He aquí el país que envió aviones y barcos durante años de «bloqueo» para conquistar a los africanos con su modelo de «libertad».
El país que inundó de guerrilleros a Nuestra América. Se infiltró en las selvas de Bolivia y vio morir a su Che y lo «resucitó» para repartirlo por los Andes del orbe…
Tengo plena seguridad de que vivo en el país más triste del mundo, el que más pena da, el único capaz de perdurar en la mentira por infinitas décadas. El único capaz de matar a su Apóstol desde la pluma de sus propios intelectuales.
Que Dios ampare a Cuba.
Doy gracias a los buenos espíritus, que en medio del terror trajeron luz celeste a mis días. Doy gracias y oro con fe profunda porque Cuba despierte.
Los cubanos tenemos derecho a la luz de la Verdad.
Que se haga esa Luz. ¡Que llegue pronto!
PD. Escribo desde un barrio apagado de Holguín. Es demasiado largo el apagón.
Nunca hice nada por casualidad, ni ninguno de mis inventos llegaron por accidente; llegaron por el trabajo.
Thomas A. Edison
El debate sobre la educación en la Cuba posterior a 1959 es, sin lugar a dudas, el menos transitado. Tema puntual, pero que muy poco se ahonda desde los escenarios donde se discuten las premisas hacia una transición democrática en la isla.
No obstante, para no pocos cubanos ha resultado erróneo haber cedido toda la responsabilidad de la formación del llamado “hombre nuevo” ‒que no fue otra cosa que la instauración del pensamiento unidireccional en la educación y la percepción maniquea del mundo‒ a la revolución castrista que, a porrazos, blanqueó toda la historia cubana anterior a su arribo al poder.
La educación y la formación de valores morales y cívicos que instauró el Instituto Edison ‒fundado en 1931‒ es considerado un paradigma en la historiografía cubana, pero silenciado veintiocho años más tarde por un sistema educacional que basaría sus fundamentaciones educacionales en el marxismo-leninismo y los principios pedagógicos de Antón Makarenko.
En Escuela de vida se nos devuelve, a través de irrefutables testimonios, la impronta que nos legó esta institución sobre el sentido práctico de los planes de estudio en la escuela. Pero desde un concepto de escuela que, para la propia Dra. Ana María Rodríguez, debía romper con cánones anquilosados:
“[…] La escuela moderna tiene que crear para el niño un ambiente de estímulo, de solidaridad, de vida activa, de afectuosa protección, de amor al trabajo, creando hábitos de verdadera honradez, cultivando su mente, haciendo sano y ágil su cuerpo, sana y limpia su alma. Que amen el arte en todas sus manifestaciones a la vez que ejerciten sus músculos y se hagan fuertes y disciplinados. Todo ello en provecho del niño, de la familia y de la patria. La verdadera escuela educa e instruye no con el falso concepto que de la instrucción y educación tiene la escuela antigua, sino que instruye y educa en la más amplia y moderna acepción que estos vocablos tienen […]”.
En este sentido Escuela de vida señala, a través de las interrogaciones de Natalia Goenaga ‒exalumna de esta institución‒, los resortes que develan por qué el sistema de educación de este colegio fue singularmente avanzado:
“[…] ¿Por qué, tras 1959, el cubano exiliado se adaptó tan rápido al sistema de vida en los Estados Unidos? ¿Por qué se sintió como en casa? Pues porque de cierta manera dábamos continuidad a un patrón de conducta al que habíamos accedido por medio de la educación recibida en Cuba; educación influida, entre otros factores, por una metodología de la enseñanza norteamericana […]”.
E inmediatamente el autor contextualiza en cuáles circunstancias históricas se adecuaron las prerrogativas que ubicaron al Instituto Edison como academia rectora en la educación y formación de una sociedad civil francamente renovadora:
“[…] Son los tiempos en que en Norteamérica gana adeptos el método de educación experimental impulsado por el filósofo y pedagogo John Dewey, cuya influencia sobre el Instituto Edison, así como sobre la enseñanza cubana en general, resultará apreciable. Dicho método partía de un concepto pedagógico que estimulaba la iniciativa, el espíritu de empresa y las habilidades innatas del estudiante en detrimento del aprendizaje rígido y la adquisición reglamentada del conocimiento, porque Dewey estaba convencido de que el sistema educativo vigente a finales del siglo XIX en los Estados Unidos no preparaba adecuadamente al futuro ciudadano para vivir en democracia […]”.
Escuela de vida, donde confluyen además el ensayo histórico, la investigación y la crónica, es un documento categóricamente vigente que emplaza los actuales dogmas educativos en Cuba anclados, como ya hemos señalado, a un sistema educativo y de formación de valores y principios cívicos que no se permite a sí mismo la revisitación, y que contiene más adoctrinamiento que metodologías diversas para la formación del pensamiento.
