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Biden y Putin

Primero se impone “la revelación” propia del periodismo norteamericano. Mi nieta Paola Ramos estuvo muy cerca de Joe Biden. Tiene y me ha transmitido una gran opinión del Presidente y de su esposa. No sólo como jefes, sino como personas. “Son, me dijo, una pareja decente y admirable”. Declinó, sin embargo, continuar trabajando con ellos. Prefirió los medios de comunicación, como sus padres Jorge Ramos y Gina Montaner (separados, pero en los mejores términos posibles).  Como su abuelo.

En todo caso, es importante conocer personalmente a los principales adversarios y aliados. Comencemos por los aliados de la OTAN, tan castigados como incomprendidos por Donald Trump. Cuando Biden ganó las elecciones, uno de los primeros mensajes de felicitación fue un tweet de Ana Hidalgo, alcaldesa de París nacida y criada en España, en el que le daba la bienvenida a un mundillo del cual Estados Unidos no se debía retirar voluntariamente. Es verdad que ese momento llegará algún día, pero todavía no es hora. Durante los cuatro años previos, la cabeza del mundo libre dejó de funcionar. Trump había suscrito la retórica antiglobalización de Steve Bannon, sin advertir cuánto daño le hacía a Estados Unidos alejarse de las líneas maestras que surgieron del fin de la Segunda Guerra Mundial.

Estimular la separación del Reino Unido de la Unión Europea fue un error. Pelear con Emmanuel Macron, Presidente de Francia, por el rol de su país en la Primera y Segunda Guerras mundiales,  y con Mette Frederiksen, Primer Ministro del Reino de Dinamarca, por no venderle Groenlandia, fue una colosal estupidez. Como lo fue, literalmente, empujar a Dusko Marcovic, Primer Ministro de Montenegro, por apresurarse a hacerse la foto con sus “colegas” de la OTAN, quienes sabían que el bully por excelencia los detestaba.  

Sigamos con los adversarios. ¿Sirvió para algo la reunión de Vladimir Putin y Joe Biden? Para poca cosa. Acaso para que Putin confirmara que Biden no es un anciano perdido en las tinieblas del Alzheimer, y para que Biden aceptara que Putin, además de ser un “asesino”, como le llamó hace pocas fechas, es un hombre inteligente y astuto. Dos “hallazgos” para los que no hacía falta viajar hasta Suiza. Los perfiles psicológicos que trazan los expertos de los servicios de inteligencia en este tipo de retrato robot seguramente lo afirman.

Fue curioso que Biden le entregara a Putin una lista de 16 campos en los que no podía haber “cyber ataques”. ¿Quería eso decir que cualquier terreno ajeno a esos blancos inatacables podían ser víctimas de los hackers cuasi oficiales rusos? ¿O sería para estudiar la reacción de Putin? Si aceptaba la lista y la respetaba era una prueba contundente de la complicidad entre el Kremlin y las bandas de maleantes, seguramente al servicio de Putin. Como la aceptó, el presidente Putin confirmó la casi segura convicción por parte de Estados Unidos: detrás de los ataques cibernéticos, es cierto, estaban los hackers, pero tras ellos, manejando los hilos, estaban los servicios rusos.

Realmente, me conmovió el respaldo dado por Biden a Alexai  Navalny. (En alguna medida fue similar a la solidaridad de George W. Bush con los disidentes cubanos). Llegó a decirle a Putin que podía esperar unas “consecuencias devastadoras” si Navalny es asesinado en la cárcel. No explicó por qué serían “devastadoras”, pero probablemente se trate de una respuesta colegiada, dentro de la OTAN, que incluya una ruptura de los lazos comerciales con Moscú, aunque difícilmente Alemania deje de adquirir el combustible que necesita para alimentar los hogares y las enormes instalaciones industriales. ¿Puede ser una represalia cibernética? En todo caso, los servicios rusos se estarán planteando lo mismo. A Ike Eisenhower le fue muy rentable blandir la espada y dejarla en alto durante los ocho años de su mandato sin aclarar nunca lo que se proponía hacer.

Me dejó intrigado cómo, en cuatro horas de conversación, no se tocó el tema de las andanzas de Moscú en el traspatio norteamericano, en Venezuela y en Cuba. Parece que los servicios de inteligencia gringos han dado con la pista que conduce a Rusia a propósito de las agresiones acústicas a diplomáticos y personas de la comunidad de inteligencia, tanto estadounidenses como canadienses. La fuente, por lo visto, es el entorno de Alejandro Castro Espín, la persona a la que su padre, Raúl Castro, entregó las relaciones con Estados Unidos durante el gobierno de Barack Obama. Cosas veredes, Mío Cid.


Mi vida junto a Margo

Ha hecho muy bien Claudio Ramos en contar su vida. Por una punta, es una gran historia de amor a Margo, su esposa, y por la otra es la versión cubana de una novela de Horatio Alger. Otra persona que demuestra que sigue siendo cierto el sueño americano y que en Estados Unidos es posible, mediante el trabajo honrado, el ahorro y la inversión juiciosa, abrirse paso hasta la riqueza y el reconocimiento social. La historia de un país se hace con las historias de la gente que lo compone.

