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Política, realidad y fantasía en ‘Cuentos del Club’

El arte y la literatura ganan siempre una excelente proyección creativa cuando existe un espacio de libertad. En verdad, toda expresión artística o literaria, si quiere crecer y perdurar, necesita tener la garantía sociopolítica de una estabilidad inviolable de libre expresión. Sin embargo, en un país como Cuba, donde todo se hace ideológico y la censura es una condición cotidiana por parte de un régimen que constantemente teme perder el poder, es extremadamente difícil que se pueda conocer de un amplio diapasón de narradores, poetas y artistas, en general, al menos de estimable calidad creativa, que son marginados, perseguidos, secuestrados y hasta condenados por las “autoridades”.

En realidad, sabemos que en algunos de los países en los que han imperado las dictaduras, y excelentes escritores han quedado atrapados, no obstante, siempre se han podido salvar grandes obras iconoclastas y disidentes que, aun cuando han sido las menos, por el riesgo y persecución vividos por sus autores, han logrado dar una proyección de autenticidad cultural que les ha otorgado un puesto meritorio en la historiografía artística o literaria de su país. Por otra parte, los creadores que logran escapar de las dictaduras, de izquierdas y derechas, necesitan superar las barreras naturales, y a veces no tan naturales, que impone siempre la difícil vida de un exilio.

En este sentido, el escritor cubano, que es de quien hablo ahora, tanto en la Isla como fuera de ella, tiene que vivir una vida de extremas dificultades. En el caso de los que se quedan en Cuba e intentan con dignidad continuar su creación, tienen no solo que resistir los embates constantes de la represión sino además encontrar fórmulas, lugares, momentos y hasta desarrollar su ingenio para poder crear sus obras; incluso, tienen que desplegar en su entorno una mágica imaginación de libertad. Libertad que, por supuesto, está en sus mentes, en sus almas.

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Por su parte, el escritor cubano en el exilio, en primera instancia, tiene que ganarse la vida (la de él y la de su familia, si fuera el caso) para subsistir y después quitarle horas al sueño y al entretenimiento para escribir, y escribir con autenticidad, y que su único compromiso sea con la vida y por la libertad del ser humano, quien quiera que sea.

Todo arte y toda literatura tienen, por su genética humana, un alto grado de irreverencia y, aún más, de disidencia. Ninguna obra creativa debe ser complaciente, a no ser que juegue con una supuesta pasividad, adaptación o actitud apolítica desde una perspectiva irónica, y con ello logre desatar un sinfín de verdades que ayuden a desenmascarar las esencias malsanas de las dictaduras.

En este caso, y en relación específica con el relato cubano, hablamos ahora de dos tomos (el próximo año habrá una tercera parte), a modo de compilación, de una obra bastante abarcadora titulada Cuentos del Club, publicada en Miami por Neo Club Ediciones, en 2020, y compilada por Luis Cino, Víctor Manuel Domínguez y Armando Añel. Tres narradores pertenecientes al Club de Escritores Independientes de Cuba (CEIC) que estoy seguro, en su búsqueda, no se interesaron por encontrar en exclusiva algún tipo de calidad temática, de estilos o estructuras y técnicas, incluso, diría que no pretendieron que los cuentos fueran, exclusivamente, de corte político, sino con el propósito de dar una muestra no solo de aquellos que han sido marginados por el sistema, perseguidos o encarcelados, sino además de lo mejor de la cuentística actual cubana, tanto dentro de la Isla como en el exilio.

De esta manera, estos dos volúmenes nos descubren favorablemente una gama inesperada de escritores, de allá y de aquí, o viceversa, que sorprenden no solo por la diversidad en el caso de los temas sino además por la potencialidad imaginativa y los recursos literarios (no exentos de calidad) de unos cuantos más la extraordinaria proyección de excelencia de otros tantos.

Primer tomo

Desde el inicio de este libro, encontramos el tema traumático de la guerra de Angola (todo en retazos de pensamientos, sueños, la confusión de la realidad presente con el pasado de un soldado, el arrepentimiento de haber estado en una guerra en la que mueren tantos amigos). Siguiendo el hilo de la realidad cubana actual reconocemos de pronto a los balseros en un mensaje de jóvenes perdidos en el mar. Un mástil destrozado, como símbolo sagrado de lo humano: la cruz que hay que cargar en búsqueda de una redención, a pesar de la ignorancia, la leyenda y el mito.

Poco a poco, en los Cuentos del Club se van descubriendo elementos y atisbos de un espacio fantástico, en los que hay incisiones profundas en los sentimientos humanos: la caridad, el consuelo, el servicio al otro, el miedo, la obsesión por creer en lo inteligible, lo feérico quizás como realidad, o esa posibilidad consoladora del mito, el egoísmo irracional de una colectividad, los caprichos de la irrealidad, pero también la fascinación por la imaginación de las historias leídas. Asimismo, encontramos a un autor que se salva de ser condenado gracias a su creatividad imaginativa; incluso podemos hallar el laberinto de una realidad fantasmagórica. Todas estas características y recursos nos llevan a un contacto directo con valores universales.

Pero en verdad este libro aspira a lo inagotable, donde además se dan cita la irreverencia intelectual de un humor agrio con cierto grado de parricidio (se critican personalidades de la historiografía literaria cubana y ello, indiscutiblemente, es una audacia.

Páginas adelante encontramos acercamientos a un realismo sucio de algún corte social, con finales inesperados y, al mismo tiempo, intentos válidos de mezclar lo vulgar con lo poético, la putrefacción y el mal olor se convierten aquí en un estupor psíquico para el narrador. De repente, en nuevo asombro, estalla el desconcierto, el suspenso y lo absurdo, como si pudiera haber un relato que no se resuelve y quedarse toda la trama en suspenso, posiblemente contraria a la lógica de una estructura narrativa. ¿Audacia otra vez?, ¿o rareza? Dicho esto, sentimos que el libro nos va avivando la imaginación, preparándonos para enfrentar la naturalidad de un escritor realista que podría decirnos que su relato pareciera fantástico pero no lo es, y sí un sortilegio envolvente de toda una existencia humana; de un ser quizás acomplejado de su inferioridad (que no es tal tampoco) ante un contexto campesino (muy bien descrito, por cierto) que no acepta a alguien dedicado a escribir poemas. Es entonces que llego a convencerme de la fuerza que puede tener un relato onírico (es decir, cuando asimismo lo fantástico de un sueño cabe dentro del realismo). En otras palabras, un sueño que no se desprende de la realidad concreta, de la experiencia de una vida campesina del protagonista. Párrafos narrativos que rehúyen y se resisten de manera leve y suave a su molesto ambiente, quizás de manera perspicaz e inteligente por parte de un narrador que, a pesar de todo, exhuma un tanto de nostalgia por algún contexto rural de una cooperativa en la que el protagonista ha vivido. La crítica sociopolítica se identifica con personajes principales entre los que encontramos a resignados y rebeldes. En este primer tomo, hay piezas narrativas que alcanzan un nivel extraordinario por el tratamiento que se hace del umbral entre el realismo objetivo de una vida rural en Cuba y el recurso onírico de lo fantástico; o sea, entre un sueño profundo como evasión y la dimensión de una duermevela cargada de recuerdos recientes.