Desde los conservatorios ‒que tenían validez académica y que sumaba un Conjunto de Mandolinas, uno de Guitarras, un Cuerpo de Ballet, un Conjunto Coral y otro de Declamación‒ y un museo de Historia Natural; hasta canchas deportivas, estaciones de radio y clases nocturnas de Comercio, conformaban el universo del Instituto Edison, constituyéndose en una institución previsora donde sus estudiantes encauzaban sus verdaderas vocaciones. Con una narrativa evocadora, exquisitamente literaria y de rigurosidad histórica, Escuela de vida nos traslada a una que es difícil no extrañar:
“[…] En enero de 1934 la Escuela de Comercio abre sus puertas, y en su momento cimero contó con una Oficina de Control con práctica de archivos, máquinas de calcular, mimeógrafos, dibujos, trabajos de librería, manejo de aparatos de calcular […]. La asignatura Journalism tenía como método práctico, por ejemplo, la redacción y publicación de la revista Commercial Herald en español e inglés, a cargo del Dr. Charles Yribarren. El Banco Escolar de Ahorros ofrecía a estudiantes, profesores y empleados los servicios de una organización bancaria moderna, que funcionaba con equipos de alumnos de tercer y cuarto año que se desempeñaban como tenedores de libros, cajeros, auditores, etcétera, efectuando transacciones reales con dinero real entre las manos. En la clase de Shorthand el estudiantado aprendía a tomar dictados en inglés, en Bookkeeping a llevar libros de contabilidad en ese idioma y en el English Laboratory perfeccionaba su pronunciación acostumbrando el oído a través de un arsenal auxiliar que incluía discos, aparatos individuales, grabaciones de la pronunciación propia y otros recursos […]”.
El repaso que hace Escuela de vida sobre la formación de los alumnos en la libertad de prensa que propició el Instituto Edison es sumamente puntual. Revela la integralidad de una institución educativa que supo avizorar cuáles son los presupuestos para formar individuos, pero desde la plenitud de los derechos y libertades individuales: componentes irremplazables para consumar una sociedad civil realmente empoderada en todos los estamentos de la vida cívica.
“[…] Transmitido por C.O.C.X. onda corta y C.M.X. onda larga, ambas de la Casa Lavín, en cadena con la C.M.C.Q. de García Serra en la Víbora y la C.M.G.H. desde la provincia de Matanzas, el programa Hora de Radio del Instituto Edison era transmitido los domingos, en horario extraescolar […]. La Hora de Radio del Instituto Edison consiguió colocar en el mapa nacional e internacional al colegio de los hermanos Rodríguez, inaugurando una modalidad educativa que, por su importancia en la formación del carácter y en el desarrollo de las habilidades creativas del estudiante –en música, locución, declamación, etcétera–, estableció precedentes en el ámbito de la enseñanza cubana. En 1935 el Instituto Edison da un paso decisivo en la consolidación del programa radial, al construir dentro de la escuela sus propios estudios. Desde ellos, por control remoto a RHC Cadena Azul y C.M.C.Q., la Hora de Radio del Instituto Edison se mantuvo en el aire hasta finales de 1960 […]”.
Como bien señala el autor de Escuela de vida, la implementación y difusión de la actividad deportiva fue también una premisa, más allá de una asignatura complementaria, para los fundadores del Instituto Edison. La trascendencia de estimular la práctica deportiva para este colegio se explica en las propias palabras de Luciano Rodríguez Gutiérrez, responsable de Educación Física y Deportes en el Instituto Edison:
“[…] Conviene aclarar que, desde su fundación, el Instituto Edison se trazó una línea de conducta en materia deportiva que ha seguido en todas sus partes. El deporte lo practicamos como principio, no como finalidad. Hacemos deporte por los beneficios que reporta al organismo escolar, aprovechando, naturalmente, el estímulo que la competencia despierta en los niños. Con esta divisa nos lanzamos a la palestra deportiva. Es necesario advertir que el Instituto Edison cultiva los deportes mirando siempre a los beneficios que el alumno recibe con su práctica, sin importarle, las más de las veces, la calidad de los teams que logra reunir o preparar […]”.
Más allá de una mera tesis, los logros que el Instituto Edison logró en materia deportiva estuvieron a la misma altura de aquellos otros que habría de alcanzar en disciplinas como las ciencias, el comercio, las lenguas extranjeras y el periodismo:
“[…] El Instituto Edison se inicia en el deporte oficial en diciembre de 1934, participando exitosamente en el Campeonato Femenino de Baloncesto de menores de quince años. En esa oportunidad la institución logra su primera victoria contra el equipo del Colegio la Estrella, entonces invicto en la categoría. Desde ese momento, y hasta 1960, el plantel participa en prácticamente todas las competencias organizadas por los distintos organismos intercolegiales que existían en la mayor de las Antillas, como la Asociación Atlética Femenina, la Federación Atlética Intercolegial, la Liga Intercolegial de Cuba, la Asociación Cubana de Voleibol, la Federación de Kickingball y la Liga Intercolegial Cubano-Americana […]”.
