

Aunque pareciera que la laboriosidad, la imaginación, la habilidad manual y el instinto son suficientes para su faena, lo cierto es que Celia Ledón, como todo buen artista, se vale también de recursos que no resultan evidentes a primera vista, como la geometría fractal, las leyes de la Gestalt, el número de oro o la sucesión de Fibonacci. “Las proporciones son todo. Mi trabajo es un estudio de materiales y utilizo la repetición de motivos, pero el material será el protagonista del resultado. Por eso es que me gusta tejer, porque así puedo crear mi propio material”.

En cuanto a este proyecto específico, “la relación de mis piezas con la obra de Manolo Valdés es más bien casual y variable, no directa, ya que depende de los recursos, del simbolismo, de los materiales, de la «pregnancia visual», como en el caso de las meninas. Se trata de una relación muy sutil”.

Fusionando la moda y la escultura, Instalaciones vestibles cerrará la exposición El legado de Manolo Valdés y abrirá el evento Moda, arte, diseño, que se efectuará en Doral dos veces al año y que procurará mover las fronteras de estos campos, interrelacionando a diseñadores, artistas visuales y especialistas de moda y vestuario. “Todo lo que sirve para vestir se percibe como moda y todo lo que se autosustenta se percibe como escultura. De ahí que yo llame mis piezas «instalaciones vestibles». Pero es importante, además, que sea un espectáculo en todos los sentidos, con música, performances, bailes, y que la gente disfrute, para que ese tono marque los futuros eventos”.


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