Es la “intrahistoria” de que hablaba Unamuno. Este cubano ejemplar fue privado de todos sus bienes en Cuba y salió al exilio sin dinero, con su mujer y cuatro hijos. Salió por México y debió cruzar la frontera de un modo impresionante. En Estados Unidos recomenzó su vida. La dictadura comunista se lo había quitado todo menos las ganas de luchar por labrarse un destino. Lo consiguió. Mi vida junto a Margo es el testimonio de esa vida ejemplar.

Instituto Edison, un proyecto de vida contra viento y marea

Uno de los hechos de mayor decoro en la historia educacional de Cuba tuvo lugar en 1931, cuando la familia Rodríguez Gutiérrez se atrevió a fundar una institución escolar que, con el nombre del inventor estadounidense Thomas Alba Edison, llegó a poner bien en alto la enseñanza académica hasta el mismo momento en que la dictadura castrista decidió apropiarse de todo.

“Fundar una escuela en 1931, en medio de la depresión y la violencia —apunta Ariel Gutiérrez, exalumno de la institución e hijo de su directora—, haber tenido la voluntad y la visión de fundar esa escuela con tan escasos recursos, y haberle puesto el nombre de un americano aún vigente la Enmienda Platt, en medio de un país convulsionado por el nacionalismo, habla alto y claro del espíritu que animó la apertura del colegio”.

El Instituto Edison es uno de los mejores ejemplos de la diferencia abismal entre una docencia para un auténtico proyecto de vida, con una cosmovisión de valores humanísticos y científicos, y un adoctrinamiento salvajemente embrutecedor impartido por un régimen totalitario y deformador de conciencias.

Así, este libro de Armando Añel, Instituto Edison. Escuela de vida. Visión, obra y legado de la Dra. Ana María Rodríguez de Gutiérrez (Miami, Neo Club Ediciones), no solamente constituye el recuento de la épica historia de una familia inmersa en uno de los objetivos más nobles que invocan el mejoramiento humano, que es la educación, sino que además aporta toda una panorámica, desde la perspectiva de la docencia y la vocación hacia los demás, de cómo en Cuba, antes de la supuesta revolución, existía una verdadera fuente de progreso, un deseo inquebrantable de superación y el ánimo de hacer un real y justo hombre nuevo del cubano.

Entre recuerdos de profesores, testimonios de los miembros de la familia Rodríguez Gutiérrez y párrafos anecdóticos y valorativos, Añel logra exponer no solo una hermosa y profunda historia de unidad familiar y valores humanos universales sino, además, un proyecto de vida que todavía en la actualidad tiene sus vectores educacionales muy vivos en espera de una nueva sociedad abierta para todos los cubanos.

Por otra parte, el prólogo escrito por Carlos Alberto Montaner otorga a este libro un toque de garantía valorativa que le abre las puertas, asegurando la posibilidad de que lo que se va a leer es digno de la mayor atención, pues este escritor nos tiene acostumbrados a una seria revisión de la historia de Cuba.

Un testimonio que abre todo un espacio de luz, como comprensión de ese proyecto de vida, es el de Carmen Getán:

“Creo que lo que ocurrió en el Instituto Edison, y no quiero sonar exagerada, fue algo fuera de lo común. Por eso es tan difícil ponerlo en blanco y negro. Lo que adquirí allí no fue solamente un currículum, que era excelente con profesores excelentes, sino una visión de la vida que resulta sumamente difícil traducir en palabras. Una actitud ante la vida. Nos metieron en la sangre y el cerebro aquello de ser hoy mejor que ayer, mañana mejor que hoy, o no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy… Una experiencia que me ha servido durante toda mi vida”. (p. 64)

 Realmente, aquí se puede constatar la validez de la voluntad humana, cuando se quiere buscar el objetivo de una sociedad que esté animada por los mejores valores. Cada una de las personas que estudiaron en el Instituto Edison muy probablemente debieron ser pilares, por su sólida preparación cultural, para una sociedad que cada vez más necesitaba una conciencia colectiva del Bien. Y ello, en su esencia, tenía que lograrse en cada individuo. Solo así se podía crear una colectividad fuerte, impenetrable a los sofismas “revolucionarios”, para poder desmitificar el Espejismo que el castrismo fue creando en Cuba.

“Seguramente, en aquel momento ni siquiera los hermanos Rodríguez tenían un conocimiento cabal del alcance de lo que estaban haciendo. Tampoco nosotros, los estudiantes, de lo que estábamos aprendiendo. No es posible comprender la trascendencia de una enseñanza así hasta que no observas sus frutos. Puede tenerse una intención al enseñar, pero tú no comprendes la profundidad de lo que has hecho hasta que no recoges la cosecha. En aquel colegio nos inyectaron valores, principios, amor, deseos de superación… ¿Quién iba a anticipar que nuestra generación sería truncada como lo fue a partir de enero de 1959? Sin embargo, en el Instituto Edison nos facilitaron un montón de herramientas para afrontar esa realidad. La clave creo que estaba en enseñar con amor, con auténticos deseos de que el estudiante creciera y pudiera enfrentarse adecuadamente a la vida”.