Absolutamente nada escapa a la rigurosidad con la cual Armando Añel rescata este capítulo de la historia de Cuba ‒el Instituto Edison‒, y que tiene que ser redimido si acaso se entiende que solo volcados en la memoria y la responsabilidad histórica se llega a ser enteramente libres.
Y es que Escuela de vida no es simplemente una indagación al pasado, ni una reseña o guiño sobre un período educacional de la república. Es la devolución de un empeño que se convirtió por sí mismo en un referente mundial que marcaría un antes y un después en la consolidación de un sistema académico que nunca debió ser truncado tras la llegada de la llamada Revolución.
Exhaustivamente visionario, el Instituto Edison adentró también a sus estudiantes en los conocimientos básicos del funcionamiento bancario:
“[…] La apertura del Banco Escolar del Instituto Edison, en 1952, constituiría un hito en la trayectoria de la Escuela de Comercio del colegio, y aun de la institución en su conjunto. La idea de abrir el departamento correspondió al profesor de Contabilidad Pedro Fernández Roig, quien contó con la entusiasta colaboración del Dr. Charles Yribarren, a la postre encargado de impartir, en el propio local, las clases de práctica bancaria. En el Banco Escolar los empleados, alumnos y profesores del centro podían depositar sus ahorros recibiendo los mismos beneficios que en cualquiera otra institución financiera. El Banco Escolar no operaba con dinero simulado, así que los alumnos de tercer y cuarto año de la Escuela de Comercio que realizaban sus prácticas en él podían desarrollar sus operaciones y transacciones al calor de una mecánica bancaria rigurosa, en el marco de un departamento que funcionaba en tiempo real con dinero real. Se trabajaba con hojas de depósitos, cheques y libretas oficiales con anotaciones verdaderas, en las que aparecían las iniciales de los empleados a cargo de cada operación. En la primera libreta de ahorros expedida por el Banco Escolar, para uso de los alumnos y el plantel en general, podía leerse que al abrir una cuenta en dicho establecimiento debía manifestarse el nombre, dirección y ocupación del depositante. Que los depósitos debían ser entregados al cajero, único oficial autorizado para recibirlos. Que, por añadidura, todos los depósitos debían ser entrados en la libreta por el tenedor de libros. Se leía, además, que los intereses serían calculados al tipo y condiciones que el banco estableciera de tiempo en tiempo. Que el depositante podía inquirir en cualquier momento el tipo corriente de interés. Y que no se abonarían intereses sobre depósitos que hubieran permanecido en el establecimiento por menos de un mes. El Banco Escolar del Instituto Edison, que llegó a contar con más de treinta mil pesos en fondos disponibles, concedía préstamos de hasta cincuenta pesos mensuales a maestros y trabajadores. Las operaciones bancarias de los alumnos-empleados se efectuaban en inglés, lo cual constituía un beneficio extra para la matrícula de Comercio […]”.
Si partimos del postulado que conlleva a la pregunta de la antropóloga cubana Hilda Landrove Torres ‒“qué tipo de imagen podría ayudarnos a abandonar la idea de una nación hecha y, con ella, también la idea de una nación rota, porque rota significaría que antes estuvo entera y ello solo nos llevaría a construir un puente hacia la nostalgia del pasado”‒ tendríamos que, por antonomasia, revisitar las cardinalidades del Instituto Edison como punto de partida para la reconstrucción de esa nación.
Para imaginar, o crear la imagen, de una nación por construir, habría entonces que leer y releer este volumen que, gracias a Armando Añel, nos recuerda cómo el Instituto Edison replanteó, durante toda su existencia, el camino hacia una educación cultivadora y cosechadora de libertades, de empoderamientos, de civismo, de democracia.
Confrontar Instituto Edison: escuela de vida. Visión, obra y legado de la Dra. Ana María Rodríguez de Gutiérrez deja esa sensación maravillosa que implica el redescubrimiento de uno mismo en medio de la nada. De cualquier manera, una reseña ‒esta‒ no alcanza para todas las preguntas ni para las respuestas:
“[…] Desde su concepción práctica de la enseñanza, la Dra. Ana María Rodríguez de Gutiérrez asegura que sus aulas no son otra cosa que talleres donde se trabaja: “El empeño, tanto colectivo como individual, de nuestros profesores va más allá del cumplimiento de un programa. En el Instituto Edison los alumnos saben dirigir su propio aprendizaje, consultar, investigar, realizar tareas de tipo creativo, hacer y producir por sí mismos”. La directora de la escuela hace suyo el postulado de Enrique José Varona, planteado en Las reformas de la enseñanza superior: “He pensado que nuestros profesores debían serlo en el sentido moderno: hombres dedicados a enseñar cómo se aprende, cómo se consulta, cómo se investiga, hombres que provoquen y ayuden el trabajo del estudiante, no hombres que den recetas y fórmulas al que quiere aprender en el menor tiempo posible la menor cantidad de ciencia, con tal que sea la más aparatosa. Hoy un colegio, un instituto, una universidad, deben ser talleres donde se trabaje, no teatros donde se declame […]”.