Hay consideraciones contrarias a la política y, de hecho, a la ideología del sistema, porque es el derecho que le asiste a todo ser humano a disentir, más cuando hay mucho por discrepar de esos arranques imperiosos y represivos del régimen para intentar resolver las situaciones de una manera autoritaria: «El campesino que no entre en la cooperativa, no recibirá recursos de vida, no tendrá trabajo, podrían morirse de hambre él y su familia».

Al parecer, hay cierta tendencia de algunos de estos escritores hacia un nuevo ámbito campesino. También pienso que ello se desprende de otro tipo de diversidad más del libro, y es que ahora estamos en presencia de escritores que no son de una misma zona, digamos, sino que pertenecen y han vivido en diversas provincias, de hecho, con un carácter más cercano a lo rural que a lo urbano (lo que no quiere decir que no haya cuentos que se desenvuelvan en la ciudad u otro plano). Esta nueva diversidad la veo como un acierto, porque permite la posibilidad de un diapasón amplio, y así se puede vislumbrar la potencialidad de una nueva narrativa repartida por todo el país. Habría que destacar entonces que este asunto de lo rural-campesino no es una repetición idealizada de esta misma clase de proyección de la vida guajira que se daba en Cuba antes del triunfo revolucionario ni tampoco —a mi parecer—de un corte complaciente con el campo, digamos, y que se presentaba después de los primeros años de la “revolución”. Ahora este tema no está idealizado sino más bien problematizado y no solo desde un aspecto humano, sino también político.

A veces se revive una escritura semiautomática que va un poco de la burla sutil a la rabia en contra de lo bélico, en contra del entrenamiento militar, que busca la parte humana de las contiendas. Supuestamente recuerda a los muertos de Angola. Y es este otro de los temas importantes del libro, por cuanto se ha presentado muy poco de la intromisión de Cuba en Angola dentro del arte y la literatura cubanas desde una perspectiva totalmente existencial e irreverente. Ahora, junto al tema de lo agrario o lo rústico, se repite el tema de la guerra que trae a colación las escaramuzas invasivas en otros países.

Naturalmente, no puede faltar el tema consabido de las jineteras, en el que la crítica social hace carambola con la política y se ponen de relieve los temas de la prostitución, la corrupción y el turismo sexual. Por otra parte, se llega a presentar una crítica política explícita, dura y por momentos irónicamente burlona, en la que, por ejemplo, se llega a satirizar algún hecho real de manera audaz al poner en ridículo a un militar de la Seguridad del Estado.

Es indiscutible que toda compilación de cuentos no es uniforme en un nivel extraordinario de calidad, pero sí, en este caso, encontramos que, aun cuando hay cuentos menores, estos cumplen con los requisitos imaginativos y técnicos y, como unidad, refuerzan el sentido universal del libro como nueva representatividad de un grupo de escritores conscientes de que hay que seguir creando contra viento y marea por encima de cualquier nivel de represión.

Otro tema es la vigilancia, que en Cuba toma visos orwellianos; narrativa que se aparta de los temas anteriores y toca la desconfianza, el miedo y la paranoia. Con el ojo del Gran Hermano repartido barrio por barrio se crea una incertidumbre existencial que en muchos habitantes de la Isla podría alcanzar niveles de locura. La problemática del dólar, la necesidad, la diferencia entre un mundo de arribismo y cúpula gubernamental (la shopping, la diplotienda o, simplemente, la tienda en dólar) y el otro lado donde se encuentra la población de a pie y la miseria nacional.

Segundo tomo

Hay cuentos que se centran en lo universal, donde la descripción y la palabra toman una importancia protagónica, y en los que siempre podemos encontrar el paralelismo con algún otro viaje dentro de Cuba, pero el talento hace que la Isla se funda con el mundo. Quizás pueda ser el uso de un recurso lezamiano de cómo —de alguna manera siempre— Cuba puede insertarse en el ámbito europeo, por ejemplo, y el cubano que se interrelacione con otros extranjeros, en este caso, se puede proyectar cierto sentido de cosmopolitismo y, al mismo tiempo, de representatividad isleña en el mundo. Seres diferentes de distintos lugares del planeta se interrelacionan para crear una nueva sensibilidad humana.

Independientemente de lo universal, a veces quedamos en presencia de cuentos muy locales pero que alcanzan un valor de atención por su rejuego político con un cierto acercamiento al realismo sucio por el uso de elementos soeces, vulgares.

No faltan cuentos autobiográficos, en los que el protagonista puede echar mano a sus experiencias en Cuba. Incluso, notamos un sentido ensayístico que hace a la narración más interesante aun debido a que se sustentan ideas psicosociológicas sobre la problemática cubana a través de diálogos. En este tipo de cuento hay mucho de testimonio y la atmósfera es en extremo realista con un profundo ahondamiento en las relaciones humanas de los personajes, lo que nos lleva a pensar que nuestra historia contemporánea tiene una connotación universal.

Hay narraciones de intenciones herméticas y hasta con discursos automáticos, que retoman un estilo de la década de los años 60; relatos en lo que más que todo importa la palabra, el entresijo de sus relaciones sintácticas con la diversidad de las ideas y, aun cuando no aportan mucho al descubrimiento de una historia, sí logran la fluidez del discurso y una especie de ingravidez de la palabra.

En su momento encontramos la terrible historia de un ser anormal, en quien la disminución de tamaño y la deformación se convierten en el hecho principal, y todo dentro de la más pura realidad. De hecho, la figura de un enano siempre es universal y ha estado dentro de la historia de la literatura de muchos países. Aquí no deja de ser devastadora y grotesca y, al contrario de otras historias de los dos libros, trata de la desvaloración humana, o lo que es lo mismo: de la deshumanización.

Sexo y psicoanálisis aparecen en alguno que otro cuento para apoyar la potencialidad literaria de lo universal en este segundo tomo. En su momento encontramos el juego muy talentoso de una mirada entre dos seres humanos. Y, por momentos, el tratamiento parece colindar con lo fantástico. Sin embargo, no deja de ser puro realismo, y aprendemos que entre la objetividad corpórea de una anécdota y la subjetividad imaginaria de una “mirada” hay todo un mundo de conexión.