     1959: La debacle

Desafortunadamente, faltó tiempo para que el ejemplo del Instituto Edison cuajara en otras academias, en el mismo sistema de educación del país, incluso en las organizaciones sociales que podían conformar una plataforma cultural en la que la libertad y el verdadero conocimiento de las disciplinas científicas y humanísticas se levantaran como un auténtico valladar contra toda injerencia ideológica. Aquella generación del Instituto Edison, quizá dos mil o tres mil educandos, no pudo evitar las reacciones suicidamente fanáticas de millones de individuos que, en su ignorancia histórica, eran deslumbrados por una especie de flautista de Hamelin que los arrastraba al despeñadero.

 A partir de 1959, la debacle fue precipitándose mes por mes y el absurdo se instauró en Cuba como un proceso diabólico que no perdonó nada. Nada se salvó de la catástrofe porque el castrismo era, en esencia, una catarsis de miseria en todos los sentidos, y entre tantas cosas a destruir se encontraba el sistema de educación y, en específico, las instituciones privadas, que siempre habían tenido un éxito mayor de verdaderas resonancias. Así ocurrió con la superestructura e infraestructura cubana. El Instituto Edison, de hecho, no presentaba ningún tipo de utilidad en medio del sistema comunista-castrista, principalmente porque este importante centro docente se encargaba de crear a hombres libres.

La educación degeneraba rápidamente. A la juventud la fueron separando de la familia, las familias mismas se fueron dividiendo; la urbanidad, la cortesía y las buenas costumbres desaparecieron en poco tiempo. La sociedad se fue dividiendo en clases antagónicas: había que acabar con la burguesía e igualar a todos en la miseria.

El país se convertía en una especie de utopía para el extranjero, fundamentalmente de izquierda, mientras que en su realidad avanzaba cada vez más a un estercolero. Era un espejismo con su sótano, donde el pueblo cubano, por su propia ignorancia imaginativa, quedaba prisionero de un hacedor de idiotas. Quienes podían se iban, huían, escapaban. La Dra. Ana María Rodríguez lo describe así:

“En octubre de 1960 uno de los hermanos Rodríguez Gutiérrez, Rolando, abandona con su familia el territorio nacional, dejando un colegio al que había entregado veintinueve años de su vida. En enero de 1961 otra de las hermanas toma el camino del exilio, y en los primeros días de febrero y marzo de ese año la directora y la administradora abandonan también su hogar, su patria y lo que para ellas era como un hijo, el Instituto Edison. Ese curso el IE cumpliría treinta años de fundado, había alcanzado una matrícula de 3,010 alumnos y el Banco Nacional de Cuba tasaba su valor en tres millones y medio de pesos. En mayo de 1961 el Instituto Edison es intervenido por el gobierno comunista…” (p. 165).

Sin embargo, en el exilio ha quedado archivado el recuerdo de esta grandiosa institución. Su ejemplo, sus datos, su currículo, los obstáculos que tuvo que rebasar y los triunfos, los grandes objetivos que se trazó y cumplió  con su incansable espíritu de vida la Dra. Ana María Rodríguez de Gutiérrez y toda su familia. En buena medida, la narración de esta epopeya educacional se encuentra en este libro, que cubre la mayor parte de sus logros. Ese sentido de hacer del acervo humano un verdadero y sustancial proyecto de vida no es sino la más productiva enseñanza para el ser humano.

Así, este volumen se sitúa como uno de los más importantes testigos de la docencia cubana antes de la revolución de 1959, para echar por tierra el malsano engaño castrista acerca de la Cuba anterior.    


Sucede en Cuba: Ruzzo, Roldán, los Titanes y los Criollos

-Los doctores tienen prohibido informar a sus pacientes que no hay medicamentos. Tienen que expedir las recetas aunque sepan que en las farmacias del Estado no existen ni los condones. Si un galeno es sorprendido diciendo a un paciente que los medicamentos están en falta, podría enfrentar sanciones laborales, e incluso el despido.

-Después de seis décadas rogando el acceso a los dólares estadounidenses, el régimen cubano [que comanda el inepto Miguel Díaz-Canel] informa que en sus arcas sobran. La justificación ha sido más pintoresca que la decisión de convertir, literalmente, al dictador Fidel Castro en un pedrusco: no le aceptan sus dólares [al régimen] en los bancos internacionales. Anteriormente a 1993, los cubanos sorprendidos con esta divisa en sus manos enfrentaron largas condenas de prisión.

-Los fumadores en Cuba, adictos a cigarrillos de calidad media y superior, solo podrán adquirirlos en Moneda Libremente Convertible [MLC]. Es decir, con los mismos dólares que no podrán depositar a partir del próximo 21 de junio. En caso contrario, solo tienen la opción de consumir las marcas nacionales Criollos y Titanes, racionadas y a través de la cartilla de racionamiento. Cigarrillos que, actualmente, tendrías que ser un verdadero titán para fumar debido a su pésima calidad.