«La Isla amaneció este lunes con 39 870 pacientes ingresados para vigilancia clínica epidemiológica, de ellos 8 900 sospechosos, 17 757 en vigilancia y 13 213 confirmados», informó este lunes Cubanet. Así, «Cuba marca récord de casos activos por decimoquinto día consecutivo».
«Durante el fin de semana Cuba rompió su récord de contagios en un día, mientras crecen las denuncias del colapso de varios hospitales por el alto número de casos, la falta de camas y medicamentos». Martí Noticias
«¿No existe una estrecha relación entre el desbordamiento de la Covid en Matanzas, con más de 600 casos hoy, y los vuelos turísticos desde Rusia a Varadero?». Pedro Armando Junco
Entretanto, la represión contra artistas y activistas independientes también avanza en el país, contribuyendo a la cerrazón y el asfixiante estado de sitio. El fin de semana fue detenido el artista Hamlet Lavastida a su regreso de Alemania.
«El 26 de junio de 2021, el reconocido artista visual y activista político Hamlet Lavastida fue arrestado por las autoridades de seguridad cubana. Actualmente es preso político en la prisión Villa Marista en La Habana. Hasta hace poco, era titular de una beca del programa internacional de estudio de Künstlerhaus Bethanien y nuestro estimado invitado en Berlín». Künstlerhaus Bethanien
Fue un fin de semana muy activo para los represores cubanos, quienes también detuvieron a los artivistas Tania Bruguera, Katherine Bisquet y Camila Lobón, y al periodista independiente Héctor Valdés Cocho, sometido a tratos «crueles, inhumanos y degradantes».
«¿Qué institución en este país vela porque este tipo de actos realizados a personas que disienten sean penalizados? Esa pregunta me la hacía una y otra vez en aquel espantoso lugar (el calabozo). Lloré, lloré y mucho, creo que aún lloro por dentro. Siento asco no de mí, sino de ellos». Héctor Valdés Cocho
Como en las inmersiones de fondo, aquí María Matienzo respira hondo inmediatamente antes de atravesar las profundidades de una obra que, como la de Virgilio Piñera, más que presentación amerita recreación. Particularmente, en Desmembrar el cuerpo… (Puente a la Vista, 2021) cocinamos a fuego lento Cuentos fríos, la obra quizá más conocida de uno de los escritores cubanos más relevantes del siglo XX.
“Nos devoramos a nosotros mismos, nos despedazamos entre nosotros mismos, padecemos una amargura disfrazada de felicidad, de risa sincera, que debe ser consecuencia del salitre que nos penetra hasta el tuétano, de ese mar por todas partes del que tomamos más conciencia en cuanto intentamos salir corriendo y la tierra se nos acaba”, afirma sugerentemente la autora en este libro evocador y al mismo tiempo quirúrgico, tajante investigación del espíritu de la letra, del alma de la idea, de la esencia del sujeto invocado entre los claroscuros del instante creativo.
La creación, a la enésima potencia, recorre Desmembrar el cuerpo… de la mano de la autora y su «objeto de recreo», si me permiten parafrasear el lugar común. Un devorar y ser devorado que genera, para ganancia del público lector, condimentación existencial y conocimiento poético. Un parto de dos para disfrute de todos.
María Matienzo nació en La Habana en 1979. Es editora, escritora y periodista. Ha colaborado en portales digitales como Havana Times, Cubanet y Diario de Cuba, y ha sido antologada en varias publicaciones nacionales e internacionales. Apocalipsis La Habana (Guantanamera) y Elizabeth aún juega a las muñecas (Hurón Azul) son dos de sus libros publicados. Editó la revista alternativa Voces y es miembro del Club de Escritores Independientes de Cuba. En el año 2020 fue seleccionada por la Fundación Internacional para las Mujeres en los Medios (IWMF, por sus siglas en inglés) como parte de la campaña que rinde homenaje a las mujeres periodistas más valientes en todo el mundo.
En la imagen que encabeza esta entrada puede apreciarse al Lithoredo Abatanica, una nueva especie de molusco descubierta en Filipinas que come rocas y defeca arena.