En realidad, no falta lo fantástico, a través de una prosa contundente y precisa que juega con los tiempos (pasado y futuro), y más allá de las “Nanas” y de los “bobos”, entramos en la consideración de lo simbólico, ligado a lo fantástico-erótico mediante la descripción de movimientos fílmicos de una mano que articula una historia anecdótica y al mismo tiempo sugiere un sueño sexual.

Hay algún relato duro, crudo, desde la perspectiva feérica de una niña cuya magia es su propia apariencia de inocencia, con el lenguaje de un discurso exquisito y que, sin perder su dimensión realista, usa un tratamiento de fantasía.

Por otra parte, es indispensable decir que podemos leer en este tomo cuentos que incluso podrían recordar algún estilo de literatura inglesa, relatos que pueden ir de lo local regional en la Isla a lo mundial (como puede ser Irlanda). Este tipo de relato, culto como ya dije, también favorablemente extravagante, puede dar paso al calificativo de raro dentro del cerrado ámbito cubano actual en el que se encuentran estos nuevos escritores. No obstante, lo podríamos señalar —por supuesto— como sobresaliente.

Y, por último, resalta también la historia ocurrente, con toda una realidad de apariencia apolítica que despliega una buena veta de humor, quizás un tanto caricaturesco, y con una crítica, o trasfondo, dirigido hacia lo intelectual.

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Esta compilación de dos tomos (que aun aspira a una tercera parte para el próximo año) refuerza su criterio de unidad cultural cuando en el segundo encontramos a escritores del exilio junto a los que todavía siguen en Cuba. De hecho, una justa verdad que apuntala el sentido de una única cultura cubana, tanto la de la Isla como la de la diáspora. Lo que hace ver este proyecto de selección —o podríamos decir mejor: de suma compilatoria— como un verdadero puente cultural en lo que respecta a la narrativa, y en específico al cuento.

Los aspectos alternativo y undergroud —como bien afirma Armando Añel en su prólogo— se corroboran con el análisis de este trabajo al reconocer una gran cantidad de elementos temáticos y de recursos literarios que dan lugar a esas categorías, así como la posibilidad de ofrecer, más que un lienzo, un mural de clásicos y nuevos escritores que están demostrando la valía de narrar las verdaderas realidades que acontecen en Cuba.

 

Pa’Cuba: Creadores apoyan ayuda humanitaria independiente

En tiempos de coronavirus, el Mana Convention Center de Miami fue testigo este sábado de una recogida de alimentos y medicamentos para Cuba organizada por la Fundación para la Democracia Panamericana, el proyecto Cuba Decide y la alcaldía de la ciudad de Miami. Se trata de un evento independiente que intenta eludir los canales estatales de manipulación y extorsión habituales en la Isla para llegar directamente al pueblo cubano con las ayudas.

Diversas figuras de la cultura independiente, entre ellos los influencers Alex Otaola, Liu Santiesteban y Ana Olema, el humorista Boncó Quiñongo, el presentador Carlucho, el cantante de hip hop Raudel Collazo y otros muchos, participaron en, o coordinaron, el evento. Los organizadores han habilitado la página cubaencrisis.org para que las personas necesitadas puedan inscribir sus datos de contacto. A continuación algunas declaraciones:

“Fue un lindo día humanitario. Somos grandes, somos muchos y somos buenos”. Alex Otaola en Facebook

“La llamada Solidaridad entre Hermanos abrió sus puertas para recibir a los interesados en contribuir de forma voluntaria a la campaña con fines humanitarios. Las personas llegaban en sus autos para entregar los donativos y, transcurridas solo las tres primeras horas, se habían contabilizado más de 300 automóviles con donantes, según aseguró a La Hora de Cuba Rosa María Payá, promotora y coordinadora de la gestión”. Yunier Gutiérrez y Henry Constantin en La Hora de Cuba

“Reconfortado en pasar de la palabra a la acción y ojalá que este proyecto llegue a buen puerto”. Raudel Collazo en Facebook

“Ayudar a los nuestros es nuestro derecho y, como somos seguidores del legado de Oswaldo Payá, sabemos que los cubanos tenemos derechos a los derechos, y que tenemos que ejercerlos. Este es el mayor desafío ante la oscuridad totalitaria”. Ana Olema en Facebook. 

“Con todo el dinero que entra a Cuba, la gente se pregunta: ¿dónde está? Por eso tenemos que ayudar directamente a cada persona. Cualquier pequeño detalle hace la diferencia”. Eliécer Ávila en Cubanos por el mundo. 

 

Machado Ventura: ‘En Cuba, cada animal es una oportunidad’

La agresiva presencia de avispones asiáticos gigantes en Estados Unidos parece haber estimulado una vez más la siempre fértil imaginación del otrora «vicepresidente» cubano, pudo saber la redacción de Arroz con mango.

Para Ramón Machado Ventura, Segundo Secretario del Partido Comunista de Cuba, cada animal es una oportunidad. Sobre todo en tiempos tan extraordinarios como los que vivimos.


 

Juan Rodolfo Wilock

Juan Rodolfo Wilock

Juan Rodolfo Wilock es un narrador, poeta y crítico casi desconocido en Cuba. Nació en Argentina, en 1919, y murió en Italia en 1978. Vivió entre esos dos países, pero su etapa de madurez transcurrió casi completamente en el último. Sus narraciones juegan con el absurdo, lo irracional, pero siempre con intención lúdica, de humor inteligente y disparatado. Una literatura por lo general de corte fantástica, pero que jamás se queda en la mera fantasía.

Wilcock es un escarbador de la realidad, de la incomunicación entre las personas, de lo monstruoso, de lo esperpéntico, aunque siempre en clave sarcástica. Es muy divertido. En Argentina, pródiga en buenos escritores, lo consideran un maestro. Este primer cuento, “Capitán Luiso Ferrauto”, pertenece al libro La sinagoga de los iconoclastas. El segundo, “La Atlántida”, a su libro El caos.

Capitán Luiso Ferrauto

Una vez al año, en primavera, el capitán Luiso Ferrauto cambia de piel; de la piel vieja emerge lustroso y rosado como un recién nacido, pero al cabo de unas horas la piel nueva recobra su color normal, que es aceitunado, y también el pelo, que se ha desprendido junto con la piel del cráneo, vuelve a crecer rápidamente, como corresponde a un oficial de la Seguridad Pública. Su mujer, unida a él por un amor inusitado en estos tiempos, suele guardar estas pieles usadas de su marido y rellenarlas de goma espuma color carne, para hacer así un muñeco bastante presentable, bien cosido y armado, con su uniforme puesto. Ya tiene unos quince en el garaje: todos oficiales de policía, tan parecidos a su marido que da gusto verlos a todos juntos, tan dignos, tan rectos, tan inalcanzables por la corrupción. La señora hizo instalar un equipo estéreo en el garaje y, cuando el capitán está de servicio fuera de casa, la mujer baja para hacerles oír a sus ex-maridos las mejores páginas de la lírica mundial. Absortos, como embelesados, los quince policías escuchan inmóviles la muerte de Desdémona, el merecido asesinato de Scarpia, la disputa fatal entre Carmen y Don José, delitos todos que exigen el arresto inmediato del culpable, hechos de sangre y de violencia como tantas veces han visto a lo largo de su carrera. Puesto que los muñecos de piel policíaca son producidos a razón de uno por año y cada uno es de edad más avanzada que el anterior, presentan esta insólita característica: que el más joven de los quince es el más viejo de todos.