-Ex integrantes de la agrupación Orishas [Roldán y Ruzzo] deciden componer e interpretar un tema musical en contra del embargo económico y financiero de los Estados Unidos a Cuba. La canción de marras, según informaciones divulgadas, es en contraposición con el tema Patria y Vida de Yotuel [también ex Orishas]. Esta agrupación se vio obligada al exilio, al igual que Habana Abierta, a consecuencia de las propias políticas culturales que impuso el régimen en la isla desde las edades tempranas de la exRevolución cubana. Como decía un viejo son cubano: «De cualquier malla sale un ratón».


De la serie #SucedeenCuba


Instituto Edison, un libro para el futuro de la educación en Cuba, ya en Amazon

Ya a la venta en Amazon Instituto Edison: Escuela de vida, libro que aborda la historia de una de las instituciones de enseñanza más sobresalientes de la Cuba republicana. Con prólogo de Carlos Alberto Montaner y autoría de Armando Añel, este volumen de 260 páginas—cuya primera edición, ya agotada, data del año 2006— contiene gran cantidad de testimonios, tanto gráficos como escritos, así como una amplia variedad de reflexiones, apuntes y planes de estudio que contribuirán a que el lector comprenda el importante papel que jugó, y deberá jugar tras el fin del totalitarismo, la educación privada en Cuba.

El libro puede adquirirse en Amazon en español e inglés, de manera que los cubanoamericanos más jóvenes pueden leer esta historia de sus raíces en el idioma que habitualmente manejan. En inglés aquí y en español aquí.

El Instituto Edison, fundado en 1931 por la excepcional educadora y directora de la escuela, Ana María Rodríguez de Gutiérrez, y su familia, contaba con algo más de tres mil estudiantes cuando fue intervenido por el castrismo, y estaba valorado en tres millones de dólares de la época. Según el autor del libro, esta escuela puede servir de guía para quienes, ya en una Cuba libre, reconstruyan y extiendan el papel de la enseñanza privada en la formación de las futuras generaciones.

“En el Instituto Edison no se descuidó absolutamente nada: el terreno académico, el deportivo, el intenso dominio del inglés, la música, el aprendizaje práctico del comercio, la banca y las finanzas, la radio, las artes plásticas… Había, naturalmente, un método de enseñanza, y era el que preconizaba John Dewey: aprender haciendo, no memorizando”. Carlos Alberto Montaner

“Creo que lo que ocurrió en el Instituto Edison, y no quiero sonar exagerada, fue algo fuera de lo común. Por eso es tan difícil ponerlo en blanco y negro. Lo que adquirí allí no fue solamente un curriculum, que era excelente con profesores excelentes, sino una visión de la vida que resulta sumamente difícil traducir en palabras. Una actitud ante la vida. Nos metieron en la sangre y el cerebro aquello de ser hoy mejor que ayer, mañana mejor que hoy, o no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy… Una experiencia que me ha servido durante toda mi vida”. Carmen Getán

“La institución era una institución que representaba el orden. Un orden armonioso, eso sí, no un orden de imposición autocrática; por el contrario, se trataba de una imposición dialogante, abierta, en beneficio de todos, de la comunidad, del alumnado y del profesorado”. José Kozer.

“En Instituto Edison: Escuela de vida asistimos a la reveladora cronología de la enseñanza privada en Cuba. Sobre todo, leyendo este libro puede comprenderse lo vital que resulta, de cara al futuro de la Isla, una educación independiente que libere la creatividad, y cultive la responsabilidad, de la juventud cubana. No sorprende entonces que, llegados al exilio en la década de 1960, la mayoría de los egresados del colegio triunfaran, destacaran o fluyeran en sus respectivos ámbitos profesionales”. Armando Añel

“Cultivamos un tipo de alumno responsable, cooperativo, que actúa por sí mismo. Así logramos que la escuela llegue a ser verdaderamente la vida”. Ana María Rodríguez de Gutiérrez

El 4 de noviembre de 1931 la familia Rodríguez y sus colaboradores se reúnen en el número 25 de la calle Juan Bruno Zayas, en la barriada habanera de la Víbora, para inaugurar formalmente la escuela. Solo cuentan con cinco alumnos, pero la Dra. Ana María asegura, al cierre del acto, que, curiosamente, también son cinco los sentidos, cinco los continentes, cinco los dedos de la mano, cinco las puntas de la estrella en el triángulo de la bandera cubana. Instituto Edison: Escuela de vida narra los treinta años siguientes en el desarrollo del colegio, revelando una realidad minuciosamente escondida por el régimen que tiraniza la Isla: sin iniciativa individual, sin educación independiente, sin objetividad en la enseñanza, resulta inviable la Cuba de todos y para el bien de todos a que aspirara José Martí.