Según diversas fuentes, el general Guillermo García Frías ha pedido muestras del animalito para iniciar su “cultivo” en Cuba. Y es que el Lithoredo Abatanica mataría varios pájaros de un tiro: Mataría el hambre de la población sustituyendo a la claria, la jutía y el avestruz; no habría que producir o invertir para alimentarlo pues rocas es lo que se sobra en Cuba e, incluso, podría revitalizar algunas playas de Varadero en medio de su proceso digestivo, ya que caga arena.
Negocio redondo para el homo castricus, que con el tiempo hasta podría mimetizar al Abatinica, seguir su glorioso ejemplo y comer piedras. Todo es posible en la Cuba de Gerardo Hernández, donde este exespía del grupo de Los Cinco reparte regaderas de aluminio para hacer de cada casa un jardín, de cada jardín un huerto, de cada huerto un organopónico y de cada organopónico un supermercado con verduras para todos, frutas para todos, semillas para todos y hasta guanábanas para todos por la libre y por la libreta.
Si una turba de adultos [los familiares de los seis violadores] no aceptan la aberración que estos individuos cometieron a sabiendas, entonces habría que detenerse en varias interrogantes:
¿Qué sociedad es aquella donde una niña, que apenas una semana antes de ser agredida sexualmente había cumplido 13 años, es calificada con los peores epítetos como si fuese ella la responsable de semejante iniquidad?
¿Para cuál futuro los opositores, activistas pro Derechos Humanos, periodistas y artistas independientes, arriesgan diariamente la libertad y la vida?
¿Hasta cuáles desviaciones morales se ha llegado, donde una madre [Cleida García] y su hija son llamadas prostitutas por la simple razón de denunciar que también en Cuba están ocurriendo violaciones grupales contra menores de edad [en este caso]?
Llena de mucha rabia contemplar cómo las autoridades de justicia y policiales prefieren ocultar la ocurrencia de este tipo de hechos acallando, hostigando y reprimiendo las voces que denuncian la involuntad política contra la creciente ocurrencia de abusos sexuales a menores, feminicidios y actos de violencia de género.
Todo ser humano tiene el derecho de defender a sus familiares; pero existen delitos y actitudes que no pueden ser defendidas ni justificadas bajo ningún concepto.
La pedofilia y la pederastía difícilmente pueden ser aceptadas en comunión social. No tienen espacio en sociedad alguna.
Sin embargo, cuando fui interrogado por la policía política [por asumir la cobertura del juicio contra los seis violadores], me cuestionaron el hecho de defender los derechos de una niña [a ser niña] y los derechos de una madre [a ser madre].
Ese interrogatorio me recordó al policía de Santiago de Cuba cuando le preguntó al violador de una niña «por qué elegiste a la más chiquita de las hermanas y no a la más grandecita».
Tanto los familiares difamadores y calumniadores, como la policía política, están más dispuestos a la tolerancia de los abusos sexuales a menores, y a la represión contra quienes nos oponemos y denunciamos.
Es el legado de la continuidad de esta exRevolución.
El gobernador republicano de Florida, Ron DeSantis, firmó este martes un proyecto de ley según el cual los estudiantes de secundaria del Estado recibirán información sobre los horrores de las ideologías comunistas.
De esta manera, la educación cívica se ampliará en Florida, incluida la instrucción sobre gobiernos totalitarios. El gobernador aseguró que se debe enseñar a los estudiantes que los regímenes comunistas son perversos.
“Los estudiantes de Florida aprenderán sobre los patriotas exiliados en Estados Unidos tras huir de regímenes comunistas”, apuntó un tweet de DeSantis. “Nuestros estudiantes recibirán un plan de estudios integrado de educación cívica que compara nuestros derechos y libertades con lugares donde no existen, como China y Corea del Norte”.
“Educar a la gente sobre los crímenes del comunismo constituye la piedra angular de la misión de Victims of Communism Memorial Foundation (VOC)”, dijo durante el evento el embajador Andrew Bremberg, presidente y director ejecutivo de la fundación. “Esta educación es especialmente crucial para los jóvenes estadounidenses durante sus años de formación, por lo que aplaudimos que Florida garantice que sus estudiantes la reciban. La encuesta más reciente de VOC sobre la actitud de Estados Unidos hacia el socialismo, el comunismo y el colectivismo demuestra aún más la necesidad de educar a los estudiantes sobre el tema, ya que solo el 63% de la Generación Z y los Millennials cree que la Declaración de Independencia garantiza la libertad y la igualdad mejor que el Manifiesto Comunista, y un 40% de los estadounidenses tiene una visión favorable del socialismo actualmente”.
DeSantis firmó tres proyectos de ley en una escuela secundaria del condado de Lee, en la Florida. Dos de los proyectos tratan de la educación cívica y el otro garantiza la libertad de expresión en las universidades estatales.