La Atlántida

Cuando aquella vasta isla que los antiguos llamaban Atlántida comenzó a hundirse en el océano, los más sagaces de sus habitantes decidieron embarcarse y mudarse a otro continente. Lamentablemente sus barcos eran pequeños y bastó una sola tempestad para tragarse a todos los emigrantes. Pero la gran mayoría de los atlánticos se habían quedado en la isla; de hecho, todas las profecías preveían un gradual reelevamiento del nivel de las tierras, y los isleños, como sucede a menudo, creían más en las profecías que en la realidad de lo que veían con los ojos y tocaban con la mano. Por eso, inundadas las llanuras costeras y amenazadas por las olas las primeras colinas, los periódicos atlánticos continuaban alentando a la población: “Hemos tenido una nueva confirmación, venida de las más altas esferas científicas de la isla, de que está prevista la progresiva elevación de la plataforma continental atlántica, cuyo movimiento parece haber sido tan repentino que ha arrastrado consigo las aguas del océano; esto explica el hecho de que éstas hayan alcanzado en algunas localidades un nivel falsamente preocupante. En la espera del retorno, sin duda inminente de las aguas geológicamente impelidas, los habitantes y animales sobrevivientes se han refugiado en las montañas que rodean a la capital. El gobierno ha tomado las medidas apropiadas para evitar este temporario peligro, mediante oportunos diques y barreras, mientras los sacerdotes amorosamente se ocupan de bendecir los restos flotantes”.

Más subían las aguas, más optimistas se volvían los comunicados distribuidos por las agencias de noticias, más inminente era declarado el reflujo de la marea, con la consiguiente adquisición por parte del patrimonio nacional de nuevas e ilimitadas extensiones de tierra enriquecida por el fértil humus de milenios de vida submarina. Por eso nadie hizo nada, y cuando el último habitante, que era justamente el presidente del consejo, se encontró en la cima de la más alta montaña del país, con el agua al pecho, se oyó decir a los ministros que flotaban en torno suyo, cada uno aferrado a su propio escritorio: “Valor, excelencia, lo peor ya pasó”.

De Fidel Castro a Irma Shelton: El problema del bistec

El tema de la carne –de su ausencia– no es nuevo en Cuba, como podría inferirse de la preocupación de la presentadora Irma Shelton por su supuesta escasez en otros países. En 57 años de gobierno, Fidel Castro sólo mencionó en público cuatro veces la palabra “bistec”, y todas en 1959. ¿Cuántos bistecs se habrá comido durante ese tiempo? Veamos lo que dijo entonces:

“…yo estoy seguro de que en un lugar donde haya cien hombres en un parque y lleven tres días sin comer, no hay quien se pueda comer un bistec en público, ¿verdad? Lo que tenemos es que ver, desde luego, a los que no están comiendo; abrir las persianas, abrir las puertas, porque, aunque no los veamos, hay gente que está sin comerse ese bistec también”. (Club de Leones de La Habana, 14 de febrero de 1959).

“…la Administración Nacional de Playas Públicas, que tendrá hoteles y restaurantes para venderle al pueblo a precio de costo; porque no solamente le vamos a dar playa, le vamos a dar restaurantes donde se puedan comer un bistec, por la tercera parte de lo que le cobran hoy en cualquier parte…”. Exclamaciones de: “¡Guaguas a medio!”. (Palacio Presidencial, 22 de marzo de 1959).

“La república no se arruina ni la economía sufre mayor quiebra porque alguien se coma dos bistecs de filetes al día, o porque vaya a tres cines en vez de ir a uno, o porque se ponga dos trajes al día en vez de uno”. (Clausura del XXIV Consejo Nacional de la CTC, 13 de septiembre de 1959).

Citas e interrogantes en tiempos de coronavirus (VI)

En tiempos de coronavirus la interacción cultural es poca… y la documenta Interactivo:

“El fantasma del coronavirus recorre todas las editoriales. Su sombra, casi siempre alargada, amenaza con copar el mercado de las próximas novedades, bien a través de diarios o de ensayos (sobre todo). Pero también muchos editores consultados confían en un repunte de las novelas, de la literatura como evasión”. Manuel Llorente en El Mundo

“Nada es ajeno a la moda ni a las industrias de la representación. La estética de la pandemia tuvo durante las primeras semanas un icono indudable, la mascarilla, que ya ha entrado en la lógica del diseño y de la producción de accesorios. Pero durante las semanas de encierro son las aplicaciones de videoconferencias y reuniones virtuales las que han proporcionado los símbolos visuales más reconocibles de la profunda alteración social que ha supuesto la COVID-19. Representan perfectamente cómo los gobiernos, las empresas, la educación o el ocio siguen en activo pese a los respectivos confinamientos”. Jorge Carrión en The New York Times

 

“Creadores que necesitan ayuda, aquí hay una página que está recibiendo solicitudes y recaudando fondos para entregar a los artistas en USA” en tiempos de coronavirus, señala el performer y poeta Luis Eligio de Omni en Facebook.

Mientras, en Cuba, el Movimiento San Isidro inició este jueves transmisiones en vivo en Instagram y Facebook desde La Habana, con una galería de la obra del artista visual Luis Manuel Otero Alcántara: “Los hijos que Saturno no se comió”.  

 

Marcel Schwob

Marcel Schwob

Marcel Schwob es uno de los grandes escritores franceses, autor de relatos y ensayos verdaderamente geniales. Borges lo veneraba. Murió muy joven, con 38 años. Había nacido en 1867 y murió en 1905. Aunque no es demasiado conocido entre los cubanos, uno de sus libros, Vidas imaginarias, fue publicado en Cuba por la editorial Cocuyo. Este relato, “Los señores Burke y Hare: Asesinos”, es una obra maestra, sobre todo por su exquisito sentido del humor.