El caso del general

El general solía pensar que lo vigilaban pero no se atrevía a consultar al médico. De ir a un doctor que no fuera el médico militar que le correspondía por su unidad, la contrainteligencia militar se daría a sospechar. Y de ir, por el médico militar se enteraría la contrainteligencia de que descubrió que lo vigilaban o que sospechaba que era vigilado. Optó por auto medicarse.

Durante diez años consumió el general cuanto fármaco halló en Internet contra las dudas y los malos pensamientos, y en todo ese tiempo ni por casualidad durmió una noche bien. Por sospechar, llegó a pensar que también su mujer y sus hijos formaban parte del complot. Dándole esta sospecha un severo vuelco a su vida, el general no dudó en dar por confirmado algo que venía sospechando de tiempo atrás: por exceso de trabajo o por lo que fuera, había enloquecido: así lo demostraban aquellas nuevas sospechas filiales y todas sus anteriores fantasías. Descubrir esto fue un alivio para el general, pero también un compromiso impostergable. Aunque no manejaba mayores secretos de Estado Mayor, se le hizo muy claro que un general en sus condiciones era un peligro para el Ejército. De modo que un día no pudo con eso. Cerró la puerta de su despacho, besó su carné del Partido y se pegó un tiro. Hacer esto sin permiso de la autoridad competente fue en definitiva la única mácula que quienes lo venían vigilando pudieron al cabo señalar en el hasta entonces impoluto expediente del general.

‘Casa de cambio’ y ‘Desobediencia’, novelas de Alejandro Aguilar en Amazon

Ya en Amazon las novelas Casa de cambio y Desobediencia (el cuerpo vacío), del escritor Alejandro Aguilar (Camagüey, 1958), reeditadas en Alemania por Iliada Ediciones, que dirige el también escritor cubano Amir Valle.

“Antonio, ingeniero cubano, llega a Budapest en los momentos agónicos del socialismo y esto alterara todo su pensamiento y la forma de ver la realidad de su país y de un mundo que se desmorona hacia la libertad”, apuntan sobre Casa de cambio los editores en Amazon. “La novela muestra la otra cara de la vida en el socialismo, la doble moral de los diplomáticos cubanos y otros funcionarios”.

“Original, profunda, humanista y dura novela sobre la caída de ciertas falsas utopías y ciertas manipulaciones políticas e ideológicas en la historia moderna”, subraya Amir Valle.

En cuanto a Desobediencia (el cuerpo vacío), “un actor venido a menos, Paco del Real, borracho, viejo y hundido en la mala vida, tiene la oportunidad de regresar a las tablas para representar una obra que alguna vez le dio fama y gloria. El escenario de la novela es una Cuba de fin de siglo en la que todos navegan en el mismo barco, con un pintor (Marcel), la hija de un burócrata corrupto (Claudia), un director de teatro (Marcos), y otros protagonistas que hundirán sus vidas en esas mismas aguas turbulentas que acechan bajo la proa de una nación cambiante y convulsa”.

Alejandro Aguilar, escritor, profesor universitario y editor, es Licenciado en Pedagogía Superior en Historia y Ciencias Sociales por la Universidad de La Habana y Master en Artes, en Lengua Española y Literatura Hispanoamericana por la Universidad Temple de Filadelfia, Estados Unidos. Ha publicado los poemarios Tregua (2019) y Tesituras (1994); los libros de cuentos Paisaje de arcilla (1997) y Figuras tendidas (2000); así como las novelas La desobediencia (2004), Casa de cambio (2005), Fijar la mirada (2009), El cliente tatuado (2013) y Ojos de niño (2016).

Actualmente, Aguilar reside en República Dominicana, donde es editor jefe de AULA: Revista de Humanidades y Ciencias Sociales.


Joe Biden

Felipe González, el expremier español, una persona muy respetada nacional e internacionalmente, afirmó con admiración que Joe Biden es un “socialdemócrata”. Lo dijo en el programa de entrevistas más visitado de la televisión española: “El Hormiguero”, dirigido por Pablo Motos, en Antena 3.

Es cierto, aunque con matices. En general, hoy los demócratas, los electores y los elegidos, tienden a parecerse a la socialdemocracia. Muchos son partidarios de extender el Medicare a toda la población, y no sólo beneficiar con ese seguro a los mayores de 65 años. Asimismo, creen que si la sociedad necesita profesionales no es razonable cobrarles

los estudios a los universitarios. Lo ven, como en casi toda Europa, como una inversión y no como un gasto. Se trata de dos medidas discutibles, pero nada tienen que ver con la implantación de una dictadura comunista. 

En cuanto a extender la cobertura del Medicare a toda la población, la medida tiene ventajas y desventajas. El país invierte prácticamente el 20% del PIB en gastos sanitarios –la nación a la que más le cuesta en el planeta- y no se sabe con exactitud cuánto más tendrá que aportar. Con relación a los estudios universitarios sucede más o menos lo mismo. USA tiene las 100 mejores universidades del planeta y se autorregulan. Si el Estado decide qué se va a enseñar y cómo, prerrogativas del que paga la cuenta, acaso será contraproducente. Se corre el riesgo de que se reduzcan las innovaciones o invenciones a niveles mucho más bajos y ya se sabe la relación de ese número con el desarrollo general de los países.