“Tenemos a muchas personas en Florida, particularmente en el sur de Florida, que han escapado de regímenes totalitarios, que han escapado de dictaduras comunistas para poder venir a Estados Unidos”, expresó DeSantis durante el acto. “Queremos que todos los estudiantes comprendan la diferencia, ¿por qué alguien huiría a través de aguas infestadas de tiburones, digamos saliendo de Cuba, para venir al sur de Florida?”.
Se cuenta que Pitágoras rechazaba comer carne porque veía en los animales posibles reencarnaciones de sus amigos muertos. Es un escrúpulo encomiable siempre que uno esté convencido de que en verdad los amigos suelen reencarnar transformados en puercos o pollos. Plutarco, en cambio, no comía carne porque le resultaba asquerosa la perspectiva de alimentarse con cadáveres igual que las aves carroñeras. Son apenas dos ejemplos (entre un montón) que sirven para ilustrar cuán antiguo resulta este dilema humano que tal vez podríamos resumir con la paráfrasis “comer o no comer… carne: he ahí la cuestión”, un dilema que además confirma en estos casos las enormes diferencias que han mediado desde siempre entre quienes optan por el vegetarianismo.
El emperador Ashoka, fundador de la India, abogó entre su gente por el respeto a la vida animal, aunque no antes de haber ocasionado la muerte de 100.000 personas, y la deportación sin retorno de otras 150.000, durante la conquista de Kalinga. Por su lado, Tenmu, antiguo emperador de Japón, parece haber sido un resuelto defensor de los animales. Prohibió el consumo de su carne, lo cual dio lugar a que los japoneses estuvieran 1.200 años comiendo legumbres y verduras, un hecho que –según se cree- influiría decisivamente en su alta longevidad.
Es lo dicho, tan desde atrás como el asunto mismo demuestra ser la diversidad de motivaciones entre aquellos que se han erigido como inspiradores del asunto.
Adolfo Hitler y Mahatma Gandhi eran recelosos por igual ante el consumo de carne, aunque debieron esgrimir motivos distintos y hasta razonablemente opuestos.
Sea para cuidar la propia salud, lo que deriva, por inferencia, en la salvaguarda de la salud animal. Sea por motivos religiosos, por remordimientos de conciencia, o por consideraciones más o menos científicas relacionadas con la protección del medio ambiente, la cuestión ofrece mucha tela por donde cortar. Y es bueno que así sea, en tanto reflejo del libre albedrío humano, sobre todo si dejamos afuera la probabilidad de que –como está ocurriendo- prosperen los militantes de ambas tendencias empeñados en imponer sus criterios, llegando incluso a otorgarles categoría de rígidos preceptos éticos y, aún peor, ideológicos.
Leonardo Da Vinci soñaba con una época futura en que la matanza de animales sería vista como crímenes de la humanidad. “Vivimos por la muerte de otros”, escribió con certeza, pero pasando por alto que su apotegma encajaba con la misma exactitud para los humanos y para la gran mayoría de los animales. Thomas Edison parece haberlo pensado mejor. Dijo: “Hasta que dejemos de dañar a otros seres vivos, seremos todavía salvajes”. Y Albert Einstein, acostumbrado a escandalizar al mundo con descubrimientos revolucionarios, o a revolucionarlo con declaraciones tajantes, aseveró que “nada beneficiará tanto la salud humana e incrementará las posibilidades de supervivencia de la vida sobre la Tierra, como la evolución hacia una dieta vegetariana”.
Con todo, a mí me suena más sensato, por su enfoque desprovisto de intención doctrinaria y por su gracia, lo que expresó Franz Kafka parado frente a las vidrieras de un acuario: “Ahora puedo mirarlos en paz. Ya no me los como”.
En fin, que estamos ante una de esas expresiones culturales que, por su seriedad, no merecía desembocar en lo que es hoy, un tópico, otro entre tantos de los que dividen a la sociedad moderna, atizando pasiones y alentando polarizaciones.
Y es lógico que la literatura no se haya resistido a reflejar también este tópico. Incluso ni siquiera evadió aportar lo suyo para la incitación de polarizaciones y pasiones. Entre las muy violentas y sanguinarias escenas de Yawar fiesta, la gran novela del peruano José María Arguedas, donde son víctimas por igual toros, cóndores y hombres, hasta la defensa militante de los animales en un libro como El tiempo el gran escultor, de la admirable Marguerite Yourcenar. Desde el tan conocido y elogiado texto La vida de los animales, de Coetzee, otro célebre militante del vegetarianismo, hasta El coronel no tiene quién le escriba, de García Márquez, donde las reprensibles peleas de gallos configuran un recurso literario del que no podría prescindir este magistral relato. Desde Hemingway, cazador impenitente y entusiasta de las brutales corridas taurinas, a José Saramago, cuyo Ensayo sobre la ceguera es un delicado monumento al perro. Todos son igualmente grandes, al tiempo que básicamente dispares en lo referido al modo en que asumen el asunto. Y los contenidos que abordan no les restan ni suman por sí mismos valor a sus obras. Así que me resulta un tanto pueril la intención de aquellos que pretenden establecer diferencias entre unos y otros sólo por lo que cuentan, dejando al margen los valores intrínsecos de sus textos. Asimismo encuentro desafortunada la pretensión de utilizarlos como banderas para una u otra causa, sin detenerse en el análisis de lo que representan como creadores, que es al fin y al cabo su principal misión sobre la Tierra.