Los señores Burke y Hare: asesinos

El señor William Burke ascendió desde la más baja condición hasta una eterna celebridad. Nació en Irlanda y empezó como zapatero. Durante varios años ejerció este oficio en Edimburgo, donde trabó amistad con el señor Hare, sobre quien ejerció gran influencia. Dentro de la colaboración de los señores Burke y Hare, no hay duda alguna de que el poder de invención y simplificación perteneció al señor Burke. Sin embargo, sus nombres han permanecido inseparables en el arte, como los de Beaumont y Fletcher juntos vivieron, juntos trabajaron y juntos fueron presos. El señor Hare nunca protestó contra la popularidad con que particularmente se distinguió a la persona del señor Burke: desinterés tan cabal no tuvo su recompensa. Fue el señor Burke quien legó su nombre al procedimiento especial que honró a ambos colaboradores. El monosílabo Burke ha de vivir aún mucho tiempo en boca de los hombres, cuando ya la persona de Hare haya desaparecido en el olvido que injustamente se abate sobre los oscuros trabajadores.

El señor Burke parece haber otorgado a su obra la fantasía mágica de la verde isla en que nació. Su alma debió haberse impregnado de los relatos del folclor. Hay en lo que hizo algo como un lejano resabio de Las mil y una noches. Similar al califa errante a lo largo de los jardines nocturnos de Bagdad, deseó misteriosas aventuras, curioso como era de relatos desconocidos y personas extrañas. Similar al gran esclavo negro armado de una pesada cimitarra, no encontró conclusión más digna para su voluptuosidad que la muerte de los demás. Pero su originalidad anglosajona consistió en haber logrado sacar el más práctico partido de su errabunda imaginación de celta. ¿Qué hacía el esclavo negro, díganme -cumplido ya su gozo artístico-, con aquellos a los que les había cortado la cabeza? Con una barbarie muy árabe, los descuartizaba a fin de conservarlos, salados, en un sótano. ¿Qué beneficio sacaba? Ninguno. El señor Burke fue infinitamente superior.

De alguna manera, el señor Hare le sirvió de Dinazarda. Al parecer, el poder de invención del señor Burke hubo de sentirse especialmente excitado por la presencia de su amigo. La ilusión de sus sueños les permitió valerse de una buhardilla para alojar en ella magníficas visiones. El señor Hare vivía en un cuartito ubicado en el sexto piso de una casa muy alta y muy poblada de Edimburgo. Un canapé, un cajón y sin duda algunos utensilios de tocador componían casi todo su mobiliario. Sobre una mesita, una botella de whisky con tres vasos. Era norma que el señor Burke no recibiera más de una persona por vez: nunca la misma. Característica suya era invitar, al caer la noche, a un transeúnte desconocido. Vagaba por las calles para examinar los rostros que suscitaban su curiosidad. A veces escogía al azar. Se dirigía al extraño con toda la cortesía que habría puesto Harún-al-Raschid. El extraño subía los seis pisos del caserón del señor Hare. Le cedían el canapé y le ofrecían whisky de Escocia. El señor Burke lo interrogaba acerca de los sucesos más sorprendentes de su existencia. ¡Qué insaciable oyente era el señor Burke! Al despuntar el día, siempre el señor Hare interrumpía el relato. La forma de interrupción del señor Hare era invariablemente la misma, y muy imperativa. Tenía el señor Hare, a fin de interrumpir el relato, la costumbre de ubicarse detrás del canapé y aplicar ambas manos sobre la boca del narrador. En ese mismo momento, el señor Burke se sentaba sobre el pecho de éste. Ambos, en esa posición, soñaban inmóviles con el final de la historia que jamás oían. De esta manera, los señores Burke y Hare concluyeron un gran número de historias que el mundo no conocerá.

Cuando el cuento había sido, junto con el aliento del narrador, definitivamente detenido, los señores Burke y Hare exploraban el misterio. Desvestían al desconocido, admiraban sus joyas, contaban su dinero y leían sus cartas. Algunas correspondencias no carecían de interés. Luego ponían el cuerpo en el cajón del señor Hare, para que se enfriara. Y en este punto el señor Burke mostraba la fuerza práctica de su espíritu.

Era importante que el cadáver se mantuviese fresco, pero no tibio, a fin de poder utilizar hasta el último residuo del placer de la aventura.

En aquellos primeros años del siglo, los médicos estudiaban con pasión la anatomía, pero pasaban por muchas dificultades a causa de los principios de la religión antes de procurarse sujetos para disecar. El señor Burke, de esclarecido espíritu, había advertido esa laguna de la ciencia. No se sabe cómo se relacionó con el doctor Knox, un venerable y sabio experto que enseñaba en la Facultad de Edimburgo. Quizás el señor Burke había seguido cursos públicos, aun cuando su imaginación debió inclinarlo, más bien, hacia los gustos artísticos. Pero es seguro que le prometió al doctor Knox ayudarlo como mejor pudiera. Por su parte, el doctor Knox se comprometió a pagarle por sus esfuerzos. La tarifa disminuía desde los cuerpos de gente joven hasta los cuerpos de ancianos. Éstos le interesaban muy poco al doctor Knox -era también la opinión del señor Burke-, pues comúnmente tenían menos imaginación. El doctor Knox se hizo célebre entre todos sus colegas por virtud de su ciencia anatómica. Los señores Burke y Hare se beneficiaron con la vida como grandes apasionados. Indudablemente conviene situar en esa época el período clásico de su existencia.

Pues el genio omnipotente del señor Burke muy pronto lo arrastró lejos de las normas y reglas de aquella tragedia en la que siempre había un relato y un confidente. El señor Burke evolucionó completamente solo (sería pueril invocar la influencia del señor Hare) hacia una especie de romanticismo. Como ya no le bastaba el decorado de la buhardilla del señor Hare, inventó el procedimiento nocturno en medio de la niebla. Los incontables imitadores del señor Burke han empañado un poco la originalidad de su estilo. He aquí la verdadera tradición del maestro.

La fecunda imaginación del señor Burke se había hartado de los relatos eternamente parecidos de la experiencia humana. Nunca el resultado había respondido a su expectación. De allí vino a no interesarse más que en el aspecto real, para él siempre variado, de la muerte. Localizó todo el drama en el desenlace. La calidad de los actores ya no le importó. Los moldeó al azar. El único accesorio del teatro del señor Burke fue una máscara de tela empapada en resina. En las noches de bruma, el señor Burke salía con la máscara en la mano. Lo acompañaba el señor Hare. El señor Burke aguardaba al primer transeúnte y echaba a andar delante de él; luego, volviéndose, le aplicaba sobre el rostro la máscara de resina, súbita y firmemente. Al instante, los señores Burke y Hare se apoderaban, cada uno de un lado, de los brazos del actor. La máscara de tela empapada en resina ofrecía la genial simplificación de ahogar al mismo tiempo los gritos y el aliento. Además, era trágica: la niebla esfumaba los gestos del papel. Algunos actores parecían hacer la pantomima de la borrachera. Terminada la escena, los señores Burke y Hare tomaban un cabriolé y desarmaban el personaje; en tanto el señor Hare vigilaba sus ropas, el señor Burke subía un cadáver fresco y limpio a casa del doctor Knox.