Los demócratas instruidos son, como regla general, además, keynesianos. Es decir, creen que el gasto público, dirigido o efectuado por el Estado, tiene la propiedad plástica de modular la economía. Puede impulsar o frenar el crecimiento económico a su antojo. Algo que no es tan sencillo de hacer, dada la tendencia de la sociedad a convertir cualquier medida transitoria en una permanente “conquista social”, agravada por la manera dispendiosa en que se suele efectuar el gasto público en todas las latitudes. Sería muy conveniente que quienes poseen la tentación de aumentar el gasto público se familiaricen con las obras de los economistas James Buchanan y Gary Becker, ambos Premios Nobel de Economía. Tal vez pongan en dudas sus premisas.   

Los demócratas “progresistas” sostienen que se requieren más impuestos para satisfacer las demandas sociales y conseguir sociedades más “justas e igualitarias”. De ahí el ritornelo “del 1% más rico que evade sus responsabilidades fiscales” con que fatigan todas las tribunas. Eso incesantemente predican Bernie Sanders, senador por Vermont, y Alexandria Ocasio-Cortez, congresista por NY, pese a que los “progresistas” suelen defender las medidas de las sociedades que menos progresan. (A esta joven le llaman popularmente AOC para evitar el enredo en inglés de un nombre tan largo y tan “extranjero”).

Las diferencias entre los demócratas estadounidenses y la socialdemocracia europea está en los orígenes ideológicos. El Partido Demócrata de USA tiene poco que ver con la cháchara marxista. (De hecho, antecede al marxismo varias décadas, dado que fue creado por el general Andrew Jackson en 1828). Los alemanes y los españoles, en cambio, tuvieron que desprenderse del pesado fardo de Karl Marx. Los alemanes del SPD (Partido Socialdemócrata Alemán) en el Congreso de Bad Godesberg en 1959, mientras los españoles lo hicieron 20 años más tarde, en un Congreso extraordinario del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), convocado por Felipe González en 1979 en Madrid.

John Maynard Keynes (el más famoso economista de la primera mitad siglo XX) tampoco creía en las supersticiones puestas a circular por los autores del Manifiesto Comunista. JMK fue, incluso, asesor del gobierno de los rusos blancos, nombrado por los británicos que intentaban impedir el triunfo de los bolcheviques tras el regreso de Lenin a Rusia y la creación de la URSS. Los leninistas le llamaban displicentemente el “mayor enemigo del pueblo” dado su enorme tamaño. Medía 6 pies y 7 pulgadas.

Es natural que los hispanos respalden mayoritariamente a Joe Biden. Casi todas las minorías étnicas lo hacen. También quienes tienen inclinaciones sexuales poco ortodoxas. La tolerancia y la aceptación de las personas diferentes a la media hoy militan en el Partido Demócrata. No siempre fue así. 

Lo que quiero decir es que, tanto los republicanos como los demócratas, carecen de raíces ideológicas y pueden cambiar diametralmente de posición. El Partido Demócrata, que fue durante muchos años un vivero del KKK, encontró primero en John F. Kennedy, y luego (y sobre todo) en Lyndon B. Johnson, el más sólido apoyo al  reformismo negro de Martin Luther King. Mientras el Partido Republicano, fundado por Abraham Lincoln (tenía sus antecedentes en el partido de los whigs  antidemócratas), un partido que le había dado la libertad a los negros durante la sangrienta Guerra Civil (1861-1865), ha terminado (por ahora) en manos de Donald Trump y cautivo de los evangélicos blancos fundamentalistas, quizás como consecuencia de la fuerte influencia de Steve Bannon sobre el magnate. 

Como exiliado cubano me preocupaba que Joe Biden fuera a incurrir en la simplificación de aceptar sin más la política de Barack Obama sobre la Isla, como temían algunos de mis amigos, pero no ocurrió así. Biden ha continuado la correcta estrategia de Trump de apretarle las clavijas a la dictadura. 

¿Por qué esto ha sucedido? Por tres razones fundamentales: 

Primero, porque él y su canciller Blinken han visto como un insulto que, lejos de aceptar con algún gesto de reciprocidad la llegada del engagement  en lugar del contaiment, el régimen aprovechó para declarar su “victoria” y solicitar 126 mil millones de dólares como recompensa por los daños del “embargo”, mientras insultaba a Obama por haber pronunciado en La Habana un discurso aperturista.  

Segundo, porque los servicios de inteligencia de EE.UU detectaron un aumento en el respaldo a las dictaduras de Maduro en Venezuela y a Daniel Ortega en Nicaragua. 

Tercero, porque se desató el “Síndrome de La Habana” debido a la agresión acústica a los diplomáticos norteamericanos y canadienses. Según estos servicios, que tienen contactos con altos funcionarios cubanos, detrás de esa agresión están los rusos de Vladimir Putin. 