Pero como ya vemos, es algo que también ocurre en estos días. Repeler a Hemingway sólo por alardoso cazador y machista, y venerar a León Tolstoi (aun sin leerlo a fondo) sólo porque declaró que matar animales y alimentarse con ellos constituyen actos bárbaros, puede resultar tranquilizador para la conciencia de ciertas personas, pero no creo que sea cabalmente justo con Tolstoi ni con Hemingway. Menos aún con la literatura. Sin embargo, el hecho es reflejo de una tendencia que cada vez se expande más y de modo más aberrante.
El colmo es que a pesar de la notable cantidad de escritores famosos que han mostrado susceptibilidad ante el maltrato o la explotación abusiva de los animales, a los militantes del asunto no parece bastarles. Así que se afanan en agenciarse nuevos partidarios, sin que les importe mucho la realización de un examen minucioso de lo que han escrito. Es el caso (entre otros) de Reinaldo Arenas, cuya novela El Portero ha entrado en los planes de los militantes de marras.
Como es sabido, esta novela de Arenas, escrita en New York, entre 1984 y 1986, es una deliciosa fábula, inspirada sin duda por los grandes del género, desde Esopo o Fedro o La Fontaine, hasta los dibujos animados de Walt Disney, pasando por la inevitable órbita de Rebelión en la granja, del clásico moderno George Orwell. Al igual que en todos esos grandes predecesores, los animales de El Portero son los que se proyectan como valedores de las causas humanas, y no al revés, tal como se ha pretendido. Ello, por supuesto, no significa que el escritor cubano no sintiera una marcada simpatía por los animales. Hombre sensible como era y además particularmente identificado con la naturaleza, por su origen campesino, Reinaldo Arenas no debió ser indiferente al drama que sufren los animales ante el avance de la civilización humana. Incluso quizá esa simpatía podría explicar en parte que haya escogido a un grupo de animales para representar en la novela sus cuestionamientos político-sociales y sus reclamos reivindicadores. Pero, en rigor, el suyo no es más que un recurso de estilo, que de ninguna manera justifica la inclusión de El Portero entre los libros que hoy sirven a la causa de ambientalistas, vegetarianos y otras hierbas. Me temo que, de estar vivo, Arenas sería el primero en burlarse de esta pretensión, aplicándole alguna de las paródicas ocurrencias con que solía tirar a mondongo todo o casi todo lo humano y divino.
En síntesis, la novela de Arenas narra las peripecias de un emigrante que luego de fracasar tratando de adaptarse a la condición de humilde colocado en varios empleos, consigue trabajo como portero de un rascacielos en Manhattan. Allí vuelve a las suyas. No conforme con dedicarse a abrir y cerrar la puerta del edificio, intenta demostrarles a los inquilinos que existe otra puerta mucho más importante -la de la auténtica felicidad-, al tiempo que se ofrece para guiarlos a través de ella. Es así como se ve abocado a un nuevo fracaso. Esas personas lo maltratan, lo ignoran, lo consideran loco, el dueño del edificio está resuelto a despedirlo. Y es en medio de tales circunstancias que el portero se anima a buscar corro entre los animales que sirven como mascotas de los inquilinos. Ha descubierto que acostumbran reunirse en el sótano para intercambiar experiencias y elucubraciones. Entonces comienza a asistir a sus reuniones.