Aquí es cuando, en desacuerdo con la mayoría de los biógrafos, he de dejar a los señores Burke y Hare en medio de su nimbo de gloria. ¿Por qué destruir un efecto artístico tan hermoso llevándolos lánguidamente hasta el final de su carrera y revelando sus desfallecimientos y sus decepciones? Sólo hay que verlos allí, con su máscara en la mano, errantes en las noches de niebla. Pues el fin de su vida fue vulgar y similar a tantos otros. Al parecer, uno de ellos fue colgado, y el doctor Knox debió alejarse de la Facultad de Edimburgo. El señor Burke no ha dejado otras obras.

Intertextual: José Martí en Ángel Escobar

Ángel Escobar (cortesía Isliada.org)

2020 marca el XXIII aniversario de la muerte de Ángel Escobar, uno de los poetas más importantes del siglo XX en Cuba y probablemente uno de los pocos relevantes formados a la sombra del socialismo real. Escobar nació en Guantánamo el 3 de marzo de 1957 y se suicidó en La Habana en febrero de 1997, lanzándose al vacío.

No sólo fue Ángel Escobar un poeta diferente sino que, como afirma Francisco Morán, su obra contiene “una de las lecturas más amargas que de la utopía revolucionaria se hayan producido en Cuba”. Entre sus libros publicados figuran los poemarios Viejas palabras de uso (1977), Epílogo famoso (1985), La vía pública (1987), Abuso de confianza (publicado durante su estancia en Santiago de Chile, en 1992), Cuéntame lo que me pasa (1992) y Cuando salí de La Habana (1997).

En Paráfrasis sencilla, Escobar interactúa con los Versos sencillos de José Martí:

Yo pienso, cuando me aterro,

como un Escobar sencillo,

en aquel blanco cuchillo

que me matará: soy negro.

Rojo, como en el desierto,

salió el sol al horizonte:

y alumbró a Escobar, ya muerto,

colgado, ausencia del monte.

Un niño me vio: tembló

de pasión por los que gimen:

y, ante mi muerte, juró

lavar con su vida el crimen.

Participa en el Primer Premio de Poesía Intertextual José Martí, con base en los Versos sencillos:

Movimiento San Isidro, comunicado oficial en tiempos de coronavirus

En tiempos tan complejos, de enfermedad y muerte, queremos expresar nuestros mayores deseos de salud y bienestar para toda la población. Así como también nuestras más sentidas condolencias hacia quienes han perdido a sus seres queridos. Nuestro pensamiento está con ustedes.

Desde que la pandemia generada por el Covid-19 llegara a suelo cubano, los miembros de esta organización hemos sido consecuentes con las medidas de aislamiento y otras restricciones impuestas, entendiendo que obedecían a una lógica para salvaguardar la salud pública y las vidas de la ciudadanía.

Sin embargo, hemos observado cómo el gobierno y sus órganos opresivos, amparándose en la excepcionalidad sanitaria, han aumentado la represión social, el despotismo en el trato policial y los abusos, cometiendo innumerables violaciones a los derechos humanos. De manera que bajo un supuesto resguardo a la colectividad se le expone a mayores agravios en medio de una situación en extremo delicada.

Multas, amenazas, detenciones arbitrarias, hostigamientos y acoso, secuestros, estigmatización, obstaculización del acceso a la información, ciberataques, remoción de contenidos en línea y censura, agresiones físicas y psicológicas, violencia sexual policial, actos de repudio, juicios políticos y juicios ejemplarizantes televisados, utilización de leyes y decretos arbitrarios que aniquilan la libertad de expresión, son el contexto que diariamente enfrentamos.

El viernes 1ro de mayo de 2020, fue detenido arbitrariamente Enix Berrio Sarda, intelectual cubano, jurista y economista, asesor y consultor jurídico del Movimiento San Isidro. El único motivo fue llevar una solicitud a la Asamblea Nacional del Poder Popular, derecho de petición establecido en la constitución vigente, cuestionando el contenido y alcance del Decreto Ley 370, usado para intimidar y sancionar con altísimas multas a quienes se suman a un esfuerzo común publicando en plataformas como Facebook, Instagram y/o Twiter la realidad durante la pandemia. Enix Berrio fue liberado 50 horas después. Su innecesario e ilegal confinamiento constituyen una violación a sus derechos humanos y una exposición a su salud y a su vida en una grave situación sanitaria.

Denunciamos estos hechos cometidos contra de Enix Berrios, los que lamentablemente están siendo cometidos en contra de más cubanas y cubanos. Por ello hacemos un llamado urgente a las organizaciones internacionales de protección y defensa de los derechos humanos, a los gobiernos democráticos y a los organismos multilaterales que promueven la democracia y el Estado de Derecho para que, a través de los medios conducentes, requieran de las autoridades del gobierno cubano el respeto a los derechos humanos y su correspondiente accionar ante el Covid-19.

La sociedad civil independiente cubana lucha por defender las libertades individuales y los derechos humanos. Activistas del campesinado, mujeres, periodistas, artistas, partidos políticos de oposición, juristas, influenciadores, han denunciado y exigido cambios estructurales, legales, políticos y económicos que garanticen el respeto a la disidencia e impulsen al país a salir de la miseria.

Cultura y libertad.

Movimiento San Isidro.


Artículo 53. Todas las personas tienen derecho a solicitar y recibir del Estado información veraz, objetiva y oportuna, y a acceder a la que se genere en los órganos del Estado y entidades, conforme a las regulaciones establecidas.
Artículo 61. Las personas tienen derecho a dirigir quejas y peticiones a las autoridades, las que están obligadas a tramitarlas y dar las respuestas oportunas, pertinentes y fundamentadas en el plazo y según el procedimiento establecido en la ley.

Gayol y un ensayo ejemplar sobre el cubano y el castrismo

Los escritores Manuel Gayol e Ismael Sambra en el Festival Vista de Miami

 El cubano es un ser diverso y de extremos, por ello se fragmenta tanto. Entre sus límites asimismo tiene sus matices, que van desde impulsos de violencia, intolerancia y oportunismo, hasta mostrar una gran inteligencia y creatividad, un gran caudal de bondad y el interés por servir a los demás. […] por naturaleza, es un ser imaginativo y paradójico y, aunque a veces acumula resentimientos, también guarda el fuego del amor, de la poesía y de la música…

Manuel Gayol Mecías

 

La cita de arriba —tomada del introito del volumen de ensayos mencionado en el título—, ya de entrada, sugiere al lector uno de los méritos del apreciable volumen que puede asustar al prejuiciado «lector-hembra» (sic. Julio Cortázar) por las trescientas noventa y una páginas de intensa (y amena) lectura; mas no al inteligente y esforzado que prefiere la difícil por estimulante (dixit Lezama Lima) y, en consecuencia, más provechosa, porque obliga al proceso de pensar y profundizar en temas que, no pocas veces, los cubanos creemos conocer o, mejor, saber, tal nos sucede en diversas ocasiones de nuestra vida por ser como somos: «cubanos que nos la sabemos todas…».

En el valioso análisis de este singular volumen —publicado en edición conjunta con su Casa Editorial Palabra Abierta y Neo Club Ediciones, a cargo del escritor Armando Añel, con acertada cubierta de Ángel Marrero—, en el que laborara una década, tal confiesa en su prólogo, Manuel Gayol Mecías evidencia su amor por esa porción de tierra denominada, por descubridores, estudiosos e historiadores, en épocas distintas y distantes, con varias connotaciones: La Siempre Fiel Isla de Cuba, La Llave del Golfo, La Perla de las Antillas…

Y ese amor a Cuba se atisba en el también narrador y poeta, al que conocemos y apreciamos, desde los ya lejanos ‘70s, mi esposa Mayra del Carmen Hernández Menéndez y yo, cuando los tres estudiamos y nos graduamos de Licenciatura en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de La Habana con otros colegas, hoy también residentes en Miami.

Dedicado «A los cubanos de buena voluntad, para que sepan que Cuba no ha sido una Isla inventada de un cuento, sino el sueño inquietante de una ilusión», 1959. Cuba, el ser diverso y la isla imaginada es asimismo el atendible resultado de una rigurosa labor investigativa por dilucidar ‘las tentativas del hombre infinito’ que creemos ser los cubanos, quienes conforman (conformamos) pueblo y nacionalidad desde siglos atrás pero que, desde el fatídico 1959, iniciaríamos la dispersión-emigración por el «mundo, vasto mundo», por decirlo con el poeta brasileño Carlos Drummond de Andrade.

Sí, nosotros todos: cubanos, inmigrantes sin remedio que —desde entonces y no sé, ni sabe nadie, hasta cuándo, seguimos (¿y seguiremos?) dispersos por «el mundo ancho y ajeno» (dixit Ciro Alegría)— durante décadas nos hemos preguntado (y continuamos haciéndolo): ¿por qué somos así, qué nos ha unido y separado, qué buscamos en el universo?, entre otras múltiples interrogantes como las que apunta el autor en el prólogo: ¿de dónde venimos, quiénes somos y hacia dónde vamos?

Es cierto que, por nuestro autodimensionado ego, nos creemos el ombligo del orbe: por ello, me valgo de la pregunta formulada por la escritora norteamericana Diane Ackerman: «¿Dónde termina el yo y empieza el mundo?», en su infaltable libro Magia y misterio de la mente. La maravillosa alquimia del cerebro, brillante recorrido divulgativo sobre el funcionamiento del cerebro humano, escrito con sugerente prosa a ratos poética que recomiendo a todos los lectores.

Ya en su prólogo, Gayol abre el diapasón de su afán dilucidador cuando afirma sobre «nuestra indefinida cubanidad» que «es indefinida por algunas razones que a veces pasamos por alto, y ha sido así por lo inmersos que hemos estado en el asombro de esas virtudes que siempre nos identifican».

Y es aquí donde entra a indagar —con hondura no común, apoyándose en puntuales fuentes y un vasto aparato crítico de valía— en el acápite: «¿cuáles son nuestros defectos y las principales connotaciones que hacen una imagen más justa de nosotros mismos, pues […] la imagen es el significante del significado que debemos ser».

De ningún modo complaciente —como ha sido y es la grave ausencia del país y la salvaje nostalgia que entraña para la mayoría de los cubanos del exilio en Miami y en diversos países y continentes—, Gayol no evita «hablar de nuestros defectos (en esencia, de lo que más trata este libro»), lo cual es, por cierto, una de sus virtudes esenciales. Por ello, de ningún modo obvia que, hasta fines de 1958, Cuba fue, a no dudarlo, «un referente (en la buena economía, el desarrollo social y la connotación histórica) para otros países».

Mas, a partir del año siguiente, aquella breve etapa ¿irreal? se tornaría lo más opuesta, pues en el país sobrevendría «una devastadora avalancha de empobrecimiento», a pesar de que «la […] Revolución cubana siempre se ha autoproclamado, desde su inicio, como un referente de avanzada […] cuando en verdad», justo desde 1959, «la Isla ha pasado a ser un referente de pobreza en todo sentido».

De tal suerte, gracias en parte a su ubicación geográfica entre las dos Américas y a sus no pocos ¿atributos? históricos, la antes sobresaliente Cuba hoy es, contrariamente, un «modelo de aculturación» por la devastación sufrida durante seis décadas, en las que no solo fue perdiendo su rico legado artístico-literario sino que echó por la borda el notable desarrollo socioeconómico logrado hasta 1958 en diversos acápites, por el que sobresalía en una singular tríada, integrada además por Uruguay y Argentina.

Por estas y otras características, los nacidos en la Isla tienen (tenemos) el ego y el superego harto altos (y no es un juego de palabras), quizás por la fusión no solo tripartita que conforma nuestra complicada identidad, hispana, africana y china, cuya aleación no olvidamos integran otras ¿pequeñas? migraciones adyacentes que llegarían a Cuba huyendo de las guerras en sus países o buscando nuevas posibilidades de sobrevivencia en la hasta 1958 mítica Isla.

Justamente, tan complicada mezcla multirracial, generaría un atavismo que —tal subraya en su «Introducción (De la seriedad intuitiva y otras inflexiones»):

podría haber sido gestado, en sus principios, por una fusión genética no muy complementaria […] donde el acoplamiento de unos y otros genes haya creado intermitencias de rechazo y aceptación. Todo esto pudo haber conformado un ego altamente problemático en cuanto a la estabilización o no de los egos racional e irracional. Características [de] una identidad intranquila, inestable, que ha venido evolucionando y […] negativa, que ha venido involucionando en distintas etapas históricas de nuestro surgimiento como criollos; quiero decir, como lo que se ha dado en llamar «cubano».         

Para tocar fondo, Gayol se introduce en la rica y compleja idiosincrasia de los cubanos, quienes, sin duda, somos harto autosuficientes, al punto de que, en los años noventa, un teatristamigo rioplatense de visita en La Habana me dijo que nosotros somos tan parecidos a ellos que en la patria de Borges y Gardel, Cortázar y Piazzolla nos denominan «los argentinos del Caribe». Y nunca olvidaría su agudo/divertido comentario, al punto de que cuando lo repetí a colegas y coterráneos suyos, también amigos teatristas, residentes en Miami, rieron de buena gana y me preguntaron: «Che, decime, ¿quién fue ese argentino tan bárbaro? El tipo es genial».

De regreso al tema de la compleja identidad de los cubanos, coincido con Gayol, pues he pensado y pienso que esa tendencia de la que habla la podríamos desarrollar todos, y que como pueblo:

[…] pudiéramos tener la tendencia a la bipolaridad, enfermedad posiblemente endémica que se habría acentuado no solo por el […] aislamiento que acompaña a todo isleño, sino también por la filial y bélica relación tan estrecha que tuvimos con España, después con África y posteriormente […], con Estados Unidos; algo así como que […] padecemos un complejo de inferioridad que pudiera ser sustituido con frecuencia por un supuesto o artificial estado mental de superioridad.        

En fin, hay que reconocer que padecemos «esa frustración de ser isleños y [creernos] habitantes de un continente, sin contar que […] un buen número de intelectuales ha sugerido el deseo imaginado de que Cuba sea el mundo».

Mas Gayol no olvida la vivisección de la obligada [i]rrealidad impuesta por el castrismo, a lo largo de más de seis décadas de vejamen, abuso, prisión/crimen/paredón, atropello, hambre, incivilidad, pérdida de valores, mitomanía del tirano y más, a que fue y es ¡aun! sometido el cubano de la otra orilla, porque en esta, el de La Florida, específicamente en Miami, vive una existencia con derechos humanos, civiles y demás oportunidades del capitalismo que tanto odiara/envidiara el canallasesino Fidel Castro, quien —con su hermano y la cúpula de su sangrienta tiranía—, desde su arribo al poder, con engaños y traiciones, iniciaría una larga cadena de asesinatos y fusilamientos ni por pienso comparada con la que el desgobierno de la Isla acusara al régimen militar de Augusto Pinochet, por citar el ¿clásico? ejemplo, cuando, en verdad, tal demuestra la real historia de nuestro continente, el castrismo supera con miles de muertos al gobierno militar del país austral.

[Y ya que lo menciono, leamos algo de la vida del odiado oficial militar, quien —tan diferente del falsario comandante sin batallas y sangriento tirano cubano— ganaría sus méritos y descollaría como escritor con la publicación de cerca de diez libros. Augusto Pinochet (Valparaíso, 25 de noviembre de 1915-Santiago de Chile, 10 de diciembre de 2006) fue un militar que mereció el grado de Comandante en Jefe del Ejército y presidió la Junta Militar del Gobierno establecida tras el derrocamiento del gobierno comunista de Allende (aupado por la cúpula castrista). Presidente de la República (17 de diciembre de 1974-11 de marzo de 1990), y como expresidente, asumió el puesto de senador vitalicio: del 11 de marzo de 1998 al 9 de junio de 2002, cuando renunciara al cargo.]

Tan distinto y distante del criminal Castro, cuya mente demente (no es juego de palabras) supo descollar por el empleo de mitos políticos, con los que obnubiló, embelesó y estupidizó al pueblo. Para ello, y lo subraya Gayol, la mente mitomaníaca de Castro creó cinco fábulas/ficciones que impuso a los cubanos en su paupérrima cotidianidad, tales cánones del temprano lector del hitleriano Mein Kampf (Mi lucha) y gran menteur (mentiroso): su admirado Führer (jefe, líder).

Primero, los cinco mitos fundacionales: el de Robin Hood, de la Isla de la Utopía, el de David contra Goliath, el de la Isla bloqueada por el imperio y el del invencible comandante.

A ellos se sumarían otros mitos, lemas y consignas, extraídos de los discursos igualmente hitlerianos del fascistoide Castro: «El genio está en las masas», «El genio es masivo», «Patria o Muerte, Venceremos», «Al socialismo le debemos todo lo que somos hoy», «A la revolución no hay quien la detenga», «Toda nuestra acción es un grito de guerra contra el  imperialismo» y «Vamos a crear riqueza con la conciencia y no conciencia con la riqueza», entre muchos otros.

Mas otros mitos integraría el castrismo al enorme conjunto de mentiras que Gayol llama con acierto Espejismo. Y tal alucinación provocaría la utopía, por el hábil empleo de otras falsías/falacias adjudicadas a Cuba por los «creyentes» (término utilizado sotto voce por los cubanos para denominar a los que apoyan o fingen creer en el castrismo). Entre esos antiguos mitos (aun creídos por tontos extranjeros) que estimulaban aún más la engañifa, se recuerdan: «El Paraíso», «La Potencia Médica», «Faro de América Latina» y «Territorio Libre de América», sin olvidar uno que es el más descabellado: «La Isla de la Libertad», creado/estimulado por los gobiernos de la desaparecida Unión Soviética, décadas atrás y repetido ¡en La Habana de 2019! por el ex presidente y hoy primer ministro ruso Dmitri Medvédev.

Mas por ese «todo mezclado» que fluye como un río por nuestras venas, tenemos virtudes y defectos combinados, entre los que sobresalen prima facie: pasión e inteligencia, inextricablemente ¿unidos?, en un raro vis a vis: intranquilidad vs. paciencia; amor vs. odio; pereza vs. esfuerzo; ignorancia vs. sapiencia; charlatanería y respeto; burla vs. seriedad; y, por encima de todos: la voluntad de querer ser mejor, a los que yo le añado la siguiente coda: siempre que la envidia (dimensionada en la Isla por el auspicio del desgobierno) no dañe tales empeños.

Sobre el rigor y la hondura asumidos por el autor, Amir Valle, narrador y periodista cubano radicado en Alemania, bien lo expresa: «La seriedad y profundidad de Manuel Gayol Mecías lo convierte en una referencia obligada a la hora de reflexionar sobre estos temas tan vilipendiados y malinterpretados.»

En suma, para no extenderme demasiado —aunque su ensayo merece otro—, estimo que la inteligente escritura mostrada en este estudio, 1959. Cuba, el ser diverso y la Isla imaginada, se me antoja paradigma entre los escritos sobre la psicología social y la sociología del cubano dentro de la Isla (no los del exilio de Miami y otros ámbitos, donde han (hemos) cambiado de algún modo psiquis y comportamiento, por lo que es discípulo de Fernando Ortiz en algunos de sus trabajos fundacionales y otros medulares estudiosos de diversas disciplinas.

En fin, con su excelente ensayo, disponemos de un volumen de consulta que —al combinar con talento, voluntad creadora y literaria,  tiempo y energía, estudio e investigación, análisis y dedicación, seriedad y sentido del humor (sin el que carecería de un necesario complemento)— ha logrado un volumen ejemplar sobre el cubano y el castrismo hoy a mano de los lectores del exilio. Ojalá también puedan adquirirlo y estudiarlo nuestros coterráneos de la Isla, para que aprendan todo lo que les falta por conocer de nuestra patria aherrojada por una dictadura que ya se extiende por más de sesenta años. Felicito a mi estimado Manuel Gayol Mecías, colegamigo de tantas décadas.

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