Poco después del discurso de Obama en La Habana, Alejandro Castro Espín, el hijo de Raúl que dirigió por la parte cubana el restablecimiento de las relaciones entre Cuba y USA, fue a Moscú el 25 y 26 de mayo a rendir un informe. Poco después ocurrió la agresión acústica. Dada la relación de Alejandro y de su padre, Raúl, con Moscú, no hay que ser un lince para concluir que Cuba se prestó a ser un banco de pruebas de los rusos.

Sólo que Joe Biden no juega con la Seguridad de Estados Unidos, y mucho menos con las vidas de los diplomáticos, agentes de inteligencia y funcionarios. Por eso continúa la presión sobre Cuba, Venezuela y Nicaragua. Es mucho lo que está en juego. 

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El gobierno ha de nacer del país

En su ensayo Nuestra América, José Martí advierte la necesidad que tienen los pueblos del continente de conocerse, tener conciencia de quiénes son, para darse la forma de gobierno más acorde a ellos, más apropiada a sus circunstancias, como manera de darle solución a sus problemas de gobernabilidad y llegar a un estado de derechos y justicia social, alejándose de la herencia del colonialismo y sus maneras de hacer las cosas. Señala también que esa es la forma de evitar el ascenso de tiranos, y por ende, de impedir el caos y la ignominia con que estos ejercen el poder sobre los pueblos.

«El espíritu del gobierno ha de ser el del país. La forma de gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país», afirma Martí en su texto.

El ensayo Nuestra América fue publicado por primera vez en La Revista Ilustrada de Nueva York, Estados Unidos, el 10 de enero de 1891, y más tarde, el 30 de enero de ese mismo año, en El Partido Liberal, México, y en él Martí describe el momento histórico de la región, el cual no difiere mucho de todo lo que ha vivido el continente desde entonces, como si los hombres, los políticos y los líderes no fueran capaces de romper con las cadenas del colonialismo histórico, político y cultural.

Las jóvenes naciones americanas estaban entonces pasando por alto sus propias realidades a la hora de darle soluciones a sus problemas y continuaban mirando hacia otras latitudes, hacia el viejo continente, idealizando a su gente, creyéndolos más adelantados en cuanto a formas de gobierno y como sociedades, como si solo existiera una manera de administrar un país, una manera de crear desarrollo y riquezas, o como si la cultura tuviera que ser importada para poder ganar el respeto de los poderosos del mundo.

Ante esto Martí señala que el conocer el escenario y el contexto de cada país, y no el apresurarse a copiar de las experiencias de otros que viven en realidades diferentes, puede ser la solución para que juntos, gobiernos y pueblos, creen el mejor estado de bienestar posible.

«A lo que es, allí donde se gobierna, hay que atender para gobernar bien; y el buen gobernante en América no es el que sabe cómo se gobierna el alemán o el francés, sino el que sabe con qué elementos está hecho su país».

Es así como el apóstol de Cuba sentencia que «el gobierno ha de nacer del país», y explica que «el espíritu del gobierno ha de ser el del país», y que cualquiera sea la forma de gobierno que los pueblos se den, esta «ha de avenirse a la constitución propia del país» todo, porque «el gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país», y los que pretendan, o tengan la tarea de gobernarlo, deben ser conscientes de eso, y sobre eso desarrollar su gestión.

Asimismo refiere que los gobernantes del continente adolecen de una soberbia tal que los lleva a creer que lo merecen todo, y al no obtener los mismos resultados que otros de igual condición, aplicando los mismos métodos, solo atinan a acusar de «incapaz e irremediable a su república nativa, porque no le dan sus selvas nuevas modo continuo de ir por el mundo de gamonal famoso, guiando jacas de Persia y derramando champaña».

Para Martí, el problema «no está en el país naciente», que tiene la necesidad de un régimen que se acomode a sus características y capacidades, «sino en los que quieren regir pueblos originales, de composición singular y violenta, con leyes heredadas de cuatro siglos de práctica libre en los Estados Unidos, de diecinueve siglos de monarquía en Francia».

Es claro para Martí que sobre las costumbres de los pueblos americanos deben construirse sus formas de gobierno, que si bien «el hombre natural es bueno, y acata y premia la inteligencia superior», asimismo no perdona que se valgan de su sumisión para dañarlo u ofenderlo prescindiendo de él. “Cosa que no perdona el hombre natural», y solo lleva a que busque los medios, incluso haciendo uso de la fuerza, para restaurar sus derechos.

Nuestra América explica un fenómeno que increíblemente se ha mantenido hasta nuestros días: la utilización de las masas marginadas por parte de los tiranos para alcanzar el poder, para ponerse a la cabeza de los pueblos y así tratar de saciar sus ansias de grandeza y reconocimiento, y que una vez establecidos, se envilecen, y se olvidan de quienes los llevaron hasta esa posición, prescindiendo de ellos, incluso pasan a oprimirlos, convirtiendo su administración en un régimen de oprobio, lo que solo puede dar como resultado su caída a manos de los oprimidos; situación que siempre da paso a que otros de su misma condición repitan una y otra vez el mismo libreto, como si gobernantes y gobernados estuvieran atrapados en un laberinto sin salida.

«Por esta conformidad con los elementos naturales desdeñados han subido los tiranos de América al poder; y han caído en cuanto les hicieron traición. Las repúblicas han purgado en las tiranías su incapacidad para conocer los elementos verdaderos del país, derivar de ellos la forma de gobierno y gobernar con ellos», escribe Martí y sentencia: «gobernante en un pueblo nuevo quiere decir creador».

El menosprecio de las tiranías en América hacia sus pueblos, y la incapacidad o la negativa de romper con esta suerte de tradición, ha hecho que el continente, a pesar de sus riquezas y vasto capital humano y cultural, no logre salir del lodazal de miseria en el que siempre ha vivido. 

Martí preguntaba: «¿Cómo han de salir de las universidades los gobernantes, si no hay universidad en América donde se enseñe lo rudimentario del arte del gobierno, que es el análisis de los elementos peculiares de los pueblos de América?». Pero sucede que ahora abundan las universidades que imparten materias afines, pero los gobernantes, los pueblos, los países, continúan adoleciendo del mismo mal, repitiendo la historia una y otra vez, aunque las formas de gobiernos que ensayen sean diferentes.

El continente sigue mirando hacia otras latitudes, prefiriendo emular otros procesos políticos y sociedades, algunos de estos procesos incluso con suficiente evidencia de su fracaso allá donde fueron creados y puestos en práctica, como si América Latina fuera el laboratorio político-social del planeta.

Aquí hay que acotar que Martí no rechaza los saberes del mundo, porque los entiende útiles para el desarrollo de nuestras repúblicas, solo que estos deben ser utilizados como complemento a la vasta herencia de conocimientos de los pueblos nativos, acentuando la preponderancia a estos últimos, por ser los de esa inmensa mayoría que ha de ser gobernada.

Más de cien años después de haber visto la luz este ensayo de José Martí, el caudillismo aún sigue ocupando el lugar de los hombres cultos, y los pueblos continúan eligiendo a quienes los enamoran con promesas vanas antes que a aquellos que han dedicado su tiempo a conocer el arte y los rudimentos de la buena política. Y cuando los primeros arrasan con el país y/o lo traicionan, el ciclo de violencia vuelve a repetirse.

Apunta el apóstol de Cuba que conocer los problemas de la nación es la manera más fácil, quizás la única, de resolverlos, porque solo de ellos puede salir la solución. «Conocer es resolver», afirma, y añade que gobernar acorde a este conocimiento es la única manera de evitar que el país caiga en manos de tiranos.


Resolución solidaria: La Unión Europea condena los abusos del régimen castrista

Este jueves 10 de junio, el Parlamento Europeo aprobó, por 386 votos a favor, 59 abstenciones y 236 en contra, una resolución de condena al régimen militar cubano que cuestiona el acuerdo de cooperación UE-Cuba, en vigor desde 2017, lamentando que la implementación del mismo no haya derivado en resultados tangibles para la sociedad civil en la Isla.

“La resolución entre otros temas rechaza la situación de más de 150 presos políticos en la Isla, condena el ataque sistemático y las campañas de difamación contra artistas, periodistas y activistas independientes por parte de las autoridades y cataloga de esclavitud el estado de trabajo de los médicos cubanos que cumplen misiones internacionales”. Árbol invertido

“La Fundación para los Derechos Humanos en Cuba saluda la histórica resolución sobre la Situación Política y de los Derechos Humanos en Cuba aprobada este jueves 10 de junio con amplia mayoría ─que incluye a partidos de izquierda, verdes y socialistas─ por el Parlamento Europeo. FHRC considera que el documento es el más exhaustivo y contundente en décadas al detallar los recientes y sistemáticos abusos del régimen cubano contra la población de la isla (…) FHRC felicita a todos los actores de la sociedad civil independiente en Cuba ─como Prisoners Defenders, Archivo Cuba, Víctimas del Comunismo, Outreach Aid for the Americas y otros─  con los que trabajamos durante años en la investigación y denuncia sistemática de esta larga lista de abusos. Las mayorías democráticas de Europa nos han escuchado y se han pronunciado”. Fundación para los Derechos Humanos en Cuba

“613 de 683 eurodiputados condenaron la represión al movimiento artístico San Isidro y la existencia de presos de conciencia. Según datos de la organización Prisoners Defenders, en esta primavera negra 2021 se registran 31 nuevos casos de presos políticos”. DW

“Tenemos que defender nuestros valores, tenemos que suspender el acuerdo con Cuba”. Dita Charanzová

“Me emociona esta resolución histórica. Ya no vale más hablar bajito y seguir simulando. Estamos consiguiendo que el mundo empiece a llamar las cosas por su nombre. ¡Hay que vencer el miedo!”. Anamelys Ramos

“Es una victoria muy importante. El PSOE, con Borrell a la cabeza, podía haber tumbado la resolución, pero no pasó. Fiesta”. Arsenio Rodríguez Quintana


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