Tratándose de Arenas, es fácil prever las desternillantes agudezas y la impronta satírica y subversiva que tipifican aquellas reuniones de su protagonista con los animales, los cuales, uno por uno, parecen ser mejores (o por lo menos parecen conocerse mejor a sí mismos y ser más sabios) que sus respectivos dueños. La jicotea afirma: “Tener un enemigo es ser ya sólo la mitad de nosotros mismos, la otra parte la ocupa siempre el enemigo…”. El perro acota: “El hombre no es ni mejor ni peor que nosotros, pero puede ser peor porque es más poderoso y puede ser mejor porque es más inteligente”. El conejo lanza al aire la pregunta de los mil millones con su consecuente respuesta: “¿Quién es quién? Eso nadie lo sabe”. Por lo general, a todos los reunidos les gustaría librarse de aquellos que ejercen un poder radical sobre sus destinos, pero, por lógica de natura, cada uno enfoca la cuestión desde un prisma muy suyo, lo cual imposibilita el consenso. Para la serpiente, la única solución es huir, ya que se siente repudiada por los humanos. La rata, en cambio, acepta depender parasitariamente de las personas, pero quisiera transformar sus leyes con tal de esclavizar a su fuente de alimentación. Por su parte, con un discurso algo más depurado, la ardilla añade: “Yo propondría que mantuviéramos con el hombre relaciones diplomáticas, siempre y cuando no afectaran nuestra libertad”. El oso manifiesta sentir asco ante su dueña, pues ésta lo usa como instrumento sexual. La paloma le dice al portero: “Los dos soñamos con nuestro paisaje y, lo que es aún más importante, los dos estamos prisioneros”. Concluye así que para ambos sólo hay dos caminos: fugarse o seguir siendo dependientes. En tanto, la mosca inquiere: ¿No es mejor gozar un instante de toda la plenitud posible y una vez embriagados perecer”. Ante lo cual el mono amenaza de muerte a la mosca y se dedica a echar pestes sobre los humanos, pero sin proponer nada ni demostrar que posea una sugerencia liberadora.
En suma, los animales de Arenas semejan humanos disfrazados. Y consecuentemente exhiben conciencia social y actitudes políticas o aun bagaje filosófico. Así es que por lo menos yo no aprecio el pretendido énfasis en su particular defensa que ahora creen ver los militantes del asunto. Lo que se ve a las claras es que El Portero intenta subvertir los códigos de la fábula al uso para refundirlos en un argumento de recusación existencial contra el orden imperante, como ya lo hizo Orwell, pero con adiciones bien particulares, dadas a partir de la idiosincrasia iconoclasta, escéptica y comprensiblemente fatalista del escritor cubano.
Asimismo, tampoco creo que, como se ha dicho desde el otro ángulo, Arenas sacrifique en esta novela la dimensión artística para ponerse al servicio de una causa política. De aceptar un juicio tan rotundo habría que aplicarlo por igual a casi todo el grueso de su obra. Y al menos para mí, la única verdad constatable es que él alinea entre los muy pocos escritores que han logrado joyas imperecederas partiendo sin cortapisas de la pasión política y aún del resentimiento.
Es algo en lo que quizá -por la coyuntura histórica que viene marcando a Cuba desde hace más de medio siglo- también conformamos excepción. Ya que los dos mayores exponentes de la literatura nacional en el exilio, Guillermo Cabrera Infante y Reinaldo Arenas, lo que es decir los dos mayores narradores cubanos de las últimas décadas, proyectaron casi toda su creación desde la roña y la frustración políticas, lo cual, lejos de empobrecerles, ha potenciado sus altos valores cualitativos, que se evidencian hoy en más de una obra maestra.
“Un prófugo de la justicia influencer desembarca clandestinamente en el oriente de Cuba y se interna en las profundidades de la Sierra, perseguido por efectivos del Noticiero Nacional, las Milicias de Tropas Territoriales y el Cenesex”, anuncia la promoción de la nueva serie que el abogado y libertador de Cuba, Ignacio Giménez, protagonizará a partir del próximo 28 de junio, cuando arribe a la Isla.
“Impredecible, vertiginosa, estremecedora… Apocalypto, el desembarco del karma, una serie que te mantendrá sembrado en tu asiento con las actuaciones estelares de Guillermo García Frías, Mariela Castro, Humberto López y, por supuesto, el inigualable Ignacio Giménez».
Entre las operaciones clandestinas que lideraría Ignacio desde la Sierra Maestra, se ha mencionado la emisión y/o distribución de un billete de 100 euros cubanos, una especie de Frankenstein del papel moneda que podría dejar definitivamente fuera de combate al dólar estadounidense. Llevaría el perfil español de Ignacio Giménez por una cara mientras por la otra inmortalizaría el momento en que Fidel Castro tropezó durante un acto en la ciudad de Santa Clara, el 20 de octubre de 2004, precipitándose al vacío.
En aquella ocasión, Castro se fue al suelo tras «pisar» un escalón en falso, cuando abandonaba la tribuna. Ahora, según Ignacio, su imagen en el aire, cayendo interminablemente, imprimiría un carácter altamente simbólico a esta cara del billete, donde podría leerse a manera de lema: «Nada podrá detener la marcha de la historia».
“Los nativos son generosos. Dan todo lo que tienen. Será fácil convertirlos a nuestra religión, hacer que crean.
“Con apenas 12 hombres será fácil someterlos, porque no tienen armas. Creen que vinimos del cielo. Nos han recibido como a salvadores. Hasta tenían en sus bohíos saludos de bienvenida que decían: